lunes, octubre 16, 2006
Discurso anual 2006.
Para más antecedentes sobre mis discursos anuales, visitar: http://elpoleno.blogspot.com/2005/10/discurso-anual-2005.html
Santiago, 12 de octubre de 2006
(Sé que este esfuerzo es inútil; de todos modos terminaré escribiéndolo el 15 en la madrugada, sin dormir. Sé que este esfuerzo es en vano; de todos modos, ¿alguien escribe un discurso para el día de su cumpleaños?)
Bien, son 19. Este año no hay sueños que regalar, ni presupuesto para enviar cartas. Sin embargo, antes de ahondar en tragedias, leí a alguien a quien yo no debería leer, y recordé que las llamas del infierno ni siquiera me han rozado. Se hace necesario, por lo tanto, escribir alguna otra cosa.
Santiago, 15 de octubre de 2006
(6:00 AM)
(Predicción cumplida. Con una sonrisa luego de ver dos botellitas de vodka polaco –“para bisontes”- y muchas estampillas de ese país, prosigo.)
“En ausencia” de los sueños y las esperanzas, que he pretendido regalar en otros discursos, ¿qué queda? (ya que ahora no siento que pudiera regalar esos extraños bienes) Esa pregunta me ha estado rondando, y creo haber encontrado una respuesta.
En el contexto actual, sin Instituto, con mucho menos tiempo del que alguna vez tuve para irme a vagar por calles céntricas, y con otras tantas ausencias circunstanciales, los momentos aparecen más fuerte, y se valoran más. Y no es malo aprender a valorar el instante, a vivirlo, a disfrutar ese momento que, aunque pudiera perfectamente ocurrir en otro momento, es único e irrepetible (e imperfecto, pero eso da lo mismo). De este año podría decir que han faltado varias cosas, pero no momentos para atesorar. Se me vienen a la mente algunos. Una camiseta en vez de la bomba de agua que temí, un helado para endulzar los nervios en días demasiado agitados. Un inesperado viaje nocturno a una vecina provincia; y un aún más inesperado paseo en bicicleta, con el vértigo de recorrer las calles y una extraña sensación de paz. Bailes en callejuelas escondidas, y caminatas que las micros hacen en dos minutos (pero que aquel tren podría demorar medio día en hacer, ¿no?). Cotidianeidades como la caminata de cada viernes a la Alameda, siempre un buen momento; o abrir una caja de CDs y allí encontrar…
(O estar escribiendo este discurso y que una canción que dice que hay un lugar en el sol te interrumpa.)
(Y que te interrumpa luego otra que habla de peleas perdidas en tu ciudad… ¿Alguien llamó a las radios?)
Los momentos, de los que ha estado muy pleno este año, son cosa que agradecer.
Otra son las presencias… Y aquí tengo que hacer una mención explícita. Porque fuiste tú, Claudia Pavez de las palabras que se quedan, la que me habló de la presencia del corazón hace un año, y me hizo ver algo que no había visto. He llegado a creer que tenías razón; esa era la más importante. Y las otras presencias llegan por añadidura… Porque este año no recuerdo haber tenido que pelear con alguien para reclamar su presencia, y han llegado solos los momentos de reunir caminos. De extraños modos aparecen las presencias… Como en el blog de Deportes Melipilla. Todo un año creyendo escribir para casi nadie, y llega el aniversario y resulta que los lectores tienen nombre y rostro. No sólo están, son. Reconociendo que muchas veces uno espera, quiere, y necesita las presencias palpables y visibles, saberse presente en el corazón de otros y “tener” a quienes llevar consigo en el alma, es una bendición bastante considerable.
Y los sentimientos. Aquellos que por bastantes tiempo he evitado (más bien, evité) expresar de otro modo que con las palabras, para algunos, encantadoras. Hasta que aprendí que otros gestos no hacen daño. Podré haber perdido la memoria del momento o la situación exacta, pero no puedo olvidar, Seba, la primera vez que te di un abrazo y dejé de llamarte “Rueda”. ¿Te acuerdas? Bien, aunque en algunos momentos haya creído que expresar los sentimientos no valió la pena, que a veces ese “esfuerzo” fue en vano, debo admitir que aquellas ocasiones son las mínimas, y que me equivoco en pensar eso, porque aunque en el momento en que lo piense las gentes y las situaciones hayan cambiado, en ese momento quizás sí fue valioso. Creo que he ganado mucho más de lo que pudiera haber perdido (no sé qué perdí en realidad… creo que nada) en este proceso de expresar sentimientos y de dejar de temerle a eso. Gané bastante; mucha gente ayudó en el camino, y sigue ayudando. Lo mejor de todo es que quedan. Aunque a veces no sean los mismos, queda su memoria y su huella.
Por último, y no menos importante, (y además, algo que permanece siempre) el aprendizaje. Tampoco se me olvida esa frase de “las cosas que cada uno ha aprendido del otro”, que siempre viaja en mi billetera, escrita en aquel papel que no esperé.
Tenía una duda, y tengo cuatro respuestas. Y debo tener algo de pobre, porque considero que es algo por lo cual debo dar gracias.
Y si Teiilier dice que lo único verdadero es que “respiramos y dejamos de respirar”, aquí me tienen, respirando 19.
Hasta pronto. Los que me conocen, saben que uso poco el “adiós”.
Eduardo Esteban Peñailillo Barra
Presidente de la República Popular de Polenia (y otras naciones imaginarias).
Redactor, editor y director de
“Las aventuras y desventuras de Deportes Melipilla”.
Ideólogo y ocioso tras
“Boletos de micro”, ¡El fotolog de los boletos!
Administrador del sitio web
“República Turca del Norte de Chipre en Español”.
Estudiante de 1er año de Licenciatura en Historia, Universidad Alberto Hurtado.
Miembro del grupo de formación juvenil (3 años, más de 100 reuniones, ¿¿¡¡y aún no somos capaces de tener un nombre!!??) de la Parroquia San Rafael.
7mo I 2000-4to I 2006, Instituto Nacional.
“Muñeco Pepón”, “Peñailo”, “poleno”…
Y otros tantos titulos imaginarios y no tanto.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
lunes, octubre 02, 2006
Rueda el lapiz, rueda, rueda.
Como el ser humano suele ser un ser (valga la redundancia) incapaz de quedarse callado, especialmente luego de sufrir una importante acumulación de sentimientos, la salida de las primeras víctimas resulta ser algo que desazona. La delegada, la que encabeza al curso para cualquier actividad o alguno de los siempre existentes llamados a paro o manifestación, sale en un estado cercano a la histeria, desenfunda su celular, y se desahoga en público y en privado, gritando con la voz quebrada que sabía las respuestas de las preguntas realizadas a los otros que cruzaron el umbral de lo que normalmente es una sala, pero ahora se ha convertido en una sala de tortura, junto a ella; que el único artículo que no leyó era el dedicado a una tal "mica", palabra que no me suena, pienso, mientras me he aburrido de mirar tantas veces los mismos apuntes y he decidido ponerme estoico para mis asuntos, para que las clases de Filosofía Medieval me sirvan de algo: Las preguntas que me harán, dos, serán de artículos que no he podido leer debido a la escasez de dossieres, por lo cual me plantarán un lindo uno como nota, y no habrá mucho que hacerle. Estoicismo, me repito, como para convencerme; como el pesimismo ha funcionado en otras tantas ocasiones.
Poco a poco van saliendo los otros dolientes de esta ocasión, con miradas cabizbajas, pocas palabras, y expresión resignada. Pregunto si se ha sabido de alguien que le haya doblado la mano al destino, o mejor dicho, a las preguntas del verdugo de turno, que en la primera clase nos dijo que no había que tenerle miedo, pero que en las pruebas orales a sus alumnos solía irles mal. Una, me responden. Una. Más que apostar a las probabilidades de emularla, sigo apostando al estoicismo resignado, porque sé que no aprenderé ni recordaré las características de la cerámica Molle en los breves o largos instantes que me queden. De pronto, con esa sonrisa levemente satisfecha y con un toque de sadismo como con la que salen los dentistas a buscar a sus pacientes, él, ese profesor que el resto de los días miramos para abajo por su porte y que ahora se ha convertido en un gigante infranqueable, Esfinge ante la cual no somos ningunos Teseo, sale a buscar nuevas víctimas. Algunos y algunas toman sus mochilas, dispuestos a entrar. En un par de rostros se ve algo de optimismo, o unas risas que son de nervios. En otros, el ceño fruncido. "Falta uno", dice, y yo, que he tratado de mantenerme con calma todo este momento que hace que a cualquiera se le hiele un poco la sangre, miro al resto, y nadie se levanta. Nadie se levanta. Resignación, me digo. Acabemos con esto, mientras cierro la mochila para entrar, último gladiador de los que saludarán al César en esta lid, y saco como única arma, cual tridente, un lápiz. Un lápiz, sí. Un pequeño truco que me han recomendado. Y no como para anotarme las respuestas en la mano. Si ante una prueba oral no hay torpedo que valga.
Le sigo por el breve pasillo, y me uno a la fila de trémulos y nerviosos que, sentados, aguardan "un golpe de suerte", como aquella canción de Lucho Jara decía. Ya sabrán, sabremos, si nos tocará bailar con la fea o nos luciremos en la pista. Mientras pregunta los nombres aprovecho de practicar con el lápiz, que tiene una sola utilidad para mi persona. Hacerlo rodar. Lo he traído sólo para hacerlo rodar con las manos, para con ese paso de un lado al mismo lado, en espiral y círculo infinito, yo desenredarme y distenderme, si eso es posible. Lo siento pasar entre mis dedos pulgar e índice, pasando como si fuera lo único que pasara en el momento, como si fuera un vientecillo que sale no sé de dónde, marcando un tiempo distinto al de los segundos, distinto al tic-tac del reloj. En medio de esa sensación pregunta mi nombre. Se lo digo, con esa vocecilla media aguda que jamás me haría ganar un concurso para locutor radiofónico. "Peñailillo", repite él, y, como toda esa gente, como la mayoría de la gente, como el papá de mi amigo, lanza una anécdota que cree divertida, señalando que tenía una compañera en la básica con ese apellido, a la que le decían "Peñagrillo". Se ríe levemente, yo invento algo de risa. Alguna vez también me dijeron así. La gente suele tener problemas con mi apellido, y otros así. Pasado. No dejo que el recuerdo me turbe. Hago rodar el lápiz un poco más.
Comienzan las preguntas. El primero en responder esboza una respuesta, a tropezones, pero logra algo coherente. Un cinco, premio a algunas gotas de sudor que le corren desde los cabellos. Siguiente pregunta, y es una de un artículo que leí y ya no recuerdo. Un gordito parece que también pasó raudo por aquel documento no muy útil; no la sabe. Luego una niña que suele saludarme, y que usa lo que ella llama "lentes de topo". Tampoco lo logra. Yo no sería la excepción, si me toca a mi, pienso, y hago rodar el lápiz velozmente; ansiedad, que alguien conteste, yo no lo sé. Le sigue alguien que no tiene buen antecedente. "No entregaste el trabajo", le señala el profesor. El tipo no intenta esbozar excusas. Ya, la misma pregunta. Y sabe. Algo sabe. Sí, algo sabe, la intensidad de mis giros disminuye y vuelve a ese ritmo de Rosario que ha adquirido mientras le escucho hablar del weichafe y dar detalles que, por supuesto, no recordaba en ningún lugar de mi memoria.
Termina, habiendo convencido relativamente al profesor, y yo miro al lápiz girar, girar y girar. Sigue otro, que da una respuesta no muy clara a su pregunta. Luego la niña que está a mi lado. Está nerviosa, se le nota en la voz, y no quiero mirarla. Allí está el lápiz, proporcionándome la distracción necesaria, desviando mi atención con su paso por las yemas de mis dedos, yemas de mis dedos, pienso, mientras ella va lanzando ideas, algunas correctas, otras que no tienen nada que ver con la Cultura Llo-Lleo, y el profesor le dice que esté calmadita, que no se ponga nerviosa, y ella traga saliva, vuelve a la carga, pero no pasa mucho sin que vuelva a confundirse. Yo muevo la cabeza, como diciendo para mis adentros que eso no, que no es Llo-Lleo, que es Molle, y miro la tapa del lápiz. Ella termina, y yo levanto la cabeza, sin dejar de girar ese artilugio que ha logrado desviar mi atención de los nervios y de aquella cabeza calva que me mira, y a la que yo miro con cierta tranquilidad y un dejo de sonrisa, y me pide que le hable sobre Aconcagua.
Aconcagua. Me tomo un momento de reposo, dos giros adelante y dos atrás al lápiz negro que me acompaña, para señalar un "es como" que me hace ganar una reprimenda por usar una muletilla. Otro giro al lápiz, para la seguridad, y lo cambio por un "es", porque es PIT en Chile Central, y me mira con cara de "bien", y luego recuerdo la fechación exacta, que le saca una sonrisa al inquisidor al oírla, y después recuerdo la presencia de canales de regadío, que no hay arte rupestre, como decía Niemeyer, y hasta saco de mi memoria las categorías de cerámica y para que servían, recordando los pucos, y que pardo-alisado había sido "mirada a huevo" por su tosquedad, pero que era fundamental por su rol en la cocción de alimentos. Me detengo. "Partiste como caballo inglés", me dice; me acuerdo del Potro, un potro que pocos conocen, y me dice que siga. Recuerdo dos o tres cosas más. "¿Algo más?", pregunta. Hago rodar el lápiz con chasquidos inaudibles, a ver si el ritmo me da otra respuesta más. Nada más. Espero, mira la hoja, y dice "un seis...". No escucho lo que sigue. Un seis, sea el número que le siga, es más de lo que hubiera esperado.
Segunda ronda de preguntas. El cinco se le troca en un dos al primero de los interrogados, porque apenas es capaz de responder una o dos palabras con respecto a lo que se le pregunta. Mi cuenta de oración con forma de lápiz va pasando lentamente entre mis dedos, y luego de escuchar ese número de cuatro letras ya puedo acompañarla mentalmente con algo de música, y ya no "Boxers", porque aunque me den un nocaut en la última pregunta, al menos gané un round. Se retira el primer contendor, y nuestro verdugo saca de bajo la manga un as que había cortado varias cabezas en la ronda anterior. Pregunta por una tal "maca". El gordito se ríe de nervios, y no sabe. Un uno. La niña de las gafas tampoco sabe, e intenta articular una excusa sobre una licencia que nadie logra comprender bien. No le sirve, claro. Ya queda menos gente en esa sala, y el que no entregó el trabajo vuelve a saber. Y cuando dice "Inca", sé que no es con "c", que el asunto se llama "makka", y que si nuestro interrogador hubiera dicho "aríbalo" probablemente alguno de los anteriores interrogados hubiera podido dar con la respuesta. Da bastantes detalles el muchacho, mientras yo me tomo la cara y abro la boca con expresión de "lo recuerdo todo", como si me hubieran reimplantado la memoria, y luego vuelvo al lápiz, pensando en que esa pregunta no será para mi, mientras él se salta algunos detalles que hacen que saque un cuatro y tanto, y la falta del trabajo no le da una buena nota, pero se gana el calificativo de "inteligente" del profesor. Tiene un buen atenuante, sin embargo. No ha de ser fácil hacer una tesis de Sociología tratando al mismo tiempo de estudiar para un ramo como este, de artículos arqueológicos, tembetás y cerámicas de incisiones reticuladas.
Quedamos tres. Uno se va con una respuesta más bien mala, y una nota correspondiente a aquello. Luego, la niña otra vez, y para que la corriente de los nervios, los nervios que no se me han desatado y han sido incapaces de hacerme temblar las piernas, como tantas veces, en interpretaciones de flauta y terminales infinitos, los voy echando con el molino que es mi lápiz y sus giros; fuerza suficiente como para expulsarlos en un canal de tranquilidad que los estoicos esos en que pensaba hace un rato envidiarían, y que no tiene la niña que está a mi lado, que esta vez responde más conclusiones que claridades, y está a punto de quebrarse, y el profesor le dice que se calme, y que esta vez su respuesta no da para una buena nota. Se retira, conteniéndose como puede. Irá al baño, supongo.
"Estamos solos", pienso, y eso me da risa para mis adentros. Afuera Pablo mira, ansioso porque le tocará a él, pero se permite hacerme un gesto de ánimo, que agradezco a la vez que trato de evitar, porque me desconcentra del ritmo del lápiz, que ha rodado y rodado durante estos minutos indeterminados de interrogación; tabla de salvación de este náufrago. Última pregunta, y luego de algunos comentarios, el inquisidor se da a la tarea de pensar qué preguntarle a este muchacho. Háblame del sistema de filiación mapuche. Y de mi boca pareciera salir un cuento, cuando me oigo decir "Todo comenzó cuando José Toribio Medina..." y luego recuerdo la controversia Latcham-Guevara, y la corriente, esa corriente fuerte y a la vez con tan pocas turbulencias que ha hecho fluir ese molino activado por mis manos en aguas invisibles, saca a flote el conteo de los indios de la Isla Mocha, y Silva, y la doble filiación, el cuga y el laku. ¿Algo más?, escucho decir otra vez. No, no hay más.
"Faltaron algunos detalles del artículo de Silva, pero está bien". Un 6,4 me dice, y, paradojas del destino, el trabajo me lo baja a un 6,1. "Así es la vida", pienso, aún sin convencerme tanto de que esa misma existencia me haya traído una nota así en una prueba como esa, como que aquellos giros hayan contenido mi pseudo-parkinson que suele desatarse en ocasiones mucho más baladí que esta. Le hago un par de consultas, me dice que haga pasar a quienes falten, y salgo. Me preguntan uno o dos como me fue. Me fue bien, ¿qué otra cosa podría decir?, y a sus caras que siguen con expresión interrogante les detallo que fue un seis uno. Entran todos, porque no quedan más, salvo el del pulgar levantado, que deban enfrentarlo con el discurso; ahora han de explayarse sobre el papel. Les dejo enfrentarse a sus propios leones, y yo bajo la escalera como corre por las escaleras la niña que va a recibir a su enamorado, con una sonrisa indisimulable, y aún siento el girar, el buen girar, el salvador girar de aquel lápiz entre mis dedos, que fue más que un simple lápiz, pienso, mientras me digo mi mismo que le he doblado la mano, y eso me hace reír en silencio, y me da ganas de contárselo a alguien.
(Cualquier similitud con la realidad... No es coincidencia.)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, septiembre 26, 2006
Banda de guerra.
Con su madre mirándole el uniforme, "más impecable que nunca", Roberto miraba pasar las calles mientras pensaba en que no podía olvidar los movimientos. Arriba, a la derecha, adelanta, vuelta. Un dejo de nerviosismo se le pasaba por la mente, pero entonces la Kathy comenzó a pegarle al bombo, asustándolos a todos y haciéndolos reír. Luego volvió los ojos a la calle. Hasta el Catorce era un territorio conocido, pero más allá podía contar las veces que había ido. Apenas podía recordar cuando había vivido en otra parte, era muy chico, y le parecía que había llegado a la vida desde siempre en su casa de la Villa Los Peumos, igual a las que estaban cerca; tierra de casas iguales.
Tuvieron que dejar lejos la micro y caminar hasta la Plaza de Armas ("¿trajiste el pasaporte?", preguntó alguien, y se río con sus dientes levemente amarillos). Eran las dos recién, y la procesión empezaba a las cuatro. El sol caía fuerte, pero Peña sabía sobreponer su vozarrón a cualquier sol y cualquier distracción para decirles que esperaba que se lucieran, que para eso habían ensayado semanas, y se preparaban todo el año. Pasó revisando los uniformes mientras él miraba esos edificios viejos, que se veían tan extraños, tan ajenos; como si estuviera en otra parte. "¡A ver! ¡Deje de pajaronear, Pérez, y hágame el movimiento de inicio!" le gritó en la oreja el director de la banda, y a tiempo comenzó a mover las manos para recibir un casi inaudible "Ya, bien" por felicitación.
Mientras esperaban bajo el sol salió ella, aquella a la que su madre llamaba "Virgencita", y en cuyo nombre le bendecía todas las mañanas cuando se iba. Ese era su significado para él, pero de todos modos la vio pasar asombrado, en sus andas monumentales, con su belleza de estátua, engalanada porque la fiesta era de ella, aunque se dignara regalarle un poco de protagonismo a esos muchachos venidos del otro lado de la ciudad que marcharían al paso del un, dos, un, dos. Ella iría atrás, recordándoles el rítmo, diciéndole a la gente que los viera. Ellos, anunciando el paso de la señora, aplanándole el pavimento, llamando a la gente a que la saliera a mirar, y de paso a ellos, desconocidos que por una tarde marchaban marciales y recibían aplausos de gente que no verían más.
Empuñó firme el bastón de metal. Estaba listo. Rompió la marcialidad que le pedían sólo para mirar atrás y asegurarse de que ahí estaba su madre, que le sonrió para darle ánimo. Por los parlantes se oía el llamado a la procesión, que ya iba a comenzar. Peña lo miró fijo, y él puso la cara seria para darle a conocer que estaba listo, y lo haría bien. Las primeras personas comenzaron a marchar, y los curiosos que cruzaban la plaza los miraban con ojos extrañados. Paseó la mirada por el campo visual de la plaza y volvió justo a tiempo para oir el "¡ya!" de Peña, y entonces, con el primer movimiento del bastón, comenzaron a sonar las cajas, el bombo, las cornetas y el triángulo. Izquierda, derecha, izquierda.
Doblando la calle dejaron atrás la plaza de extraños edificios viejos y quedaron librados al pavimento y al sol, al desfile y los sones de la marcha. Peña, de tanto en tanto, les miraba para ver que no se desconcentraran. Y ya en las primeras cuadras comenzó a aparecer la gente, quienes se reunían en los costados para mirar. Roberto no pudo evitar desviar la mirada -"¡firme y al frente!", como tantas veces le había gritado Peña al ensayar- para verlos. Algunos rostros sonreían al verlos pasar, especialmente los de la gente más anciana, de quienes además siempre iba llena esa procesión.
Y él también les veía mientras marchaba. Esos rostros de familias numerosas y rubiecitas, como en la tele. A lo lejos, las micros y los autos desviándose para abrirles paso a ellos. Bueno, no a ellos; al Virgen y a todos los que la seguían. Pero también a ellos, sí. A su paso marcial con el cual nunca caminaban por la calle. A su mirada al frente, como pocas veces miraban sus cabezas agachadas. A una postura que ese día, y quizás sólo ese día, tenía un motivo para erguirse, para decirle a esa gente y a esos edificios "aquí estoy". Aquí estoy, aquí marcho, un, dos, un dos, y ella me mira y nos mira, y sonríe.
Su marcha culminaba en aquel paseo peatonal. No importaba el calor, los pies adoloridos. Quedaban los aplausos, las miradas relucientes sobre ellos, alguna vez sobre ellos. Cuando se orillaron y pudieron al fin dejar los instrumentos, se sintieron saisfechos y reían. La Kathy se acordó de aquel momento tenso en que casi le le cayó el bastón, y se río: no había pasado nada, sólo un sudor frío que lo traspasó un instante. "Bien, bien", le dijo Peña. Su madre no lo soltaba; vio su sonrisa y no pudo dejar de contagiarse una vez más con esa expresión que no era típica, pero era tan reconfortante cuando se la tenía. La vieron pasar a ella, a la reina de la fiesta; y de tan alegres, sintieron como la señora les hacía un guiño con sus ojos inertes.
Se lo llevó de la mano, como hacen las madres cuando están orgullosas, y caminaron por el paseo peatonal. Le compró un paquete de papas fritas y se lo fueron comiendo ríendo. Ríendo como reían con los muchachos las veces que se habían sentado dos horas en una micro para llegar a esos lugares extraños y pasear en patota, ríendo, sin que esas risas pudieran ocultar el dejo de amargura de sus bocas y de sus ojos.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, septiembre 21, 2006
Mi cartero y yo.
Recuerdo que antes incluso de lo de las radios onda corta, el cartero se vio ocupado gracias a mi debido a mi ¿enfermiza? demanda de folletos turísticos del extranjero. Sí, lo que lee. Luego de nuestros "saqueos" a las embajadas junto a Sebastián Rueda durante 2004, quedé con gusto a poco, y descubrí que una de las maravillas de la internet era que podías pedir folletos turísticos gratis hasta a la Cochinchina, si sabías como conseguirlo. Sólo eso puede explicar que el hombre de Correos Chile que se apersona por mi barrio me haya traído extraños paquetes desde Nepal, Lietchtenstein, Andorra, Mónaco (jiji), y otros tantos lugares.
Me imagino que aquello debe haberle llamado mucho la atención al hombre de las cartas; o sea, no es normal que a Conchalí (Correo 8, en lenguaje postal; seguimos con esa denominación a pesar de que la oficina de Correos de la comuna haya sido cerrada, y sólo sobreviva la de El Cortijo; muy atrás mano para mi.) lleguen envíos de Andorra, por ejemplo. Debo decir que mis revistas y folletos turísticos siempre llegaron; no fue de aquellos que se robaban las revistas (¿recuerda ese caso, estimada y estimado lector?). Y fue para tanto, así como también me imagino que influyó el convertirme en el "cliente del año" (pues, cuando uno recibe una carta, hay que pagarle al cartero), que ese año nos dejó una tarjeta de Navidad, la que mi madre ha de haber guardado en algún lugar.
Con la llegada de las cartas de las radios, que tímidamente aparecieron en 2004, pero hicieron su aparición con fuerza en 2005, en detrimento de los folletos turísticos, que dejé de pedir (ya no me quedaban casi destinos a los que solicitarlos; y nunca tuve mucha predilección por los destinos caribeños o de Estados Unidos), su rol se volvió más importante para mi, ya que lo de los folletos turísticos era más bien una cosa de manía, sin embargo, en la afición de la radioescucha/diexismo (lea el post anterior para saber más) es clave el recibir las cartas, portadoras de confirmaciones de las emisoras, y bueno, también de otros regalitos. Sin embargo, estos nuevos envíos, y el llevar un control acerca de las cartas que envío/recibo, me hicieron percatarme de que mi señor cartero, si bien nunca me ha fallado con las cartas (creo), es harto flojo para traérmelas.
Junto con ello, probablemente el lector que me conoce se extrañará de que no haya hecho mención a cartas de amistades, considerando a algunas personas, y de tanto en tanto, suelo enviarles cartas por Correo. Pues bien, no suelo recibir muchas cartas de amistades, pero debo señalar que esas también influyeron en darme cuenta de que el cartero no estaba siendo muy diligente con mis cartas. Existe un servicio llamado "Prioritario", donde se supone que deberían llegar las cartas en 3 días hábiles. Por supuesto, a mi no me pasa. Y ha causado el aburrimiento de ciertas señoritas, que prefieren enviarme sus cartas por otros medios, más onerosos.
Por supuesto, hablé con mi cartero sobre el tema, y junto con echarle la culpa a otros estamentos de la empresa (que no dudo que pueden tener responsabilidad en ciertos casos, considerando los desaguisados que han cometido con algunas de mis cartas), señaló tangencialmente un motivo fundamental para la demora de mis cartas: El sujeto se dedica a repartir los cheques de las jubilaciones, que son más "prioritarios" que mis cartas, y que, por supuesto, le redundan en un mayor beneficio monetario.
Así que, a pesar de mis quejas, ya lo asumí. El cartero viene sólo dos veces al mes (y por lo general, en determinados días: lunes, miércoles o viernes): A mediados de mes (si es que me han llegado cartas), o a comienzos/finales. Y a veces se atrasa. Como ahora, que sé que tengo cartas esperando, y estamos a 21 y no llega. ¿Se habrá ido a La Pampilla?
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, agosto 31, 2006
La bandita de los radioescuchas.
Santiago, 31 de agosto de 2006.
El lector que sepa de fútbol sabrá a lo que me refiero cuando hablo de "la bandita", y para el que no sabe, le explico. La referida bandita es un grupo de entusiastas que alientan al equipo de fútbol Magallanes tocando música durante todo el partido, y entregando alegría y ánimo a lances que frecuentemente (en los últimos años) sólo les devuelven tristezas, especialmente este año, que hace una semana sentenció su caída a la Tercera División del fútbol, la amateur. (Aunque no está de más aclarar que en Chile, país a medias, el amateurismo -en fútbol- es "semi-amateurismo", y al fútbol profesional le da para "semi-profesional" no más)
Guardando las proporciones de tan "sui-generis" comparación, los radioescuchas de la onda corta en Chile, quienes practicamos el "diexismo", semejamos a esta bandita de románticos. Cultivando una afición que vive más de historia y recuerdos que de presente, presente que miramos con preocupación y con nostalgia. En una cantidad que con suerte alcanza a la de las paupérrimas convocatorias del equipo albiceleste durante esta temporada(1). Sin casa; como el "manojito de claveles", porque Chile hace lustros que no cuenta con un servicio radiodifusor nacional, mucho menos en la onda corta, y los transmisores de Calera de Tango fueron vendidos a la amable, pero extranjera emisora "Voz Cristiana" (actualmente "CVC La Voz"). Sólo Radio Esperanza de Temuco mantiene una autóctona voz chilena en el éter de las ondas cortas, pero ya ni siquiera verificando los informes de recepción(2).
Triste situación si comparamos, sin ir más lejos, con nuestros vecinos de allende los Andes, a los que los hinchas del fútbol también miramos hacia arriba. (y qué paradoja que el cuadro de Magallanes sea denominado también "albiceleste") De partida los trasandinos cuentan con la fortuna de mantener viva y coleando a la RAE, Radiodifusión Argentina al Exterior, transmitiendo al mundo desde Japón a Europa. A su poderoso Grupo de Radioescuchas Argentino y sus programas "Actualidad DX" y "La Rosa de Tokio" desde este lado de la cordillera sólo podemos oponer el empeñoso Boletín de Radioescuchas de la FEDERACHI (sin olvidar el aporte valiosísimo del compatriota Francisco Rodríguez en "Frecuencia RM", pero quien emite desde Rusia, y con el respaldo de ese gigante que es "La Voz de Rusia").
Estamos, además, bastante solos ante el presente. Así como sólo los abuelos podrían recordar a Magallanes campeón de Chile, y los treintones esforzándose lograrían hacer memoria de su paso por la Copa Libertadores en 1985; así al oír hablar de "onda corta" puede que consigamos que algunos recuerden a "Escucha Chile" (donde trabajó nuestro Premio Nacional de Literatura 2006, José Miguel Varas, que fuera recordado con un sendo artículo congratulatorio de sus ex colegas de La Voz de Rusia por la ocasión), y, con suerte, algún canoso o canosa que no haya perdido mucho de memoria puede que tenga recuerdos más añosos, como "La Estación de la Alegría"(3) o el clásico llamado "Esta es la BBC de Londres". El resto, así como aquellos que creen que en Chile existen sólo dos o tres cuadros de fútbol, nos mirará con asombro.
La situación de las emisoras a nivel mundial no nos ayuda. El español ha sido dejado por muchas, como Radio Sweden o la Deutsche Welle, de las que ni memoria queda casi de que, no hace tanto, llenaban el aire por algunos minutos en nuestro idioma, cruzando el Atlántico. Para otras, como Radio Francia Internacional, dejó de ser importante transmitir a este lado del mundo. Otras, como la BBC de Londres, han perdido interés por el contacto con los escuchas de la onda corta y han apostado a otros medios; prefiriendo otras formas de difusión y manteniendo una presencia mínima en la onda corta en nuestro idioma, al igual que la Voz de América. Los motivos económicos también apremian a estas compañeras del aire, y no hace mucho vimos con pena la salida del aire de la siempre cordial (y efímera) Radio Eslovaquia Internacional.
No faltan las que han visto en la internet el medio de ahorrar en sus siempre magros recursos, y se han trasladado a ella(4) aún cuando se sepa que su audiencia suele disminuir(5). Las emisoras religiosas, y aislados ejemplos como el de La Voz de Turquía (que sólo emite en español para Europa, todavía) y el renacido Canal Internacional de Radio Nacional de Venezuela, dan algo de esperanza, junto con el puñado de emisoras OC latinoamericanas, tanto las grandes gubernamentales (el ejemplo más obvio es Radio Habana Cuba), como aquellas pequeñas que se mantienen en estas ondas debido a que son la mejor manera de difundirse en sus medios.
El futuro nos da algunas esperanzas, como la Digital Radio Mondiale, que prometen dar nuevos bríos a las transmisiones radiales a largas distancias. Esperamos que la promesa no termine decepcionándonos como a los carabelesros la Sociedad Anónima, y que sea el apoyo que necesitamos.
Sin embargo, ante este panorama, los radioescuchas criollos hacemos lo que mejor podemos hacer. Inventamos tiempo para dárselo a estas voces lejanas y oírlas. Enviamos correos electrónicos y cartas por todo el mundo con el único fin de decir "les hemos escuchado; su labor tiene sentido". Estamos atentos a cada servicio que amenaza con cerrar, y nos alegramos por cada redacción que logra arrancar algunos dólares más al presupuesto para seguir en el aire...
Y si sólo esto podemos hacer, entonces una última cosa podemos decir. En nuestra labor de escucha, seremos como "la bandita": tocaremos hasta que el partido se acabe. Seguiremos a las ondas y a las radios como ellos seguirían a su equipo aunque juegue en un potrero. Y aunque ya no hubiera una radio más en la onda corta -así como ellos se pondrían sus camisetas y saldrían a pichanguear como los más aficionados- quizás alguno de nosotros se lanzaría a transmitir como lo hacían los europeos cuando el estado tenía el monopolio de las emisiones.
Los radioescuchas no están muertos, y confío en no escuchar el día en que el aire se quede sin kilohertcios.
(1): En promedio, unos cuatrocientos espectadores a sus partidos de local.
(2): Aunque no está de más señalar que el "colega" Héctor Pino está esforzándose en revertir esta situación.
(3): Veterano programa de la estación holandesa Radio Nederland Wereldomroep.
(4): Radio Moldova Internacional, y próximamente, Radio Pública de Armenia
(5): Véase el siguiente artículo de la desaparecida Radio Tashkent Internacional, titulado "We loose our listeners": http://ino.uzpak.uz/eng/letters_eng/letters_eng.htm
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, julio 25, 2006
Es distinto de noche...
Todo porque era necesario, y de puro necesario y de impulso y corazón, cosas que suelo no tener, pero a veces tengo, me embarqué en imprevisto viaje hacia la provincia vecina a bordo de un viejo Caricar de las Tasacoop, de pie por darle el asiento a una señora que iba a Malloco, tarareando viejas canciones románticas de Radio Imagina mientras observaba que fuera bien, y aunque el silencio de los pueblos con casas de adobe y la oscuridad de sus calles y caminos que cuando voy de día suelen sonreírme y yo suelo devolverles el gesto, podían infundirme temor, no había que demostrarlo ni sentirlo. Hay cosas más importantes que el regreso, aún cuando sea de noche, uno no acostumbre ni viajar ni salir de noche, los buses oruga bien iluminados con sus focos blancos le hayan hecho perder la costumbre de otros medios de transporte, y otros fantasmas que suelo derrotar con canciones como "All my loving" y pensamientos amables. Afortunadamente, no tuve que volver en un bus con letrero "Autopista", sino en el auto de los amables padres de la señorita Lucy, mientras pensaba en cuan distinto es de noche, cuan distinto el camino, y esos lugares donde el sabor de mi boca y mis pensamientos no son iguales a los de cuarenta kilómetros hacia el oriente.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
lunes, julio 24, 2006
Duerme (in)tranquilo...
Y a veces uno se encuentra con cosas extrañas. Una vez, por ejemplo, terminé viendo "Amo de las Marionetas II: La Venganza de Coulón". Inolvidable película. Claro que esta vez me tocó algo que, visto desde determinado punto de vista, podría ser peor.
En Canal 13 Cable hay un micro espacio llamado "En Vivo y en Recuerdo", donde recuerdan pequeños reportajes "del año de la pera". Suelo toparme con reportajes de nuestros años de dictadura, y esta vez no fue la excepción. Aburrido de National Geographic Channel, pasaba por el ya referido canal cuando me topé en pantalla con un conocido (y criticado) reportero de televisión que ahora trabaja en otra canal, con los pelos con más color, y haciendo un reportaje nocturno. Su objetivo: Cubrir un patrullaje nocturno de las Fuerzas Especiales de Carabineros.
Si se las viera con los ojos de la actualidad estas "fuerzas especiales" darían risa, con sus uniformes holgados, sus cinturones similares al de mi abrigo, unos fusiles del año de la Cocoa Raff, y un casco; quizás el único elemento más "moderno". (Y hasta por ahí; capaz que hayan sido los saldos de la Primera Guerra Mundial) Un jefe de pelotón con lentes "poto de botella" y cara de pocos amigos se daba a la tarea de explicar en detalle el armamento del pelotón y lo que realizarían durante la noche. Por algún motivo inexplicable salieron en trote al bus, llevando además de los hombres con fusiles viejos unos cuantos explosivos, una ametralladora, y un equipo electrógeno que tenía más pinta a aquellas viejas radios a tubo que a otra cosa.
Por supuesto, estos "abnegados combatientes contra el terrorismo que velaban por el sueño capitalino" (yo inventé la frase) no se toparon con más riesgos que una pareja fiestera que no quería dormir y que se deshizo en disculpas y casi en llanto al ver veinte carabineros con armas en la puerta, y un auto que venía de la maternidad, donde habían dejado a una parturienta. De todos modos, entre lo oscuro y viejo de la imagen, las caras de pocos amigos, y lo que uno se imagina que sucedía en operativos no tan amables ni televisados como el mostrado, le daban la nota sórdida al asunto.
Así que mejor, a dormir.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
sábado, julio 08, 2006
Cerca de casa hay un taller de botes.
Teniente Yávar, la calle donde vivo, es famosa entre todos los taxistas de la zona por los selenitas cráteres que presenta, especialmente ese hoyo irreparable de la esquina con Independencia. Sin embargo, en el espacio que transcurre entre la ya mencionada Avenida Independencia y Pedro Fontova es un pequeño universo, una colección de lugares extraños y particulares.
Sacaba la cuenta hace un par de días, y la panadería de la esquina con Independencia atiende exactamente 9 horas al día. De 8:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00, de lunes a sábado. El domingo sólo abre en la mañana. El pan, especialmente cuando sale caliente, es exquisito; pero es lo que mi abuela llamaría "mosocotudo" o "pan de carretonero", debido a las grandes dimensiones. De todos modos, es uno de esos pequeños placeres venir comiéndose un trozo de marraqueta ("pan batido", si estuviera en la ciudad del Muelle Barón) durante la cuadra que me separa de ese lugar.
Al frente hay un campamento que lleva años allí, creo que más de los que yo y mi madre llevamos aquí (y eso que son bastantes), y en el cual me caen porque generalmente tienen buen gusto musical, o al menos, mucho mejor que la mayoría de mis vecinos de los "departamentos". Un día, incluso, tenían a "todo chancho" "First of the Gang to Die", del señor Morrissey. Un poco más allá, por la orilla norte, hay una casa celeste. Siempre he creído que allí viven monjas, pero nunca he podido confirmar el rumor.
Unos pasos más hacia el oriente hay una gran puerta de fierro celeste, que es donde están las Grúas Bravo, una de las cuales lleva estrmbóticos adornos, entre los que se incluye, si la memoria no me falla, un Elvis autoadhesivo. Frente a eso está el sector con las mejores veredas de la zona, todo obra y gracia de una nueva fábrica de pavimentos decorativos. Creo que al menos hay unas tres fábricas por acá.
Infaltable en este recuento se hace el mencionar al bar "El Galeón", lugar de parranda permanente los veranos, de reunión para los partidos (dominan los hinchas de Colo Colo), y donde a veces tienen buenos gustos musicales (puro "onion" a ratos, estimado Guillermo), y a veces se chacrean; dependiendo del ánimo. Tengo mis sospechas además de que no sólo alcohol se ofrece allí. Un almacén que cierra la "cuadra" mencionada creo que ha cerrado; la última vez que fui ni siquiera tenían Coca Cola de 2 litros, lo que ya es un síntoma dramático en cualquier emporio. También cerca de allí está la que era nuestra "picada" para la parafina, donde sacaban el líquido desde unos tambores con unas especies de llaves que había que rodar para que saliera. Ah, ¡y el guarderío de micros! Mi madre dice que alguna vez ocasionarán un accidente. De momento, sólo hacen rabiar a uno que otro conductor con la mala pata de pasar por allí cuando intentan entrar las micros, y en una pared tienen unas palabras escritas por alguien, como última voluntad a un fallecido.
Sin embargo, quizás el lugar que más me llama la atención es el de las paredes verdes. Es que es bastante extraño ver botes por acá. Sí, botes. Botes de esos de mar, esos que se ven en las películas yanquis y que usan los ricos y te muestran en los comerciales de paradisiacas playas.
Los responsables de aquello son una empresa llamada "Tecnomar", que por algún avatar del destino decidió poner su taller de reparación de botes a unas cuadras de mi pequeño hogar. Y para que lo confirme, se mete usted a http://www.tecnomar.cl y lo confirma.
Fin de la crónica de ocasión.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
miércoles, mayo 31, 2006
¿Cómo hemos cambiado?
(Aunque, terminado el artículo, me asalta la duda de si han cambiado, o en realidad las cosas no han cambiado nada, sólo cambió el lado en que se pusieron. Abierta queda la pregunta.)
Hoy:
"La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios dio plazo hasta este viernes para que el Gobierno acoja las demandas del sector, ya que de lo contrario convocarán a un nuevo paro nacional para el próximo lunes."
SANTIAGO.- El vocero del Ejecutivo, Ricardo Lagos Weber, rechazó el ultimátum dado por los estudiantes al Gobierno para responder a sus demandas.Tras asistir a la reunión del comité político en La Moneda encabezado por la Presidenta Michelle Bachelet, Lagos Weber, dijo que "La Moneda no opera bajo la condición de un ultimátum" de fecha límite a las conversaciones."El Gobierno lo que hace es escuchar, conversar y luego tomar decisiones y a ésto nos vamos a atener", dijo Lagos.
Ayer: (cuando ni soñaban ser gobierno)
"Dos días después, la Alianza Democrática se reunió para considerar las afirmaciones de Pinochet. En reemplazo de (Gabriel) Valdés, que había viajado a Caracas, emitió la declaración el nuevo presidente, Hugo Zepeda: exigía del gobierno una respuesta "inmediata y clara" a la minuta entregada. Sin ello, debería dar por deshauciado el diálogo.
No hubo respuesta."
¿Por qué no salimos un año después?
En todo caso, creo que hasta yo habría entrado a una toma si estuviera aún visitendo el vestón bajo el abrigo, como en tantos días de invierno.
Y aquí me disculparán, estimados lectores y estimadas lectoras, que me dirija especialmente a aquellos que el 2005 lagrimeamos en nuestras licenciaturas y cenas de gala.
¡No se atrevan a discutirme que se nos queman las manos, que nos carcomen las ganas de ser aún pingüinos y estar embarcados en este movimiento que nos ha remecido a todos!
Ante algo que la prensa se ha visto obligada de catalogar como "gesta" y "corajudo", que por todos es visto como un movimiento justo, que causa simpatía y apoyo desde los profes hasta el lustrabotas, de un movimiento que nos causa orgullo y admiración; porque eso es lo que me pasa a mi cuando paso fuera de un colegio, cuando vi a mi señorita novia escalar el muro de su liceo... No puede sino remecerse el espíritu, agitarse el ánimo, elevarse una sonrisa, y todos esos afectos acumulados en el pecho pensar y hasta desear en estar allí, en formar parte de esto aunque fuera barriendo el Patio de Honor. Ciertamente que desde nuestra posición de universitarios algo hacemos (creo) y también nos mostramos "en apoyo de". Pero no es lo mismo.
En estas noches frías, seguro que por nuestros sueños ha pasado la pregunta de "¿Por qué no salimos un año después?" No estaríamos preocupados (todavía) de la siguiente cuota o del crédito de la universidad, seguiríamos poniéndonos corbatas al cuello, y seguramente estaríamos comiendo tallarines todos estos días, pero los tallarines nos sabrían a gloria, porque pucha que sonreiríamos de tener la oportunidad de retroceder el reloj 365 días.
(Y hablando de tallarines, seguro que Carozzi y Lucchetti tendrán que hacer mucha publicidad para reencantar a un público que se va a hartar de las pastas. Pero eso es harina de otro costal.)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, mayo 30, 2006
¿Quién controla a los destinados a mantener el control?
Hagamos un breve recuento de los hechos conocidos hoy, los que están más claros. Por la mañana, arremetida de carros lanzaaguas y fuerzas policiales en la zona del Liceo de Aplicación, donde hace días se han congregado estudiantes secundarios en paz, y hoy no era la excepción. En Maipú, por enésimo día, Carabineros detenía a los secundarios de la comuna del abrazo en el paradero 7, pero esta vez contraviniendo tanto las normas mínimas que justifican detener a alguien (caso de las subidas a buses para detener estudiantes que trataban de llegar al centro con el acto tan simple de tomar micro), como contraviniendo normas jurídicas básicas, ingresando a propiedades para detener estudiantes, cosa que, como es sabida por la mayoría, sólo se puede hacer con la autorización del propietario.
Más tarde, bajo la justificación de la "no autorización" (señor Andrés Zaldivar, ¿recuerda usted cuando la policía le disolvía sus mitines "no autorizados"?), disolución violentísima de manifestaciones de caracter más bien pacífico en la zona céntrica. Los incidentes posteriores sí que ameritaban una intervención firme. Y sin embargo, Carabineros, las mismas Fuerzas Especiales, se vieron absolutamente sobrepasadas e incapaces de mantener un mínimo de orden en las afueras de la Biblioteca Nacional, calma que, estoy seguro, sólo volvió cuando los manifestantes que tomaron lo que encontraron para hacer barricadas, cargar contra los vehículos policiales, y arrasar con la señalética; se acordaron de que tenían hambre y se fueron a casa a por un emparedado. Si no es por eso, seguiría el centro bajo el ruido de sirenas inútiles.
Pero sí fueron capaces, y mucho, de una brutalidad absoluta pateando periodistas (con todo lo que podamos discutirle a la profesión aquella, señor Sandoval), como en los viejos tiempos. Y lo supo todo el país. (Y ojalá también el mundo exterior... Sobre este tema, no me queda si no rescatar las reacciones firmes tanto de N. Mosciatti en Radio Bio Bío, como de A. Guiller en Chilevisión) Para eso sí hay fuerza, hay capacidad, y hay voluntad. No para llevarse a la comisaría siquiera a un encapuchado. (Eso, en el caso de que no ocurra, como se ha deslizado la tesis, que hay fuerzas policiales actuando infiltradas en las manifestaciones, precisamente como violentistas. Caso en el cual todo tiene explicación: ¿Cómo se van a llevar detenidos a sus propios compañeros?)
Entonces es legítimo preguntarse varias cosas.
En primer lugar, ¿qué tan efectivas resultan nuestras fuerzas policiales? Porque si han sido incapaces, INCAPACES, de restablecer el orden ante grupos de encapuchados, en la misma cuadra, al menos dos veces en un mes; Dios me libre de ponerme al resguardo de esa policía. Como mínimo, son lo suficientemente poco inteligentes como para tropezar dos veces en la misma piedra.
En segundo lugar, ¿qué control se tiene de estas fuerzas? Me imagino que no salen por si mismas a la calle, que hay una orden que se da en ese sentido. Y cuando se les saca, ¿hay un verdadero control de su accionar? No es la primera vez que estos excesos se producen. No es la primera vez que vemos violencia flagrante de estas fuerzas, ni es la primera vez que se señala que andan dopados por las calles. ¿Se les controla realmente? ¿Hay una capacidad de detenerlos cuando se les saca a la calle, o son una especie de fanáticos a los cuales cuando se les activa hay que esperar a que se les acabe la cuerda?
¿Y qué control son capaces de mantener estas fuerzas? Porque claro, son bastante efectivas como para mojar mnanifestantes pacíficos y llenar de tóxicos nuestro ya contaminado aire. Sin embargo, no hacen retroceder ni a un par de pelagatos lanzando piedras. Ese simple hecho ya muestra su escasa efectividad para el que supuestamente es su objetivo: Actuar en situaciones de emergencia, de violencia descontrolada, para reestablecer el orden con prontitud. (Si alguien le llama prontitud a que sólo después de 5 horas hayan cesado los disturbios en la Biblioteca Nacional, tiene un poco errado su concepto de "tiempo")
Pero, estimado lector, no se quede usted en el simplismo y descargue su rabia única y exclusivamente con el paco vestido de "Tortuga Ninja" que vea mañana. Yo haré un esfuerzo en creer en su sagacidad e inteligencia, y le llamo a ir un poco más allá.
¿El Alto Mando de Carabineros es capaz de controlar a sus Fuerzas Especiales? El generalato ha dicho que no tolerarán excesos de este tipo, sin embargo, los tenemos aquí una vez más. Insisto, ¿tienen un real control sobre las que debieran ser sus fuerzas de elite?
¿El Intendente de la Región Metropolitana tiene una verdadera coordinación, una verdadera capacidad de encauzar o de al menos saber hacia dónde va el actuar de Carabineros? Más allá de que se llame Barrueto o Trivelli. Porque si llama a la fuerza policial a reestablecer el orden en la ciudad, suponemos que sabrá de qué manera esto se llevará a cabo.
¿El Ministro del Interior, quien se supone debería ser la autoridad máxima en estos asuntos, tiene un real control sobre las Fuerzas Especiales y Carabineros? ¿Tiene el verdadero poder de hacer que se cumplan sus órdenes y no haya excesos en el actuar real?
Porque después de lo de hoy sólo me quedan dos lecturas:
O hay un real control de las fuerzas, y entonces, son estos responsables los responsables (valga la redundancia) de estos excesos, de estas ilegalidades, y por lo cual lo menos que cabría de esperar de ellos es que respondieran por sus actos reñidos a la ley...
O no son capaces de controlar a esta parte de nuestra policía, se les va de las manos el actuar en estas situaciones, y son unos pelotudos por dejarse pasar a llevar.
Y ambas situaciones son una vergüenza y un peligro.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
P.S.: (31-05-2006) Parece que el General Bernales anduvo leyendo este blog. PLR para el prefecto y el subprefecto de Fuerzas Especiales, dependiente de la Zona Metropolitana Oeste de Carabineros de Chile. En todo caso, ellos son sólo la punta del iceberg de problemáticas que subyacen bajo estos hechos. No se deje engañar.)
jueves, mayo 18, 2006
Yo quiero Plaza de Armas.
Conchalí, el lugar donde vivo, no tiene Plaza de Armas, al igual que la mayoría de las comunas de Santiago. Por idea de algún "iluminado" del municipio se ha estado construyendo una "Plaza Cívica" (muy ad-hoc con nuestros tiempos de "gobierno ciudadano" y "sociedad civil"... Palabras, palabras, apalbras; como decía la canción.) en una esquina donde antes había una plaza común y corriente en la cual además se ubicaba una sede del Club de Leones (sí, esa organización que le da lentes a bajo precio o gratis a los viejitos... Sinceramente no sé qué otro atributo rescatarle, ya que no conozco la organización) y creo que además estaba la biblioteca municipal. Muy en el estilo actual, la mayor parte de la plaza es cemento y baldosa, en detrimento de los árboles y el pasto, cual paseo peatonal, como queriendo reflotar el "Paseo La Cañadilla" que se realizó entre la Municipalidad y la intersección de las Avenidas Independencia y Dorsal.
Esa clase de plazas no me gustan.
Quienes hayan asistido a la celebración de mi cumpleaños número 18 recordarán que frente a la casa de mi abuela había una plaza, elogiada por todos ustedes, en la que pudieron ver largas hileras de ladrillos a modo de bancas, algunos juegos, pasto a medio cuidar, y maicillo en el resto del terreno, porque hubo dinero para cubrir la tierra; pero a una plaza escondida no se le pone pavimento. Si bien viví años frente a esa plaza, mi relación con esas plazas de población tampoco es tan perfecta. (Y no sólo porque en uno de sus costados me haya mordido un perro.)
A mi me gustan las Plazas de Armas.
Pensando en mi último paseo solitario (mi madre me ha dicho que no viaje solo, pero yo, más que el ser desobediente, necesito mis paseos en soledad, y a veces que sean fuera de los límites de las líneas de Metro) reflexionaba acerca de los viajes que he podido acometer en mi existencia, más allá de que nunca haya salido del país y todo eso. Y por supuesto, en aquella salida mía terminé en una Plaza de Armas: la de Buin. Y hoy sacaba la cuenta de cuántas conozco. Dentro de los límites de la ciudad de Santiago, sólo la de la propia ciudad, que no quedó muy bien luego de su última renovación (por no decir que apenas parece plaza) y llena de bullicio como Santiago es, donde quizás su única ventaja es poder observar a los fotógrafos que sobreviven con un "ponys" artificiales quién sabe cómo (y estoy casi seguro que los disfrazan de Renos en Navidad) y a uno que otro predicador evangélico.
Quilicura, San Bernardo y Puente Alto, que no hasta hace mucho eran localidades separadas de Santiago, tienen sus Plazas de Armas. La de Quilicura tiene mala reputación. La de Puente Alto es un desastre aún peor que la de Santiago; un desierto urbano luego de la construcción de la Línea 4 del Metro, que destrozó a una plaza que, por mis vagos recuerdos, no era una mala plaza. Clara condición del cambio de "ciudad de provincia" a "ciudad dormitorio". La que no he mencionado hasta ahora, y quizás la que más se conserva como una Plaza de Armas típica, es la de San Bernardo, lugar que aún conserva algo de ese ritmo lento y esa organización provinciana que tienen las Plazas de Armas, sin que la presencia de un supermercado "San Francisco" afecte mucho aquello. Es la que me más me gusta de las tres.
Puerto Montt tiene una Plaza de Armas a medio camino entre las "encementadas" y las "típicas", pero al menos esa quedó bien, a pesar de tener los espacios de pasto ausentes, pero la vista del mar la favorece, y el frío. La Serena tiene una Plaza de Armas que se ve inmensa, y que está en extremo limpia (con decir que sólo hallé un par de colillas de cigarros, y ningún boleto de micro... En realidad, no encontré ningún boleto de micro en toda la ciudad.), a lo que además ayuda el aspecto colonial - neocolonial que ofrece buena parte de los edificios que la rodean. A la de Concepción la ví mientras estaban trabajando en ella. Y en la de Temuco era de noche, pero tenía muchas estatuas y una especie de museo o galería que me llamaron la atención.
Son entonces las de las localidades cercanas a Santiago las que más me llaman la atención. Dejando de lado a la ya mencionada de San Bernardo (que además tuve la posilibidad de ver desde las alturas, gracias a Felipe Zaldivia ), conozco la de Lampa, una plaza en la que por entonces había una feria deprimida, y la cual era concurrida aquel domingo por sus jóvenes (al aprecer, no había panorama mejor en el lugar que sentarse en el pasto de la plaza y conversar) y sus "canutos" que marchaban cantando por las calles; la de Talagante, que tiene la particularidad de ser redonda, y a la cual miro con mucho cariño (en la cual, además, han ocurrido accidentes estrambóticos que han sido aún más espectaculares producto de esa configuración de la plaza); la de Melipilla, sí, la misma donde colocan un letrero de Deportes Melipilla anunciando el partido que jugará el club; y la mencionada ya de Buin, en la cual un señor había instalado un vivero en un costado de la plaza, y en la que me senté a degustar un pastel de manzana mientras leía una fotocopia tan vieja como los años en que mi padre no se veía al borde del infarto producto de las bombas lacrimógenas.
¿Qué tienen las Plazas de Armas? Tanta descripción y aún no respondo la pregunta. Por ser lo que son, y también por cómo están hechas (es cosa de fijarse que en la gran mayoría de ellas sus "senderos peatonales" confluyen en un centro), son elementos confluyentes. Todo (y todos) parecen pasar por ella; la vida pareciera transcurrir entre niños que las recorren en bicicletas con rueditas, abuelos que no tienen nada mejor que hacer que irse a sentar en ellas, vendedores de carritos que apuestan a venderle tanto a paseantes como sentados, y uno que otro visitante desconocido que cree que sentándose en una de sus bancas de color generalmente verde oscuro lo va a comprender todo, o al menos va aencontrar una respuesta, de una simple mirada desde su puesto de avanzada a todo lo que transcurre. Porque a veces no hay cosa mejor que rodearlas, rodear sus baldosas interminables que cubren los costados, y sentir que todo es un camino que avanza tanto como retrocede, que se parece y es distinto a la vez.
Mirar a su alrededor la Municipalidad y la Gobernación; la iglesia siempre en un costado con su cruz elevada vigilando un lugar que la mayor parte del tiempo no tiene edificios altos que le compitan en alcanzar el cielo. En más de una, oh idea afortunada, un colegio donde los muchachitos y muchachitas saldrán a eso de las cinco de la tarde a correr y a gritar, y a gastar su dinero en comprar papas fritas aceitosas ante las cuales no les importará que los modales digan que no hay que hablar con la boca llena; y todo ello estará bien. Los colectivos pasando por el costado esperando llevar a sus pasajeros cansados de bucolismo. Los árboles mirándolo todo pasar, cómo siempre lo han hecho; comentándolo como lo hacen y hasta el día de hoy nadie se ha percatado de ello, porque le damos más importancia a la sombra que permite caer sobre el pasto o sobre una banca y sentir que el mundo se detiene en el lugar donde todo parece ir, donde todo parece venir; en lugares donde el eterno flujo es quizás lo que menos importa, y hasta se agradece que los buses deban circular (en algunos casos) una cuadra más allá.
Yo quiero Plaza de Armas.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
viernes, abril 14, 2006
Gracias, Señor, por venir a visitarnos.
La población Irene Frei no es precisamente "un lugar para vivir", como rezaba un antiguo lema municipal de Conchalí. Quizás sólo la zona de "La Chimba", en el extremo suroriente de la comuna, o uno que otro sector aislado, son peores. Es un lugar no muy extenso territorialmente, de casas bajas de madera, pasajes intrincados, grupos de gente en las noches, tanto hombres maduros al calor de un fuego encendido con lo que encontraron como jóvenes con los que preferirías no cruzarte en la misma vereda. Enclavada entre algunas poblaciones de mejor pasar, a su entrada hay un pequeño templo evangélico y una cancha de cemento donde juega el club de la población. Narcotráfico, hay, aunque sea "micro". Violencia, también.
El lugar que les he mencionado está dentro del territorio de la Parroquia Nuestra Señora del Olivo, de la cual soy feligrés, y más específicamente dentro del territorio de la sede parroquial. Si me adentro en mis recuerdos de infancia puedo rememorar que, cada año, el Vía Crucis de la sede parroquial recorría esta población. Pero hace varios años ya que había dejado de hacerlo.
Este año el Vía Crucis comenzó al revés. Siempre sale hacia el sur (al menos en los últimos años), pero ahora tomó rumbo norte. Lo que no varió fueron los típicos problemas de audio, que en las capillas no existen ya que allí toman un megáfono y solucionan el problema. Nada anormal, sin embargo, hasta que la procesión llegó a avenida Independencia y no turnó hacia el poniente (o sea, hacia la parroquia), sino que luego de pasar por el Colegio San Martín, (al lado de mi primer colegio, y frente al supermercado Líder) tomó rumbo oriente. Y luego en Nueva Central dobló al norte. Cuando se detuvo en la Villa San Pedro, otro lugar que no recibía la visita del Vía Crucis hace años, una población enrejada, de casas de ladrillos rojos, cerca de la población que nos convoca, parecía que sería el fin de la expedición por el sector oriental de la parroquia. Pero no fue así. La cruz y quienes le seguíamos llegamos a la esquina que da entrada a la Población Irene Frei.
La camioneta con el parlante se quedó en la esquina. La procesión se adentró por la calle principal de la población, mientras quienes jugaban en la cancha de cemento se detuvieron un momento a observar el acontecimiento. Entrando, levanté la mirada, y entre dos hojas de palma un gran letrero decía "Gracias, Señor, por venir a recibirnos". Entonces comprendí, o creí comprender, que allí debíamos estar, que allí debíamos ir, aunque fuese un instante; y me alegré de estar allí, luego de tanto tiempo. Entre el recelo de algunos y el canto de "Amor, amor, amor, amor, hermanos míos, Dios es amor..." se llegó al final de la calle principal, donde había montada una estación del Vía Crucis. Alguna gente salía a mirar, y otros que sabían de dónde veníamos lo comentaban. Luego procedimos a dar una vuelta por los pasajes, que estaban con velas en sus calzadas. La gente salía a las puertas de las casas a observar, y algunos de ellos aprecían contentos. Quizás el momento donde la gente más cantó fue aquel recorrido, mientras avanzábamos entre los hombres reunidos alrededor de un fuego, los ebrios y los jóvenes. Otra estación esperaba a la entrada de la población, mientras mi tía María le decía a alguien que las veces que el Vía Crucis había pasado por allí no había ocurrido nada, y así fue también esta vez. Minutos después, acompañados por el parlante que funcionaba muy de tanto en tanto, la procesión y los rezos nos retiramos camino de la parroquia, mientras una señora apoyada en un carro donde cargaba objetivos varios nos obervaba.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, abril 13, 2006
Tú obras de maneras extrañas.
Sí, un cura, un sacerdote. Mi catolicismo de discutible calidad, pero al que al fin y al cabo adscribo, demandaba una limpieza de alma por estos días, no sólo por un tema de cumplir con los días santos y sus ritos, sino porque se me habían acumulado bastantes cosas en el interior. Así pues, me veía enfrentado a la tarea de buscar un lugar con confesores disponibles. Tarea que no es tan fácil como parece. La escasez de "hombres de Dios" hace un poco complicado encontrar algunos de ellos disponibles a escuchar problemas y pecados varios, y si bien el centro de Santiago es el lugar más factible para encontrar alguno, hasta allí hay sólo ciertos horarios en los cuales atienden. Dirigí mis pasos hacia otro lugar de mis recuerdos de mañanas deinfancia junto a mi abuela: El templo de Santo Domingo. Admito que me asombré al entrar. Una cantidad de gente que jamás imaginé, y que por los más diversos motivos se hallaba allí. Ni en misa de Navidad ese templo congrega tanta gente. Bingo, había cura atendiendo para la confesión. Pero uno solo. Y había dos filas ante el confesionario. Bueno, ya estaba allí. Me puse a la fila en espera de que esta avanzara y llegar al recinto de madera donde se escondía el cura de turno. La hora avanzaba, y mientras, una señora de extraña voz se subía al ambón (especie de tribuna donde se leen las lecturas de la misa) para rezar el Rosario. Estábamos en eso, cuando un cura de edad considerable y acento español imposible de disimular dice "tres más y me voy". Desazón entre los que estábamos esperando, que eramos como cinco, aparte de los "tres más". De todos modos seguimos esperando, a ver qué ocurría. Lo que ocurrió fue que confesó tres más y se retiró sin mirar a nadie. Las señoras que esperaban tras mio comenzaron a hablar; una de ellas señalando que ya en otro templo le había pasado lo mismo. Yo, por mi parte, si bien el ir cada semana a un grupo dirigido por un cura me hace comprender lo ocupados que están, no pude dejar de pensar "un cura de verdad atiende a los pocos que quedaban" y "quizás debería esperar a otro momento".
Salí de ese lugar, pensando que quizás necesitaba yo un cura joven; que vez que me confesaba con un cura de edad no me decía nada, y me mandaba a puro decir unas oraciones. El hambre me motivó a ir a Tarragona en pos de una crujiente empanada jamón-queso, luego de haber pasado por el Correo Central donde, para risa de una de las dos encargadas de la oficina de Filatelia, que ya me conoce, no pude resistir comprarme las estampillas del Castillo Wulff. Luego decidí pasar a la Catedral, a ver si allí tenía mayor suerte. En las afueras había una aglomeración de curas, comandados por el vicario dela Zona Centro, ex vicario de la Zona Norte (en la cual vivo). Entré. Como siempre, había bastante gente. Además, estaba lleno de focos como los que usan en los estudios de televisión, probablemente paratransmitir alguna misa o ceremonia. En medio del trajín de todos quienesiban y venían, había curas confesando. Me puse a esperar a uno entonces. Tras mio se pusieron dos señoras, una de ellas brasileña, que buscaba a su hijo. Primera sorpresa: El sacerdote en cuestión no atendía por el costado al "penitente", como es lo típico, sino que de frente, mirándose los rostros.
Bien, llegó mi turno. Una voz de acento italiano salida de un calvo sacerdote que llevaba lentes me preguntó mi nombre. Sin entrar en detalles de lo dicho, puedo señalar que la mano invisible de la divinidad me llevó al lugar indicado, y quizás a una de las respuestas que buscaba. Todo esto para llegar a la conclusión de que mi creencia meta-terrenal en Dios se afirma más que en hechos espectaculares o en simple dogma, en pequeñas intervenciones y pequeños regalos de días anónimamente agradables como este. (ver http://www.fotolog.com/elpoleno)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
miércoles, marzo 29, 2006
Día del joven combatiente.
Yo sabía de la existencia de este llamado "Día del Joven Combatiente", algún vago recuerdo tenía de informaciones de otros años, pero en realidad no tenía idea del día, y sólo una leve idea de la causa de este supuesto recordatorio. La existencia de esta fecha se me hizo más cercana al escuchar el otro día conversar a unos sujetos que estudian la misma carrera que yo en la universidad, todos autodeclarados "de izquierda", supongo. Pues bien, en algún momento de su conversación salió a colación el tema del "Día del Joven Combatiente", y uno de ellos dijo: "El Día del Joven Combatiente es un día donde los jóvenes recuerdan a los hermanos... (no recuerdo el apellido) y salen a las poblaciones a dejar la cagá". Confieso haberme tragado el "imbécil" para no decírselo. Teniendo en cuenta que, según lo expresado durante la conversación, no estaba yo ante un "muchacho de población", quizás sea aquello excusa para una aseveración tan ilusa. Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que puedo contar con los dedos las poblaciones en las cuales hay manifestaciones a causa, supuestamente, de este recuerdo. Y, también creyendo estar en lo correcto, podría asegurar que son muy pocos los que saben que se "recuerda" hoy.
Quizás el lugar donde tiene algún sentido recordar este día es el que todos los años se muestra en las noticias: la Villa Francia. Y creo no equivocarme al postular que hay otra clase de "recuerdos" que se desarrollan en esa población en esta fecha, aparte de las barricadas y los disparos, que son lo único que los medios de comunicación masiva cubren. Ahora bien, en el resto de los lugares donde ocurren manifestaciones, desde el Pedagógico a la Usach, pasando por las cercanías de mi casa, mi sincera opinión es que se trata de puro "hueveo", de puro salir a tontear un rato, a cortar la calle y a tirar unas piedras; a salir a malgastar el tiempo por nada y a joderse a gente que no tiene nada que ver en el asunto. Los cortes de luz y de calles eran una manera de demostrar al regimen de Pinochet que no tenía el control de la situación, que el "orden" que decía querer implantar se podía subvertir. ¿Es ese el objetivo ahora? Ojalá se pudiera decir que hay un objetivo en estas acciones, pero no lo hay, son cualquier cosa.
Además, eso de "Día del Joven Combatiente"... ¿Combaten qué, por favor? ¿La injusticia? Sigo viendo los mismos pobres en las calles, las mismas casas mal hechas, las mismas aglomeraciones matinales en los hospitales, y no creo que una barricada las vaya a solucionar. ¿El sistema? Dejen de comprar ropa de la República Popular China y computadores con Windows; que eso será un arma más eficaz que sus perdigones hechizos. ¿Combatir al gobierno? Ni el "chico" Zaldivar tiembla porque ponen una bomba de ruido en La Pincoya. Serían más efectivos si la pusieran afuera de la sede central de los supermercados Líder, por ejemplo; pero no tienen ni estrategia, ni objetivo, ni sentido, ni nada. Es sólo un tontear por tontear.
Y ahora los autos y microbuses que pasan por Independencia están siendo desviados por la pésima calle en la que vivo porque algún imbécil tuvo la idea de prender algo a tres cuadras de casa.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
(Y no soy de derecha, aunque tenga tendencias gaullistas. xD)
martes, marzo 14, 2006
Gobernador de Chañaral.
Artículo 116:
En cada provincia existirá una gobernación que será un órgano territorialmente desconcentrado del intendente. Estará a cargo de un gobernador, quien será nombrado y removido libremente por el Presidente de la República.
Corresponde al gobernador ejercer, de acuerdo a las instrucciones del intendente, la supervigilancia de los servicios públicos existentes en la provincia. La ley determinará las atribuciones que podrá delegarle el intendente y las demás que le corresponden.
En cada provincia existirá un consejo económico y provincial de caracter consultivo. La ley orgánica constitucional respectiva determinará su composición, forma de designación de sus integrantes, atribuciones y funcionamiento.
Artículo 117:
Los gobernadores, en los casos y forma que determine la ley, podrán designar delegados para el ejercicio de sus facultades en una o más localidades.
Ahora bien, todo este lío me recordó una "frase al voleo" dicha por alguno de mis ex compañeros de la "generación I", durante mi estancia en el Instituto Nacional. (si no me equivoco, Johan Van der Molen) Que mi futuro político sería ser gobernador de Chañaral. Podeís imaginaros entonces, venerables lectores, de qué modo me embargó la emoción al saber que el cargo se encontraba vacante, y más encima por un tipo que rechazó el cargo porque le era más rentable quedarse trabajando en Copiapó. Pues bien, ¡yo quiero el cargo de gobernador de Chañaral! Ante la avalancha de voluntarios, me ofrezco humildemente a asumir el cargo, con toda alegría. ¿Y por qué? Pues claro, por las ansias de poder indisimulables de quién escribe. No lo voy a ocultar, hasta aceptaría ser delegado municipal en Catapilco si me lo ofrecieran; pero claramente este cargo se ve con mucha más proyección, con mucho más futuro, y especialmente por mis propuestas para mi mandato provincial:
1. Aprovecharemos que algún día el Presidente Lagos se bañó en las playas de Chañaral para lanzar la campaña "Lagos lo recomienda: Ven a Chañaral". Si bien ya pasó la temporada, confiamos en que la popularidad del ex-mandatario incremente las visitas nacionales en un 5%.
2. Aprovechando el proceso de resurrección del tren implementaremos el servicio El Salvador-Diego de Almagro-Chañaral (MerChaña), con al menos 4 frecuencias diarias, y trenes restaurados. Se augura gran atractivo turístico. Financiado, claro, con las utilidades de EFE.
3. La provincia de Chañaral necesita identidad. Por ello, procederé en el primer mes de mi mandato a dar a nuestra provincia una bandera y un himno propio. Exigiremos a Correos Chile la creación de estampillas para Chañaral, las cuales serán del interés de los coleccionistas del mundo y permitirán financiar la creación del Palacio de la Gobernación. Por último, crearemos Radio Chañaral Internacional, emisora destinada a difundir Chañaral en el mundo y con emisiones en español, francés, árabe, serbocroata, tajiko, somalí, swahili, uigur y laosiano.
4. Ante la amenaza de cierre de El Salvador exigiremos al gobierno central la suspensión de esa medida, que podría dejar a la provincia sin un tercio de su población, y sin club de fútbol. Si el gobierno se niega a considerar nuestras peticiones convocaré a la huelga general como medida de presión. Y si aún así somos derrotados, demandaremos que, por lo menos, El Salvador sea declarado el Sewell del norte chileno.
5. El aeropuerto de El Salvador será declarado Aeropuerto Internacional "Hernán Rivera Letelier". Negociaremos la llegada de importantes aerolíneas, como Air Nauru, Aeroflot y Palestinian Airlines.
6. Pediremos al gobierno central que la primera central nuclear chilena se establezca en nuestra provincia. Para ello la provincia de Chañaral cuenta con inmejorables ubicaciones, sobretodo desérticas. Además, podría ser la oportunidad para crear una nueva ciudad que permitiera aumentar la población provincial y descongestionar Santiago. Y siempre podemos bautizarla como "Espringfield".
(Se aceptan sugerencias para más propuestas)
Estas son sólo muestras de cómo mi benéfico mandato permitiría a la provincia de Chañaral surgir. Por esto, ¡basta de cobardes que no quieren aceptar desafíos! ¡Basta de pusilánimes que buscan estos cargos sólo para descansar en un asiento y no hacen nada! Conozco la realidad de Chañaral, ¡y Chañaral necesita acción! Estoy esperando sólo la llamada para asumir, y no importa que no sea llamado ahora; sé que la ciudad de Chañaral seguirá esperando y me recibirá con los brazos abiertos cuando llegue a su terminal de buses, dispuesto a trabajar por una provincia a la que amaré como si de Melipilla o Polonia se tratase.
(Pero usted siempre puede ayudarme y escribirle a la Presidenta Michelle Bachelet que soy materia dispuesta para asumir el cargo, y así hacer feliz a la provincia referida, y por qué no, a mi mismo.)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
