"Que no caiga". Ese es el lema de esta temporada del CDF, traducido por algunas malas lenguas como "Canal Demasiado Fome". Aparece en un réclame que probablemente usted, amable lectora, amable lector, ha visto. Es un réclame muy entretenido, y la verdad, debo decirlo, uno de los que más me gusta. Se me mueven solas las piernas (aunque yo sería incapaz de hacer una de las maniobras que salen en el vídeo) cuando suena eso de "que no caiga, que no toque el suelo".
Sin embargo no deja de resultarme paradójico un lema así cuando sucede que (y que no se diga que opino así debido al horroroso Torneo de Apertura hecho por el equipo de mis amores -¿o de mis pesadillas?-, Deportes Melipilla) el alicaído torneo de fútbol profesional chileno "cae" y cae cada día más, cada año más, sin ser capaz de levantar definitivamente cabeza o conseguir reencantar a la gente a pesar de las miles de fórmulas, siempre más enredadas, que se aplican para ordenar un torneo que más desordenado, llegando a niveles ridículos, no puede ser.
Porque no deja de ser ridículo, por dar un ejemplo, lo siguiente: Desde hace algún tiempo, a comienzos de cada torneo la ANFP saca una programación que da todos los horarios de todos los partidos de cada fecha. Es lo mínimo que el aficionado de un torneo que tenga pretenciones de ser decente podría esperar, para así planificarse, ver cuándo podrá ir a alentar a su equipo, ordenarse, tener seguridades. Sin embargo SIEMPRE esta programación sufre variaciones, las que aumentan a medida que pasa el tiempo. Algunos podrán decir que el factor "clima" es un imponderable, y ante eso no hay mucho que hacer si a causa de lluvias intensas hay que cambiar o suspender un partido. Puede ser, pero no estoy de acuerdo: en Europa hasta con nieve se ha jugado. De todos modos, aún aceptando ello, la mayor parte del tiempo los motivos son bastante menos aceptables que eso, pudiendo mencionar: 1. Falta de dotación policial. 2. Coincidencia con un partido entre dos equipos grandes -sólo Lota Schwager es capaz de programar sus partidos a la misma hora de un "Súperclásico"-. 3. El calor (¡sí, y pasó en Melipilla para más remate!). 4. Que pueda ir más gente al estadio (¡por qué no lo pensaron antes!). 5. Exigencias de la televisión. 6. Que uno de los rivales haya jugado un partido a mitad de semana (vaya a hacer algo así uno equipo europeo o argentino, sería el hazmerreír de sus pares). 7. Que se haya realizado un recital en el reducto. (y me faltan) Y esto pensando en que se cambie el horario... ¡Pues también puede ocurrir que se cambie el lugar donde se juega! Nos pasó hace muy poco con el duelo entre Santiago Morning y Deportes Melipilla, que hasta una semana antes del duelo era en el Estadio Municipal de La Pintana, pasando luego a ser en Santa Laura, y tres días antes del partido se avisó que finalmente se jugaría en el Monumental.
Así no se puede. Por otra parte, para muchos, "estadio" y "partido" han pasado a ser (aunque los partidos de las selecciones de fútbol femenino demuestran que no tiene por qué ser siempre así) sinónimos de inseguridad y violencia gracias a una manga de pelafustanes que como no tienen nada útil que hacer en sus vidas buscan el protagonismo en los estadios, que no son para que vengan unos ridículos a pintar el mono, sino para ir a ver el glorioso espectáculo que puede ser el fútbol). Además, nuestros estadios (salvo quizás el Monumental) son lugares que dan sincera pena, con baños indecentes, gradas incómodas y peligrosas, en algunas ocasiones mal ubicados, con desorden a la hora de comprar las entradas, con escasas medidas ante alguna emergencia, y donde a veces la policía puede ser tan celosa de hurgar por elementos peligrosos en un Santiago Morning-Melipilla y dejar operar en la más completa impunidad a hinchas notoriamente revoltosos en un Colo Colo-Universidad de Chile.
Para más remate, uno podría soportar todo lo anterior si al menos el espectáculo fuera decente. Pero, en primer lugar, al espectáculo se le hace pocaza promoción. El mismo canal de los réclames no de la "juega" por dar más partidos que los de los "grandes" (sólo da uno más en vivo, el resto son los pleitos que juegan Colo Colo y las universidades capitalinas) y su promoción al torneo en sí es escasa, por no decir nula, sin tener además muchos programas siquiera en la misma señal donde hable del torneo. La ANFP, ni hablar... Si ya las programaciones son confusas, en general ocupan un mínimo lugar en los periódicos o en los programas radiales, y no es capaz de hacer una campaña intensiva alentando la asistencia del público. En honor a la verdad, tampoco los clubes son capaces de alentar a los suyos, y en ello debo decir que el mío es vergonzoso al respecto, pues como gran "publicidad" ponen un letrero en la Plaza de Armas y uno afuera del estadio, siendo incapaces, por último, de salir con una camioneta y un megáfono (como Santiago Wanderers). En ocasiones, además, estos mismos clubes o bien cuentan con escaso respaldo, o, a veces debido a lo mismo, su conexión con la comunidad es escasa (de nuevo el mío...), creando pocos lazos que conduzcan a la fidelidad con el equipo. ¿Y los jugadores? En buena parte buscando el mínimo esfuerzo, los buenos queriendo emigrar lo más pronto posible, los más o menos buenos, buscando al club de la capital.
Y no está de más señalar que, normalmente, las entradas son caras para espectáculos y reductos que en muchas ocasiones apenas alcanzan el calificativo de "mediocres".
Así pues, ocurre que al final el "torneo" no cae porque todavía quedamos algunos que creemos en él, en nuestros equipos y en nuestro fútbol. Algunos "románticos del fútbol" (me incluyo), simpatizantes de toda una vida, algunos aburridos que no tienen nada mejor que hacer, arriesgados, los pelafustanes de ciertas barras, personajes que cada equipo suele tener... ¿Pero hasta cuando sobrevivirá un torneo de estos incondicionales, cuando podríamos lograr llegar a tener estadios llenos, como antaño, y no reductos que dan pena de verlos vacíos? Supongo que hasta que atinen los responsables de "que no caiga" el balón del fútbol profesional chileno, pero que eso pase no es algo que se vea muy cercano.
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domingo, mayo 11, 2008
miércoles, mayo 07, 2008
El mercado de las hamburguesas de soya.
Una de las cosas que me agrada de mi universidad, aunque no haya hecho uso de él (la vez que quise hacerlo me espanté con los precios de unas cajas antiguas) es el nutrido y variopinto mercado que se genera a las afueras de ella, en calle Almirante Barroso especialmente. Dependiendo de la hora y del día el transeunte y el estudiante pueden encontrar figuras en alambre, antigüedades, tejidos, joyas, artesanía, libros, información cultural, e incluso alimentación.
Dentro de este último rubro este año ha hecho explosión un producto en específico: las hamburguesas de soya. Este producto alimenticio al parecer se ha puesto de moda, y con diversos acompañamientos "sanos", viniendo además en su respectiva bolsita, son vendidas por acá entre $400 y $500 aproximadamente.
Yo la primera vez que supe de esa clase de hamburguesas (no soy precisamente muy "hamburguesero") fue gracias a Bohemia, que no come carne, y alguna vez en una visita a su casa nos las dio a probar a mi y a Nostalgia. Debo admitirlo: me gustaron. A pesar de que soy un omnívoro por naturaleza y genética familiar, y ni los mejores argumentos me hacen renunciar a los placeres de la carne -sí, sí, este es el momento en que algún lector puede decir que soy un criminal carnicero amante de la sangre-, la encontré de un sabor y substancia agradables, y estuvo bien para mi. Sin embargo no había vuelto a tener noticias de estas hamburguesas, salvo una vez en que Nostalgia compró una de ellas para el hambre en uno de los tantos recitales que en el Parque Italia del Puerto se realizan.
Hasta que este año se han presentado en gloria y majestad por la calle que se extiende a lo largo del grueso de la universidad a la que asisto. Sobre todo son vendidas, me he fijado, por jovenzuelos con vestimentas de estilo "punki", con voz suave y sin mucha promoción en realidad. Pero al parecer tienen éxito, porque se han ido multiplicando los proveedores, los que, sobre todo, tienen su hora de "hacerse la América" entre el mediodía y las dos de la tarde.
A tanto ha llegado este mercado que me asombra que incluso se venden promociones. Así es, porque uno de los proveedores (mejor dicho, una) ofrece combinar la hamburguesa con un tentador jugo natural, de frutillas me parece.
Así pues, parece que tendré que probarles la mano. Logran que se me haga agua la boca (lo que no es muy difícil).
Dentro de este último rubro este año ha hecho explosión un producto en específico: las hamburguesas de soya. Este producto alimenticio al parecer se ha puesto de moda, y con diversos acompañamientos "sanos", viniendo además en su respectiva bolsita, son vendidas por acá entre $400 y $500 aproximadamente.
Yo la primera vez que supe de esa clase de hamburguesas (no soy precisamente muy "hamburguesero") fue gracias a Bohemia, que no come carne, y alguna vez en una visita a su casa nos las dio a probar a mi y a Nostalgia. Debo admitirlo: me gustaron. A pesar de que soy un omnívoro por naturaleza y genética familiar, y ni los mejores argumentos me hacen renunciar a los placeres de la carne -sí, sí, este es el momento en que algún lector puede decir que soy un criminal carnicero amante de la sangre-, la encontré de un sabor y substancia agradables, y estuvo bien para mi. Sin embargo no había vuelto a tener noticias de estas hamburguesas, salvo una vez en que Nostalgia compró una de ellas para el hambre en uno de los tantos recitales que en el Parque Italia del Puerto se realizan.
Hasta que este año se han presentado en gloria y majestad por la calle que se extiende a lo largo del grueso de la universidad a la que asisto. Sobre todo son vendidas, me he fijado, por jovenzuelos con vestimentas de estilo "punki", con voz suave y sin mucha promoción en realidad. Pero al parecer tienen éxito, porque se han ido multiplicando los proveedores, los que, sobre todo, tienen su hora de "hacerse la América" entre el mediodía y las dos de la tarde.
A tanto ha llegado este mercado que me asombra que incluso se venden promociones. Así es, porque uno de los proveedores (mejor dicho, una) ofrece combinar la hamburguesa con un tentador jugo natural, de frutillas me parece.
Así pues, parece que tendré que probarles la mano. Logran que se me haga agua la boca (lo que no es muy difícil).
domingo, diciembre 24, 2006
Un recorrido navideño.
Este año no se me ocurrió nada personal que escribir. Sin embargo, en mi ánimo de trotamundos pobre (y sin la suficiente valentía como para largarme sin un peso por los caminos) quise hacer un breve recorrido por esos lugares lejanos que me gustan para ver qué se dice de esta fecha especial, la Navidad, por aquellos lares. Aquí el resultado:
Pudiera sorprender que el presidente de una República Islámica envíe un mensaje de Navidad, sin embargo, oh sorpresa, sí lo hace. En parte de su texto Mahmud Ahmadineyad señala: "Creemos que el amado Jesucristo también aparecerá en cumplimiento de una promesa de todos los profetas, y que, mano a mano, el Prometido de las naciones traerá como regalo toda la belleza y la bondad para todo el género humano y para toda la tierra, y que en estos días nos acercamos un año más a ese glorioso día.
Además de conmemorar la natividad del profeta de la amistad y del amor, Jesucristo, y felicitar la llegada del nuevo año cristiano, le ruego a Dios, Clemente y Misericordioso, que traiga a todos, en especial a los cristianos de Irán y del mundo, felicidad y salud y que sea un año lleno de bendición, éxito y amor."
Por su parte el ánimo no es de los mejores en Belén, al parecer. La Oficina de Información Chileno-Palestina dice en su nota "Navidad bajo la ocupación en Belén": "Hablar de la Navidad es imposible sin hacer alguna referencia a Belén, el lugar donde nació Jesús. La misma ciudad que hoy se encuentra rodeada de asentamientos, un muro que divide a sus habitantes y cortada por puntos de control que no permiten el libre desplazamiento. Este año, como muchos otros, Belén desafía el cierre y el sitio, mientras los residentes tratan de celebrar Navidad a pesar de las dificultades causadas por las prácticas ilegales de la ocupación israelí.". Es que debe ser un poco complicado tener un ánimo de alegría en un país donde, como señala el Patriarca Latino de Jerusalén en su mensaje: "Navidad vuelve a llegar a Belén, este año, en las mismas circunstancias de muerte y frustración, con el muro y las barreras en la tierra y en los corazones. La «ocupación» y la privación de la libertad, por un lado, el miedo y la inseguridad, por otro, se mantienen. Gaza sigue siendo una gran prisión, un lugar de muerte y de internos disensos palestinos. Incluso niños han sido asesinados. Y, todos, incluida la comunidad internacional, permanecen impotentes para encontrar las verdaderas sendas de paz y de justicia."
Una interesante reseña de las costumbres navideñas en ese país hace el Servicio Hispánico de Radio Bulgaria, acotando, como la conducta que me llamó más la atención, que comen sólo vegetales en el día 24. (¿renunciaríamos los chilenos a nuestros suculentos trozos de carne?) Los que comprenden el inglés reirán además con el "Arma Secreta de Dresden", o cómo los yanquis son tan paranoicos que sospechan de un pastel de frutas navideño como arma biológica, según informa la redacción inglesa de la Deutsche Welle. En Serbia por su parte la Navidad espera para su mayoría ortodoxa, que al tener calendario juliano es más tarde que para los católicos de occidente. Sin embargo el Patriarca Pavle de la Iglesia Ortodoxa Serbia en su saludo a los católicos del rito Romano (Latino) deseó "que en el nuevo año haya menos inquietud y mas tranquilidad, menos odio y mas amor, menos discordia y mas concordia.", como apunta Radio Serbia Internacional. Por su parte llega hasta África el legado de una idea nacida en Roma: la comida de Navidad de la comunidad de San Edigio. Detalla la agencia Fides que "en Mozambique la Navidad se celebrará en más de 20 ciudades, en la que participarán niños de la calle, mendigos, leprosos, ciegos, familias pobres y muchos presos. En África la pobreza emerge con particular dureza en las cárceles, por ello, muchas comunidades africanas, en Mozambique, Guinea Conakry, Burkina Faso, no sólo visitan regularmente los presos, sino que en el día de Navidad preparan una comida que es para muchos el único verdadero almuerzo de todo el año."
Sin embargo quizás la noticia que más me sorprendió de todas las revisadas fue una originada en Inglaterra. Y es que, al parecer, como Zenit señala, en la isla ocurre que "«Lo que hoy se querría es una ‘Navidad sin Jesús’, una Navidad reducida a pura fiesta de disfrute y despreocupada»" ya que "Entre los signos que denotan esta guerra a la Navidad, «The Sun» señala que las casas comerciales están prohibiendo las decoraciones navideñas si ofenden a otras creencias; la Navidad ha sido rebautizada como Intervalo de Invierno, las tarjetas llevan la leyenda «Felices vacaciones» en lugar de «Felices Navidades»; las representaciones de Navidad son prohibidas si los no cristianos las encuentran ofensivas.". Por decir lo menos, extraño.
Feliz Navidad para todos los que pasen por aquí, que ojalá la puedan vivir en paz y sintiendo el amor y la esperanza que se nos regala en estas fechas.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
Pudiera sorprender que el presidente de una República Islámica envíe un mensaje de Navidad, sin embargo, oh sorpresa, sí lo hace. En parte de su texto Mahmud Ahmadineyad señala: "Creemos que el amado Jesucristo también aparecerá en cumplimiento de una promesa de todos los profetas, y que, mano a mano, el Prometido de las naciones traerá como regalo toda la belleza y la bondad para todo el género humano y para toda la tierra, y que en estos días nos acercamos un año más a ese glorioso día.
Además de conmemorar la natividad del profeta de la amistad y del amor, Jesucristo, y felicitar la llegada del nuevo año cristiano, le ruego a Dios, Clemente y Misericordioso, que traiga a todos, en especial a los cristianos de Irán y del mundo, felicidad y salud y que sea un año lleno de bendición, éxito y amor."
Por su parte el ánimo no es de los mejores en Belén, al parecer. La Oficina de Información Chileno-Palestina dice en su nota "Navidad bajo la ocupación en Belén": "Hablar de la Navidad es imposible sin hacer alguna referencia a Belén, el lugar donde nació Jesús. La misma ciudad que hoy se encuentra rodeada de asentamientos, un muro que divide a sus habitantes y cortada por puntos de control que no permiten el libre desplazamiento. Este año, como muchos otros, Belén desafía el cierre y el sitio, mientras los residentes tratan de celebrar Navidad a pesar de las dificultades causadas por las prácticas ilegales de la ocupación israelí.". Es que debe ser un poco complicado tener un ánimo de alegría en un país donde, como señala el Patriarca Latino de Jerusalén en su mensaje: "Navidad vuelve a llegar a Belén, este año, en las mismas circunstancias de muerte y frustración, con el muro y las barreras en la tierra y en los corazones. La «ocupación» y la privación de la libertad, por un lado, el miedo y la inseguridad, por otro, se mantienen. Gaza sigue siendo una gran prisión, un lugar de muerte y de internos disensos palestinos. Incluso niños han sido asesinados. Y, todos, incluida la comunidad internacional, permanecen impotentes para encontrar las verdaderas sendas de paz y de justicia."
Una interesante reseña de las costumbres navideñas en ese país hace el Servicio Hispánico de Radio Bulgaria, acotando, como la conducta que me llamó más la atención, que comen sólo vegetales en el día 24. (¿renunciaríamos los chilenos a nuestros suculentos trozos de carne?) Los que comprenden el inglés reirán además con el "Arma Secreta de Dresden", o cómo los yanquis son tan paranoicos que sospechan de un pastel de frutas navideño como arma biológica, según informa la redacción inglesa de la Deutsche Welle. En Serbia por su parte la Navidad espera para su mayoría ortodoxa, que al tener calendario juliano es más tarde que para los católicos de occidente. Sin embargo el Patriarca Pavle de la Iglesia Ortodoxa Serbia en su saludo a los católicos del rito Romano (Latino) deseó "que en el nuevo año haya menos inquietud y mas tranquilidad, menos odio y mas amor, menos discordia y mas concordia.", como apunta Radio Serbia Internacional. Por su parte llega hasta África el legado de una idea nacida en Roma: la comida de Navidad de la comunidad de San Edigio. Detalla la agencia Fides que "en Mozambique la Navidad se celebrará en más de 20 ciudades, en la que participarán niños de la calle, mendigos, leprosos, ciegos, familias pobres y muchos presos. En África la pobreza emerge con particular dureza en las cárceles, por ello, muchas comunidades africanas, en Mozambique, Guinea Conakry, Burkina Faso, no sólo visitan regularmente los presos, sino que en el día de Navidad preparan una comida que es para muchos el único verdadero almuerzo de todo el año."
Sin embargo quizás la noticia que más me sorprendió de todas las revisadas fue una originada en Inglaterra. Y es que, al parecer, como Zenit señala, en la isla ocurre que "«Lo que hoy se querría es una ‘Navidad sin Jesús’, una Navidad reducida a pura fiesta de disfrute y despreocupada»" ya que "Entre los signos que denotan esta guerra a la Navidad, «The Sun» señala que las casas comerciales están prohibiendo las decoraciones navideñas si ofenden a otras creencias; la Navidad ha sido rebautizada como Intervalo de Invierno, las tarjetas llevan la leyenda «Felices vacaciones» en lugar de «Felices Navidades»; las representaciones de Navidad son prohibidas si los no cristianos las encuentran ofensivas.". Por decir lo menos, extraño.
Feliz Navidad para todos los que pasen por aquí, que ojalá la puedan vivir en paz y sintiendo el amor y la esperanza que se nos regala en estas fechas.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
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Crítica y crónica (o intentos de)
martes, diciembre 12, 2006
Se murió.
10 de diciembre. Era un domingo más. Desperté tarde, pues me acosté bastante tarde hablando y escuchando canciones. De todos modos, alcanzamos a llegar a la misa de doce, que tuvo bastante concurrencia, como siempre. El calor, el típico del de un domingo de diciembre, sofocando desde tempranos momentos del día. Lo único anormal fue que mi tía, por vez primera, pudo comprar empanadas a la salida de misa. (El público suele agotarlas rápidamente)
Fuimos a almorzar a casa de mi abuela Guille, como solemos hacerlo muchos domingos. La sensación de sofoco era la misma que suele sentirse todos los días de calor en esa casa. El almuerzo, como siempre, constó de dos platos, y en la TV había puesta una serial, como para pasar la hora y el día. Mientras comíamos "el segundo", una llamada. Mi abuela, discretamente pero no tanto, se preguntaba cómo a mi tía, su hija, se le ocurría llamar a esa hora. Esa llamada portaba las noticias que el ineficiente RED TV no fue capaz de dar al momento.
La llamada causó que cambiáramos la TV. Que decía que Augusto Pinochet había muerto. Al parecer, nadie de los cinco que estábamos en la mesa le tomamos el peso al asunto de inmediato. Ni ningún gran peso posteriormente. Veíamos las imágenes y escuchábamos las palabras. Pero no hubo ninguna gran explosión, ninguna expresión de gran emotividad. Mi tía María se fue a dormir. Desconozco si hará lo que decía el viernes: que se tomaría una semana luego del hecho. Yo, mi madre, mi tía abuela y mi citada abuela nos quedamos a la mesa, viendo la televisión, y hablando, pero no mucho. Intentamos ubicar a mi otra abuela, sin éxito. Después yo sabría por qué.
Se había muerto. Había razones para creer que mi tía abuela, que para 1973 era dirigente en su fábrica, logró llegar a duras penas a casa el 11, y luego pasó unos días detenida y perdió sus ahorros en las devaluaciones, podría festejar. Se puso contenta, pero dijo muy poco. Su hermana, que inexplicablemente (o sea, hay una sola explicación: el rencor hacia su hermana ya mencionada) se ha puesto más derechista con la edad, hizo pocos comentarios. Yo y mi madre lanzamos algunas tallas, pero dijimos poco. Y es que ambos coincidimos bastante en nuestras reacciones. No había motivo de salir a abrir champaña, como algunos. Pero tampoco ni una lágrima ni pena por alguien que no la merece.
Sí historia y recuerdo.
De vuelta a casa mi madre me contaba algo que yo desconocía. A mis abuelos paternos, que se mofaban de la muerte del tirano por teléfono, el 11 de septiembre del 73 sus vecinos les fueron a bailar en las afueras de su casa, por ser partidarios de Allende. Imagino, es una de las cosas que me gustaría sentenciar escribiendo historia, que a mucha gente le pasó lo mismo. No considero por ello que deba salir ahora a bailar frente a la casa de alguien. Pues la bajeza humana no es algo que deba compartirse. Los errores están para superarlos, no para imitarlos. Comprendo las sonrisas de aquellos que tuvieron muertos durante la dictadura/gobierno autoritario, los besos de los padres de los Vergara Toledo de Villa Francia (que reaccionó, más allá de las barricadas, con recuerdo y películas, y no como los pseudoanarquistas-"dejar la cagada" que, como decían en el fotolog de un amigo, deberían quemarse la raja, pues jetones como esos hacen que la gente pida a gritos gente como Pinochet.), pero yo no considero que haya habido nada que festejar. Se murió, como toda la gente muere; eso no es en si mismo una victoria. Lo único que demuestra es que no era "inmortal", como los carteles de sus incondicionales decían.
Además, ¿por qué alegrarse? Hoy he visto por televisión, por supuesto, extranjera (TV5 de Francia) una noticia que debería darnos vergüenza. Pues la Etiopía de la que nos acordamos con lástima y sorna por sus niñitos hambrientos, la Etiopía en la cual hasta hoy un viaje dentro del país podría demorar meses, que apenas tiene una línea de ferrocarril; esa Etiopía ha conseguido condenar a su dictador Mengistu, de inspiración marxista, por genocidio, muertes muchas de las cuales cometidas contra eritreos, que ahora, como nación independiente, son azuzados por su gobierno contra Etiopía. Ellos lo hicieron, después de 10 años, con calles de tierra. ¿Y acá? Se equivoca el señor Libedinsky, que me parece respetable, cuando dice que el Poder Judicial chileno hizo todo lo que pudo. La Alta Corte Federal de Etiopía hoy, en un sabio acto de la vida, acaba de hacer tabla rasa con sus palabras.
Lástima no se merece. ¿Lástima a alguien que lo tuvo todo, que aprovechó todo? Uno de los que fuera mis profesores lleva días esperando una cama para operarse de un tumor. Este individuo tenía una ambulancia y una cama en un hospital aseguradas para lo que le ocurriera. En la balanza, mi profesor merecería mucho más ser atendido por un médico, a mi parecer. Cuando estuvo preso, tuvo abogados, el mejor abogado de este país en realidad (en términos meramente jurídicos). Sin hacer nada vivió mejor que los que viven bajo los puentes, que los que cosechan zanahorias en las noches de invierno, que los pirquineros, que casi toda esta nación. ¿Qué lástima debería tenerle? No, ninguna.
Tampoco pediré por su alma. Me referiré aquí a un punto que me resulta doloroso. Es que estoy profundamente decepcionado de la reacción de la iglesia a la que adscribo, la Iglesia Católica, ante estos episodios. No porque hayan ido a hacerle misas y responsos, pues eso cabe para todo católico en la hora de la muerte, desde el que ha asesinado hasta el bebé que muere a los días. Sino que de otras palabras, innecesarias. Que el cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, haya señalado que "[Pinochet] sintió el deber de asumir el mando supremo de la Nación" y "En esta hora le agradecemos a Dios todas las cualidades que le dio y todo el bien que hizo a nuestra Patria" me parece poco menos que una traición a la memoria de sus antecesores Raúl Silva Henríquez y Juan Francisco Fresno. Pues si bien en su momento el cardenal Silva Henríquez dio un apoyo limitado al Golpe, denunciando también los aspectos que le parecían ilegítimos; a la luz de lo que sabemos actualmente no podemos decir que Pinochet haya "sentido el deber". Fue un oportunista, un sobreviviente, un tipo que dijo "si no lo hago yo otros pasarán por sobre mi". No me parece que lo haya movido una conciencia patriótica. Y desconozco qué deberíamos agradecerle, pues sus antecesores ya mencionados denunciaron públicamente todo el mal causado por su gobierno, y eso no estuvo presente en las palabras de la autoridad eclesiástica de Santiago. Si no iba a mencionar esta arista, no veo por qué mencionó la otra. Y lo del supuesto deber pudo ser obviado. Por otro lado de parte de la Iglesia, la misma que habló de "cultura de muerte" durante su mandato, no leí ninguna reacción que me parezca en relación con ello, salvo quizás la del antiguo Vicario para los Trabajadores, monseñor Baeza. La más notable de las reacciones de la Iglesia tuvo que venir de... Paraguay. Y es que el obispo Melanio Medina "consideró que el ex dictador Augusto Pinochet, fallecido el domingo, tendrá 'un veredicto inapelable de Dios' al no responder en vida por los crímenes perpetrados durante su régimen." (Radio Cooperativa, 11-12-06). Como creyente, y también con él como creyente en la misma fe, esa certeza me tranquiliza, pues se sabe que no es Dios quien condena, sino los hombres, y "de los arrepentidos es el reino de los cielos", pero el cielo no se abrirá en júbilo para alguien que, al menos dentro de lo que sabemos, nunca fue capaz de decir "perdón" ni de tener "un gesto de grandeza"; gesto que, como me recordaba hoy mi abuelo, salvó la figura de O'Higgins para la posteridad, pues éste fue capaz de decir "aquí está mi pecho" y retirarse. Pinochet no siguió en el poder porque Merino, Matthei y Stange no lo respaldaron.
Da para ver paradojas y reacciones inexplicables este hecho, una de ellas es la de Matthei. Pudiendo pasar a la historia como el hombre que dijo "tengo claro que ganó el No, pero estamos tranquilos", ahora se le ocurre tildar al mismo que quería hacerle firmar poderes especiales de "un gigante". Quiero creer que este de verdad tiene demencia, pero no lo sé, especialmente considerando que aceptó quedarse al mando de la Fuerza Aérea cuando Leigh, que podrá haber sido muy fascista pero al toda la vida se mantuvo en un camino claro, a mi parecer, fue "echado" por Pinochet. En un aparte quiero respaldar a Belisario Velasco, criticable por muchas cosas, pero en este asunto el único tipo con cojones (salvo quizás la ministra Blanlot... Y bueno, en este caso, Bachelet estaba de manos atadas, lo sabemos) de este Gobierno, pues dijo la verdad, Pinochet no es un héroe, no es el salvador de la Patria, pero tampoco Satanás encarnado. Es lo que es, un dictador más, un tirano, y una creatura de la historia y una sociedad que tampoco asumen haberle dado espacio. (Ravinet puede meterse su "mal gusto" donde le quepa; lo suyo es, como dijo el dignísimo senador Ruíz Esquide, "inaceptable".)
Pues un hombre como él no nació por voluntad propia, sino ante una oportunidad abierta. Abierta, como señala hoy "La Nación", que me parece que ha tenido una gran reacción tanto el lunes como el martes en sus ediciones, porque en su momento nadie (ni derecha, ni izquierda, ni decé, ni pueblo. Hago dos posibles excepciones, que son las que creo conocer: Carlos Prats y Raúl Silva Henríquez) tuvo demasiado compromiso con la democracia, con la justicia, con el respeto por los otros... Pues la voluntad de "hacer la revolución" o "acabar con el marxismo" estaba por sobre todo. Incluso ante el matar. Y Pinochet, y sus colaboradores, y todos aquellos que incitaron la violencia, del bando que sean, saben y sabemos que "no matarás". Las manos están manchadas con sangre en el caso de muchos, y de pocos se ha oído la palabra que sí se oyó de un hombre al que muchos criticarán por "haberse dado vuelta la chaqueta" o por "golpista", pero que al menos reconoció su error, como es el pifiado durante el funeral: Patricio Aylwin Azócar.
La vida, Dios para los que creemos, es más sabia que todos nosotros juntos... Pinochet murió fracasado, a pesar de los vítores de sus partidarios. Por su mente debe haber pasado una muerte como la de Franco, al que dudo que se le destruya algún día su Valle de los Caídos. Este va a tener que quedarse en una ánfora, en una casa, que quizás algún día alguien robe o venda. A Franco (recordemos además que el gobierno español prefirió echar a Pinochet para recibir a las otras altas personalidades) lo despidieron dignatarios de toda Europa. A este, sus seguidores de opereta y el Ejército, que no hizo más que cumplir con un deber que me parece un "cacho" para esta institución. Morirá además ignorado, sin mucha pena ni mucha gloria, pues mañana el país vibrará con Colo Colo, que si gana dará paso a un país blanco el jueves, o a una depresión general, pero borrará su noticia de las mentes, y luego la Navidad, el Año Nuevo, los fuegos artificiales, el verano y los culos en directo desde las playas, y la vida seguirá. No se morirá nadie ni se acabará el mundo con su muerte.
La vida... Es paradójico, pues el mismo día en que "estiró la pata" recibí la noticia de que tengo una hermana, que nació una personita indefensa que lleva mi mismo primer apellido. Y que espero que, a pesar de que no nace bajo los mejores augurios, sea un signo de esperanza. De esperanza que las cosas sean distintas. Pues no puedo sino concordar, al mirar y al vivir en este país, lo dicho por el escritor Darío Oses ayer en "La Nación": que "la larga noche del general volverá a extenderse sobre nuestra patria". Pues no se ha reconocido que le dimos espacio a su capa. Podríamos volver a hacerlo.
Sin embargo, quisiera despedirme con una luz de esperanza. Se murió. Al fin, tenía que ocurrir. Que su nombre y sus actos nos queden en la memoria sólo para asociarlo con dos palabras: Nunca más.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
Fuimos a almorzar a casa de mi abuela Guille, como solemos hacerlo muchos domingos. La sensación de sofoco era la misma que suele sentirse todos los días de calor en esa casa. El almuerzo, como siempre, constó de dos platos, y en la TV había puesta una serial, como para pasar la hora y el día. Mientras comíamos "el segundo", una llamada. Mi abuela, discretamente pero no tanto, se preguntaba cómo a mi tía, su hija, se le ocurría llamar a esa hora. Esa llamada portaba las noticias que el ineficiente RED TV no fue capaz de dar al momento.
La llamada causó que cambiáramos la TV. Que decía que Augusto Pinochet había muerto. Al parecer, nadie de los cinco que estábamos en la mesa le tomamos el peso al asunto de inmediato. Ni ningún gran peso posteriormente. Veíamos las imágenes y escuchábamos las palabras. Pero no hubo ninguna gran explosión, ninguna expresión de gran emotividad. Mi tía María se fue a dormir. Desconozco si hará lo que decía el viernes: que se tomaría una semana luego del hecho. Yo, mi madre, mi tía abuela y mi citada abuela nos quedamos a la mesa, viendo la televisión, y hablando, pero no mucho. Intentamos ubicar a mi otra abuela, sin éxito. Después yo sabría por qué.
Se había muerto. Había razones para creer que mi tía abuela, que para 1973 era dirigente en su fábrica, logró llegar a duras penas a casa el 11, y luego pasó unos días detenida y perdió sus ahorros en las devaluaciones, podría festejar. Se puso contenta, pero dijo muy poco. Su hermana, que inexplicablemente (o sea, hay una sola explicación: el rencor hacia su hermana ya mencionada) se ha puesto más derechista con la edad, hizo pocos comentarios. Yo y mi madre lanzamos algunas tallas, pero dijimos poco. Y es que ambos coincidimos bastante en nuestras reacciones. No había motivo de salir a abrir champaña, como algunos. Pero tampoco ni una lágrima ni pena por alguien que no la merece.
Sí historia y recuerdo.
De vuelta a casa mi madre me contaba algo que yo desconocía. A mis abuelos paternos, que se mofaban de la muerte del tirano por teléfono, el 11 de septiembre del 73 sus vecinos les fueron a bailar en las afueras de su casa, por ser partidarios de Allende. Imagino, es una de las cosas que me gustaría sentenciar escribiendo historia, que a mucha gente le pasó lo mismo. No considero por ello que deba salir ahora a bailar frente a la casa de alguien. Pues la bajeza humana no es algo que deba compartirse. Los errores están para superarlos, no para imitarlos. Comprendo las sonrisas de aquellos que tuvieron muertos durante la dictadura/gobierno autoritario, los besos de los padres de los Vergara Toledo de Villa Francia (que reaccionó, más allá de las barricadas, con recuerdo y películas, y no como los pseudoanarquistas-"dejar la cagada" que, como decían en el fotolog de un amigo, deberían quemarse la raja, pues jetones como esos hacen que la gente pida a gritos gente como Pinochet.), pero yo no considero que haya habido nada que festejar. Se murió, como toda la gente muere; eso no es en si mismo una victoria. Lo único que demuestra es que no era "inmortal", como los carteles de sus incondicionales decían.
Además, ¿por qué alegrarse? Hoy he visto por televisión, por supuesto, extranjera (TV5 de Francia) una noticia que debería darnos vergüenza. Pues la Etiopía de la que nos acordamos con lástima y sorna por sus niñitos hambrientos, la Etiopía en la cual hasta hoy un viaje dentro del país podría demorar meses, que apenas tiene una línea de ferrocarril; esa Etiopía ha conseguido condenar a su dictador Mengistu, de inspiración marxista, por genocidio, muertes muchas de las cuales cometidas contra eritreos, que ahora, como nación independiente, son azuzados por su gobierno contra Etiopía. Ellos lo hicieron, después de 10 años, con calles de tierra. ¿Y acá? Se equivoca el señor Libedinsky, que me parece respetable, cuando dice que el Poder Judicial chileno hizo todo lo que pudo. La Alta Corte Federal de Etiopía hoy, en un sabio acto de la vida, acaba de hacer tabla rasa con sus palabras.
Lástima no se merece. ¿Lástima a alguien que lo tuvo todo, que aprovechó todo? Uno de los que fuera mis profesores lleva días esperando una cama para operarse de un tumor. Este individuo tenía una ambulancia y una cama en un hospital aseguradas para lo que le ocurriera. En la balanza, mi profesor merecería mucho más ser atendido por un médico, a mi parecer. Cuando estuvo preso, tuvo abogados, el mejor abogado de este país en realidad (en términos meramente jurídicos). Sin hacer nada vivió mejor que los que viven bajo los puentes, que los que cosechan zanahorias en las noches de invierno, que los pirquineros, que casi toda esta nación. ¿Qué lástima debería tenerle? No, ninguna.
Tampoco pediré por su alma. Me referiré aquí a un punto que me resulta doloroso. Es que estoy profundamente decepcionado de la reacción de la iglesia a la que adscribo, la Iglesia Católica, ante estos episodios. No porque hayan ido a hacerle misas y responsos, pues eso cabe para todo católico en la hora de la muerte, desde el que ha asesinado hasta el bebé que muere a los días. Sino que de otras palabras, innecesarias. Que el cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, haya señalado que "[Pinochet] sintió el deber de asumir el mando supremo de la Nación" y "En esta hora le agradecemos a Dios todas las cualidades que le dio y todo el bien que hizo a nuestra Patria" me parece poco menos que una traición a la memoria de sus antecesores Raúl Silva Henríquez y Juan Francisco Fresno. Pues si bien en su momento el cardenal Silva Henríquez dio un apoyo limitado al Golpe, denunciando también los aspectos que le parecían ilegítimos; a la luz de lo que sabemos actualmente no podemos decir que Pinochet haya "sentido el deber". Fue un oportunista, un sobreviviente, un tipo que dijo "si no lo hago yo otros pasarán por sobre mi". No me parece que lo haya movido una conciencia patriótica. Y desconozco qué deberíamos agradecerle, pues sus antecesores ya mencionados denunciaron públicamente todo el mal causado por su gobierno, y eso no estuvo presente en las palabras de la autoridad eclesiástica de Santiago. Si no iba a mencionar esta arista, no veo por qué mencionó la otra. Y lo del supuesto deber pudo ser obviado. Por otro lado de parte de la Iglesia, la misma que habló de "cultura de muerte" durante su mandato, no leí ninguna reacción que me parezca en relación con ello, salvo quizás la del antiguo Vicario para los Trabajadores, monseñor Baeza. La más notable de las reacciones de la Iglesia tuvo que venir de... Paraguay. Y es que el obispo Melanio Medina "consideró que el ex dictador Augusto Pinochet, fallecido el domingo, tendrá 'un veredicto inapelable de Dios' al no responder en vida por los crímenes perpetrados durante su régimen." (Radio Cooperativa, 11-12-06). Como creyente, y también con él como creyente en la misma fe, esa certeza me tranquiliza, pues se sabe que no es Dios quien condena, sino los hombres, y "de los arrepentidos es el reino de los cielos", pero el cielo no se abrirá en júbilo para alguien que, al menos dentro de lo que sabemos, nunca fue capaz de decir "perdón" ni de tener "un gesto de grandeza"; gesto que, como me recordaba hoy mi abuelo, salvó la figura de O'Higgins para la posteridad, pues éste fue capaz de decir "aquí está mi pecho" y retirarse. Pinochet no siguió en el poder porque Merino, Matthei y Stange no lo respaldaron.
Da para ver paradojas y reacciones inexplicables este hecho, una de ellas es la de Matthei. Pudiendo pasar a la historia como el hombre que dijo "tengo claro que ganó el No, pero estamos tranquilos", ahora se le ocurre tildar al mismo que quería hacerle firmar poderes especiales de "un gigante". Quiero creer que este de verdad tiene demencia, pero no lo sé, especialmente considerando que aceptó quedarse al mando de la Fuerza Aérea cuando Leigh, que podrá haber sido muy fascista pero al toda la vida se mantuvo en un camino claro, a mi parecer, fue "echado" por Pinochet. En un aparte quiero respaldar a Belisario Velasco, criticable por muchas cosas, pero en este asunto el único tipo con cojones (salvo quizás la ministra Blanlot... Y bueno, en este caso, Bachelet estaba de manos atadas, lo sabemos) de este Gobierno, pues dijo la verdad, Pinochet no es un héroe, no es el salvador de la Patria, pero tampoco Satanás encarnado. Es lo que es, un dictador más, un tirano, y una creatura de la historia y una sociedad que tampoco asumen haberle dado espacio. (Ravinet puede meterse su "mal gusto" donde le quepa; lo suyo es, como dijo el dignísimo senador Ruíz Esquide, "inaceptable".)
Pues un hombre como él no nació por voluntad propia, sino ante una oportunidad abierta. Abierta, como señala hoy "La Nación", que me parece que ha tenido una gran reacción tanto el lunes como el martes en sus ediciones, porque en su momento nadie (ni derecha, ni izquierda, ni decé, ni pueblo. Hago dos posibles excepciones, que son las que creo conocer: Carlos Prats y Raúl Silva Henríquez) tuvo demasiado compromiso con la democracia, con la justicia, con el respeto por los otros... Pues la voluntad de "hacer la revolución" o "acabar con el marxismo" estaba por sobre todo. Incluso ante el matar. Y Pinochet, y sus colaboradores, y todos aquellos que incitaron la violencia, del bando que sean, saben y sabemos que "no matarás". Las manos están manchadas con sangre en el caso de muchos, y de pocos se ha oído la palabra que sí se oyó de un hombre al que muchos criticarán por "haberse dado vuelta la chaqueta" o por "golpista", pero que al menos reconoció su error, como es el pifiado durante el funeral: Patricio Aylwin Azócar.
La vida, Dios para los que creemos, es más sabia que todos nosotros juntos... Pinochet murió fracasado, a pesar de los vítores de sus partidarios. Por su mente debe haber pasado una muerte como la de Franco, al que dudo que se le destruya algún día su Valle de los Caídos. Este va a tener que quedarse en una ánfora, en una casa, que quizás algún día alguien robe o venda. A Franco (recordemos además que el gobierno español prefirió echar a Pinochet para recibir a las otras altas personalidades) lo despidieron dignatarios de toda Europa. A este, sus seguidores de opereta y el Ejército, que no hizo más que cumplir con un deber que me parece un "cacho" para esta institución. Morirá además ignorado, sin mucha pena ni mucha gloria, pues mañana el país vibrará con Colo Colo, que si gana dará paso a un país blanco el jueves, o a una depresión general, pero borrará su noticia de las mentes, y luego la Navidad, el Año Nuevo, los fuegos artificiales, el verano y los culos en directo desde las playas, y la vida seguirá. No se morirá nadie ni se acabará el mundo con su muerte.
La vida... Es paradójico, pues el mismo día en que "estiró la pata" recibí la noticia de que tengo una hermana, que nació una personita indefensa que lleva mi mismo primer apellido. Y que espero que, a pesar de que no nace bajo los mejores augurios, sea un signo de esperanza. De esperanza que las cosas sean distintas. Pues no puedo sino concordar, al mirar y al vivir en este país, lo dicho por el escritor Darío Oses ayer en "La Nación": que "la larga noche del general volverá a extenderse sobre nuestra patria". Pues no se ha reconocido que le dimos espacio a su capa. Podríamos volver a hacerlo.
Sin embargo, quisiera despedirme con una luz de esperanza. Se murió. Al fin, tenía que ocurrir. Que su nombre y sus actos nos queden en la memoria sólo para asociarlo con dos palabras: Nunca más.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
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Crítica y crónica (o intentos de)
martes, noviembre 14, 2006
Mes de María.
Estimado lector. Y lectora. Al leer el título de este escrito probablemente usted piense que voy a hacer una especie de nota histórica. A desempolvar un añejo rito como para hablar de él en afán de recuerdo. Y no es así. De hecho, me nació hablar de este mes precisamente porque me sorprende su vitalidad. Porque me sorprende ver que incluso los sábado a las 7:00 la parroquia está casí llena de fieles, que normalmente no harían algo así, y no deja de ser asombroso saber que sigue rezandose el Mes de María en capillas y parroquias, barrios y plazas, conventos y hospitales... Como cuando, hace no tantos años, mi tía y mi abuela me sacaban a rezar el rosario a la plaza que varios de ustedes conocen. Este año decidí retomar la tradición, por diversos y secretos motivos. Con extraño gusto he podido notar que no he olvidado el rito.
Es que el Mes de María, como suele ocurrir con estas cosas, sigue vivo precisamente por la gente. Por la abuela que cría al nieto y lo lleva a la parroquia en espera de una madre que siempre llega tarde y cansada. Por la madre que no trabaja, y lleva a su hijo que es feliz corriendo por los pasillos del templo, feliz como ella misma no lo es. Por las señoras que viven solas, en esas vidas que parecen ser siempre iguales, cada día igual, y que, en parte por eso y en parte para romper eso, recuerdan que entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre hay que ir a rezar el Rosario. Por el trabajador que demora un poco más la llegada a la casa y al plato de tallarines por un mes sólo porque al estar allí, frente a esa imagen hermosa, siente que vuelve la madre que hace tanto se fue. Por el joven que todavía la tiene consigo, pero está tan lejana que es como si no estuviera, e incluso esta éterea y anticuada le parece más cercana.
El Mes de María debe ser de lo más tradicional de los católicos. Aunque la Adoración Nocturna Chilena, que reparte los folletos con las oraciones del mes, ponga las oraciones con el pronombre "tú", el poder de la gente puede más, y sigue rezando el "vos". Hasta el coro juvenil más innovador se ve obligado a ceder ante el invencible "Venid y vamos todos", himno oficial e indiscutible de estos días. Y aquellas mismas oraciones que aparecen encabezadas por el Pbro. Rodolfo Vergara Antúnez, a quien nadie recordará, pero aquellos párrafos que comienzan con "¡Oh María!" salen a flote de la memoria incluso de aquellos que hace años no volvían a esta tradición que sigue viva.
Alguna vez el Padre Alfredo, nuestro "guía espiritual", ha señalado que la Iglesia Católica a comienzos del siglo XX tenía cuatro pilares: el Partido Conservador, la devoción al Sagrado Corazón, la devoción a la Vírgen del Carmen y los Ejercicios Espirituales (de San Ignacio). El primero murió hace bastante, por más que muchos pretendan ver en la UDI o la DC una especie de émulo. Las devociones al Sagrado Corazón y la Vírgen del Carmen suelen estar venidas a menos; si bien hay gente que las mantiene, ya no son 10 cuadras de jóvenes marchando (lea "Banda de guerra", referido a la procesión por la Patrona de Chile) en honor de la señora del Carmelo. Los ejercicios espirituales son practicados por algunos, sí, pero la mayoría los desconoce, y supongo que no muchos querrían someterse al camino de escoger entre "las dos banderas". De las misas ni hablar; si bien es posible ver parroquias llenas en muchas partes, los datos duros de los números son claros, y con suerte el 20% de los católicos va. Pero sí queda, sí vive, el Mes de María.
¿Por qué? Quizás porque en este país de "huachos", de padre(s) ausente(s), la importancia y la necesidad de la madre es de una intensidad desbordante. Quizás eso es lo que da sentido al joven que la siente lejana, al anciano que ya no la recuperará más, a la señora que nunca lo fue, a, por un mes, sentir aquello de "nuestra buena Madre", creer que es posible que "nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y dé esperanza para el porvenir" cuando cada vez parecemos tener menos un sentido y un motivo. Ahí aparece ella. "La más santa y (...) la mejor de las madres". Tan madre como las otras; como para levantarse a las 6:30 e ir a verla, o dedicarle una hora todos los días en su mes.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
Es que el Mes de María, como suele ocurrir con estas cosas, sigue vivo precisamente por la gente. Por la abuela que cría al nieto y lo lleva a la parroquia en espera de una madre que siempre llega tarde y cansada. Por la madre que no trabaja, y lleva a su hijo que es feliz corriendo por los pasillos del templo, feliz como ella misma no lo es. Por las señoras que viven solas, en esas vidas que parecen ser siempre iguales, cada día igual, y que, en parte por eso y en parte para romper eso, recuerdan que entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre hay que ir a rezar el Rosario. Por el trabajador que demora un poco más la llegada a la casa y al plato de tallarines por un mes sólo porque al estar allí, frente a esa imagen hermosa, siente que vuelve la madre que hace tanto se fue. Por el joven que todavía la tiene consigo, pero está tan lejana que es como si no estuviera, e incluso esta éterea y anticuada le parece más cercana.
El Mes de María debe ser de lo más tradicional de los católicos. Aunque la Adoración Nocturna Chilena, que reparte los folletos con las oraciones del mes, ponga las oraciones con el pronombre "tú", el poder de la gente puede más, y sigue rezando el "vos". Hasta el coro juvenil más innovador se ve obligado a ceder ante el invencible "Venid y vamos todos", himno oficial e indiscutible de estos días. Y aquellas mismas oraciones que aparecen encabezadas por el Pbro. Rodolfo Vergara Antúnez, a quien nadie recordará, pero aquellos párrafos que comienzan con "¡Oh María!" salen a flote de la memoria incluso de aquellos que hace años no volvían a esta tradición que sigue viva.
Alguna vez el Padre Alfredo, nuestro "guía espiritual", ha señalado que la Iglesia Católica a comienzos del siglo XX tenía cuatro pilares: el Partido Conservador, la devoción al Sagrado Corazón, la devoción a la Vírgen del Carmen y los Ejercicios Espirituales (de San Ignacio). El primero murió hace bastante, por más que muchos pretendan ver en la UDI o la DC una especie de émulo. Las devociones al Sagrado Corazón y la Vírgen del Carmen suelen estar venidas a menos; si bien hay gente que las mantiene, ya no son 10 cuadras de jóvenes marchando (lea "Banda de guerra", referido a la procesión por la Patrona de Chile) en honor de la señora del Carmelo. Los ejercicios espirituales son practicados por algunos, sí, pero la mayoría los desconoce, y supongo que no muchos querrían someterse al camino de escoger entre "las dos banderas". De las misas ni hablar; si bien es posible ver parroquias llenas en muchas partes, los datos duros de los números son claros, y con suerte el 20% de los católicos va. Pero sí queda, sí vive, el Mes de María.
¿Por qué? Quizás porque en este país de "huachos", de padre(s) ausente(s), la importancia y la necesidad de la madre es de una intensidad desbordante. Quizás eso es lo que da sentido al joven que la siente lejana, al anciano que ya no la recuperará más, a la señora que nunca lo fue, a, por un mes, sentir aquello de "nuestra buena Madre", creer que es posible que "nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y dé esperanza para el porvenir" cuando cada vez parecemos tener menos un sentido y un motivo. Ahí aparece ella. "La más santa y (...) la mejor de las madres". Tan madre como las otras; como para levantarse a las 6:30 e ir a verla, o dedicarle una hora todos los días en su mes.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
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Crítica y crónica (o intentos de)
jueves, noviembre 02, 2006
¡Melipilla en Primera! (Crónica de un hincha)
Santiago, 31 de octubre de 2006 - 2 de noviembre de 2006.
El viaje hacia Melipilla transcurría con pocas palabras. Es que los nervios y las ansias estaban allí. A tan poco del partido esperado ya no había mucho que decir, pero sí mucho que desear.
Para entonces ya había pasado una semana llena de ansiedad e inquietud. Las circunstancias habían hecho que un partido que de por si prometía se transformara en un duelo decisivo. Un imperdible, un partido que prometía ser memorable. Y que mientras llegaba provocaba que el pensamiento se concentrara en él, cuál huracán absorbiéndolo; que las noches se hicieran interminables y que no hubiera ni sueño ni hambre. Que los nervios hicieran reír por lo bajo, y que pasaran frente a los ojos los datos, las posibilidades, ese "y si ganamos"... Incluso no era extraño sorprenderse gritando solo, como si ya se estuviera ante la cancha.
Felipe me había prestado el "The Clinic", pero apenas le eché una hojeada; la inquietud me impedía leer. Pasado el peaje aparecía Melipilla. En la radio ya a esa hora, las 15:00, transmitían acerca del partido. Mientras íbamos por Vicuña Mackenna se escuchaban los testimonios de los hinchas del Lota, que habían llegado temprano a la ciudad de los cuatro diablos. Pocos autos y poca gente circulaban: Entre el Súperclasico y el partido al que nos dirigíamos, seguramente la gente se comenzaba a guardar para ponerles atención.
Avanzando por Pardo las casas de adobe nos daban la bienvenida. Arriba del bus los hinchas del Lota eran mayoría, y con algunos de ellos comentábamos lo que estaría pasando en Chillán y otras cosas para distender. Al llegar a Benítez el bus se detuvo. Una masa de hinchas lotinos, que realmente llegaron en tropel al Municipal melipillano, intentaba entrar al estadio. A lo lejos, en lo más alto de la galería oriente, se veían algunos hinchas melipillanos. El bus tomó un desvío para llegar al Rodoviario, y por Ortúzar se veía llegar otra marea, esta vez la de los hinchas de blanco y azul. Al parecer llegar una hora y media antes no había sido una medida exagerada.
Bajamos en el Rodoviario y entonces llamé al hombre de las entradas. Todo listo; nos estaba esperando por la puerta donde entran la ambulancia y los bomberos. Se sentía la efervescencia de la gente mientras cruzábamos, y allí, al frente, un hombre de jockey y maleta (sin ser "el hombre del maletín") levantaba la mano para decir que ya me había reconocido. Hechas las presentaciones varias, había que arreglar el tema de las entradas. Tres de los que habíamos subido al bus se nos separaron: entraban por Benítez. Los cuatro que éramos desde ahora en adelante entramos por la puerta chica de Ortúzar, y acordamos ponernos en la oriente a pesar del sol, sólo porque la presencia de la barra lo haría más entretenido. Después nos daríamos cuenta que no nos habíamos equivocado, y que además el sol no iba a ser una gran molestia. La fuerza del viento, que corrió toda la tarde, anuló los efectos del astro rey.
Nos ubicamos cerca de la barra, ahí en "la popular", lo suficientemente alto para ver bien el partido. Para lo que faltaba más de una hora. Amenizaba el ambiente la música del recuerdo, y con el Memo nos acordábamos de todas esas canciones de Buddy Richard y los Hermanos Zabaleta, que no corresponden al típico repertorio del "DJ" (término que nos hizo acordar cómplicemente de una canción de nuestro ídolo con quien me acompañaba a la derecha) del Municipal melipillano. Pero pronto volvió a la normalidad, con cumbias. El hambre comenzaba a hacer algo de efecto, y para entonces desenfundamos los sanguches y las galletas, a fin de engañar al estómago.
Después del "mange", el aliento. Los lotinos comenzaron a hinchar, obviamente molestando a la barra melipillana, y no tardamos en responder. Los hinchas de siempre gritaban cuando se extendió la camiseta gigante de los Meliadictos, esa que con tanto orgullo se ha presentado en otras canchas. Y estábamos en esa cuando de pronto baja algo por la galería. ¡La bandera gigante! Con entusiasmo, aunque la primera vez sin entender mucho lo que pasaba, la gente -entre la que me incluía- fue bajando la bandera y agitándola con entusiasmo, aplaudiendo cuando se replegó. Aquella bandera gigante nos garantizaba entretención para el partido.
Partido para el que no faltaba mucho. Nostalgia miraba a la gente, curiosa por el ambiente de estadio, Memo y Zaldee ya estaban con los audífonos en las orejas, y yo que de puro ansioso no quería poner la radio para escuchar los avisos de Supermercados Romanini y Emelectric que ya me sé de memoria, y que me desafíen a cantarles los "jingles" promocionales. Prefería pasar los nervios en silencio, con el ruido del viento y de los cánticos. Mientras, nos divertíamos viendo a Traverso y compañía hacer el calentamiento moviendo los pies para un lado y para el otro. Miraba para los lados y veía lo increíble: gente de pie. Y mucha. Me recordaba las imágenes del "Federico Schwager" con la gente tras esos pasillos de rejas y yo en la semana diciendo "no, aquí no se puede poner gente de pie". Ahí estaban. El público había desbordado las expectativas, restando varios minutos para el partido. Cuando faltaban unos veinte minutos prendí la radio y saqué la libreta de notas. Todo listo, y sólo faltaba el pitido inicial.
Primero salieron los lotinos, encabezados por su típico minero, que recordaba haber visto la semana pasada en "Pelotas". Y después, ¡Deportes Melipilla! Gritamos para recibirlos y yo agité mi bandera, pero pronto los gritos se callaron. Es que el polvo blanco de los extintores nos cubrió, pero pocas veces he quedado empolvado con más felicidad. Bajó de las alturas la bandera gigante y la agitamos entre gritos y saltos, para alentar a un equipo que lo necesitaba. Pasado el humo y subida la bandera nos sentamos. Comenzaba el partido.
Pronto los nervios que mostraba Deportes Melipilla en la cancha se me transmitieron, y las chuchadas se hicieron proporcionales a los errores que mostraba el equipo de mis amores. Recuerdo haber desatado la hilaridad de mis amigos con una larga serie de chuchadas que le eché a un lotino que fauleó a uno del Potro cerca de la galería visitante: un verdadero rosario de improperios que me hizo darme cuenta de que debía guardar algo de calma. Calma que era difícil mantener con los goles que se perdía Lagunas, y con los que Lota dejaba pasar. Era la primera mitad y terminaba a cero. Y yo pensaba que nos iba a pasar lo mismo que en todos los partidos anteriores.
De todos modos al salir de nuevo el equipo me levanté agitando mi bandera y grité para animarles, aunque no me oyeran. Las plegarias de la semana fueron escuchadas, pues, al parecer, la bondad alcanzaba como para regalarle un triunfo a los hinchas melipillanos, a los de siempre y a los de ocasión. Una jugada inentendible, pero daba lo mismo. Cuando el defensor lotino la sacaba desde dentro nos mirábamos con una cara de "entró, ¿cierto?". Y Osses señalaba el centro de la cancha, y los jugadores de Melipilla atinaban a abrazarse. ¡Era gol! ¡Sí, era gol! ¡Gooooooool! ¡Me-li-pi-llla, Me-li-pi-lla! ¡Qué se pare Melipilla! Gol, sí, ¿qué importaba cómo? Era para sonreír, para gritar, para agitar la bandera al viento respondiéndole a Pericás y a los jugadores que llamaban a alentar.
Ahí despertó el equipo y despertó la alegría. Pero faltaba más. Mientras me imaginaba al frente a Mauricio y a Luis en silencio acá nos recuerdo ante un córner de Johan Fuentes gritando como en el circo romano "¡gol! ¡gol! ¡gol!". Y llegó el otro gol. Un golazo. Pericás le hizo todo el honor a su apodo, y de haber estado el Reno ahí le habría dicho "¿viste que era Maestro?". Nostalgia sabe cómo festejé ese gol, ese gol que me hizo saltar frenéticamente sobre el tablón, aún a riesgo de caerme. ¡Gooool! ¡2-0, ahora sí, ahora sí que parecía listo! Y cómo no creerlo, si en la cancha veía al fin al equipo ese que ganó tantos partidos; al que me tocó más escuchar que ver, porque perdió con Curicó, con Magallanes no jugó a nada, y con el mismo Lota casi termina provocándome un infarto. Ahora sí, y se ganaban unos ¡óle! entusiastas, y yo me emocionaba porque era la primera vez que veía algo así; porque para 2004 recién estaba recuperando la afición, y para el 92 era muy chico y mi abuela aún no me hablaba de este equipo, aún no me presentaba al señor de las banderas, ni íbamos solitarios yo, ella y mi padre a una tarde en Santa Laura, con menos gente que en reunión del Partido Liberal y ahí, sin nadie alrededor, vimos jugar a ese equipo de blanco y azul.
Se acercaba el momento. Allá en la norponiente, donde la primera vez que fui al Roberto Bravo Santibáñez tuve que aguantar un tiempo, porque entonces no sabía que el papá del Memo siempre llega atrasado a los partidos, el silencio se sentía. Acá el carnaval estaba a punto de desatarse. El pitido no hizo más que dar la señal de inicio. ¡Melipilla en Primera! era el grito, y allá lejos, en la banca, los de rojo se fundían en un abrazo. La gente que fue acumulándose tras el tablero marcador, ese mismo que antes del penal aquel domingo de invierno había cambiado sin que se hubiera metido el gol, salió corriendo hacia la cancha. Encabezados por la bandera a cuadros con los potros azules, más orgullosa que nunca, se acercaron a los jugadores, los que habían logrado todo esto. Los que hoy reemplazaban los recuerdos de ese globito de la U. de Conce, del mal arbitraje ante la Católica, de la liguilla que se sentenció en Rancagua, con una alegría que era fin y comienzo de un sueño.
Bajó la bandera gigante una vez más, flameando con más entusiasmo que nunca. Luego vinieron a saludar, emocionados. Los aplaudimos de pie los cuatro, mirando su emoción. El flaco Medina, aquel de la entrevista en la "Triunfo" que traía un papel adhesivo con mi nombre, parecía un cabro chico subido en la reja, gritando, recordando seguramente a su hijo. Franco Cabrera se creía el jefe de la barra y se había apoderado de la bandera con los potros, haciéndola flamear. Flameaban todas las banderas blanquiazules, el viento agitaba a los caballitos mientras a lo lejos las visitas comenzaban a partir. Abracé a los muchachos, a la muchacha, por la compañía, por la alegría, por el bendito momento. Los jugadores se iban, pero se decidieron a dar la vuelta, y volvieron los gritos y pobres de los que se hubieran ido antes, porque ¡es un carnaval, es un carnaval, es un carnaval, Melipilla es inmortal!, y era inmortal, más que nunca, al menos para mi; el viaje, la plata gastada, el año y un poco más en el blog, las dos horas y media cada domingo y luego quedándose a escribir en el computador, todo había valido la pena.
Finalmente se fueron a cantar con Musrri en los camarines. Nos sacamos algunas fotos más, y fui sincero. No me quería ir. Pensé en ir a la Plaza, pero ya era tarde, y la ciudad donde nadie comprendería la camiseta que llevaba puesta me esperaba, nos esperaba. Eché unas miradas al "Roberto Bravo" para no olvidar nunca más, con nostalgia y una alegría que se irradiaba. Salimos a Ortúzar y me animé a agitar la bandera, en medio de algunos bocinazos, algunos de ellos respondiéndome. Era una fiesta. El papel blanco llenaba la galería oriente, pero ahora la veíamos a lo lejos, desde el Rodoviario. Ya en el bus, la radio nunca habló de nuestro triunfo, y sí del Colo con la U. No importaba nada. Ahí había estado, para verlo. Para no olvidarlo nunca más.
Como en aquel "Cosas del fútbol" que tiene su espacio bien ganado en mi repisa, es la hora de los agradecimientos. A Gonzalo, que me hace propaganda, me contactó, y me advirtió que no pusiera su foto en el fotolog. A Patricio, que no se hizo problemas en comprarle 8 entradas a este individuo y en interrumpir su labor para salir a dejármelas. A Juan Carlos, con quien nos quedamos mandándonos mails algunas madrugadas, de esas en que apenas se podía dormir. A Mauricio, por todas las nerviosas charlas de la semana, y especialmente por el gesto que tuvo al despedirnos. A Badir, que se aguantó las lágrimas para sacarme unas fotos, que pondré en los próximos días. A Andrea, porque otra podría con justa razón haberme exigido pasar aquellas horas en otra parte, pero ella no; partió al estadio conmigo. A Memo y Zaldee, que fueron unos hinchas más y salieron de Santiago en esta aventura extraña. A Diego, que me llamó "colega hincha" cuando me escribió, siendo que más nunca que tarde puedo ir a un partido. Y a mi madrina que, como se lo escribí, sin ella yo no hubiera estado ahí.
Desde la capital de Chile, un hincha de Deportes Melipilla,
Eduardo Peñailillo.
Esta es una "coproducción" con "Las aventuras y desventuras de Deportes Melipilla"
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
El viaje hacia Melipilla transcurría con pocas palabras. Es que los nervios y las ansias estaban allí. A tan poco del partido esperado ya no había mucho que decir, pero sí mucho que desear.
Para entonces ya había pasado una semana llena de ansiedad e inquietud. Las circunstancias habían hecho que un partido que de por si prometía se transformara en un duelo decisivo. Un imperdible, un partido que prometía ser memorable. Y que mientras llegaba provocaba que el pensamiento se concentrara en él, cuál huracán absorbiéndolo; que las noches se hicieran interminables y que no hubiera ni sueño ni hambre. Que los nervios hicieran reír por lo bajo, y que pasaran frente a los ojos los datos, las posibilidades, ese "y si ganamos"... Incluso no era extraño sorprenderse gritando solo, como si ya se estuviera ante la cancha.
Felipe me había prestado el "The Clinic", pero apenas le eché una hojeada; la inquietud me impedía leer. Pasado el peaje aparecía Melipilla. En la radio ya a esa hora, las 15:00, transmitían acerca del partido. Mientras íbamos por Vicuña Mackenna se escuchaban los testimonios de los hinchas del Lota, que habían llegado temprano a la ciudad de los cuatro diablos. Pocos autos y poca gente circulaban: Entre el Súperclasico y el partido al que nos dirigíamos, seguramente la gente se comenzaba a guardar para ponerles atención.
Avanzando por Pardo las casas de adobe nos daban la bienvenida. Arriba del bus los hinchas del Lota eran mayoría, y con algunos de ellos comentábamos lo que estaría pasando en Chillán y otras cosas para distender. Al llegar a Benítez el bus se detuvo. Una masa de hinchas lotinos, que realmente llegaron en tropel al Municipal melipillano, intentaba entrar al estadio. A lo lejos, en lo más alto de la galería oriente, se veían algunos hinchas melipillanos. El bus tomó un desvío para llegar al Rodoviario, y por Ortúzar se veía llegar otra marea, esta vez la de los hinchas de blanco y azul. Al parecer llegar una hora y media antes no había sido una medida exagerada.
Bajamos en el Rodoviario y entonces llamé al hombre de las entradas. Todo listo; nos estaba esperando por la puerta donde entran la ambulancia y los bomberos. Se sentía la efervescencia de la gente mientras cruzábamos, y allí, al frente, un hombre de jockey y maleta (sin ser "el hombre del maletín") levantaba la mano para decir que ya me había reconocido. Hechas las presentaciones varias, había que arreglar el tema de las entradas. Tres de los que habíamos subido al bus se nos separaron: entraban por Benítez. Los cuatro que éramos desde ahora en adelante entramos por la puerta chica de Ortúzar, y acordamos ponernos en la oriente a pesar del sol, sólo porque la presencia de la barra lo haría más entretenido. Después nos daríamos cuenta que no nos habíamos equivocado, y que además el sol no iba a ser una gran molestia. La fuerza del viento, que corrió toda la tarde, anuló los efectos del astro rey.
Nos ubicamos cerca de la barra, ahí en "la popular", lo suficientemente alto para ver bien el partido. Para lo que faltaba más de una hora. Amenizaba el ambiente la música del recuerdo, y con el Memo nos acordábamos de todas esas canciones de Buddy Richard y los Hermanos Zabaleta, que no corresponden al típico repertorio del "DJ" (término que nos hizo acordar cómplicemente de una canción de nuestro ídolo con quien me acompañaba a la derecha) del Municipal melipillano. Pero pronto volvió a la normalidad, con cumbias. El hambre comenzaba a hacer algo de efecto, y para entonces desenfundamos los sanguches y las galletas, a fin de engañar al estómago.
Después del "mange", el aliento. Los lotinos comenzaron a hinchar, obviamente molestando a la barra melipillana, y no tardamos en responder. Los hinchas de siempre gritaban cuando se extendió la camiseta gigante de los Meliadictos, esa que con tanto orgullo se ha presentado en otras canchas. Y estábamos en esa cuando de pronto baja algo por la galería. ¡La bandera gigante! Con entusiasmo, aunque la primera vez sin entender mucho lo que pasaba, la gente -entre la que me incluía- fue bajando la bandera y agitándola con entusiasmo, aplaudiendo cuando se replegó. Aquella bandera gigante nos garantizaba entretención para el partido.
Partido para el que no faltaba mucho. Nostalgia miraba a la gente, curiosa por el ambiente de estadio, Memo y Zaldee ya estaban con los audífonos en las orejas, y yo que de puro ansioso no quería poner la radio para escuchar los avisos de Supermercados Romanini y Emelectric que ya me sé de memoria, y que me desafíen a cantarles los "jingles" promocionales. Prefería pasar los nervios en silencio, con el ruido del viento y de los cánticos. Mientras, nos divertíamos viendo a Traverso y compañía hacer el calentamiento moviendo los pies para un lado y para el otro. Miraba para los lados y veía lo increíble: gente de pie. Y mucha. Me recordaba las imágenes del "Federico Schwager" con la gente tras esos pasillos de rejas y yo en la semana diciendo "no, aquí no se puede poner gente de pie". Ahí estaban. El público había desbordado las expectativas, restando varios minutos para el partido. Cuando faltaban unos veinte minutos prendí la radio y saqué la libreta de notas. Todo listo, y sólo faltaba el pitido inicial.
Primero salieron los lotinos, encabezados por su típico minero, que recordaba haber visto la semana pasada en "Pelotas". Y después, ¡Deportes Melipilla! Gritamos para recibirlos y yo agité mi bandera, pero pronto los gritos se callaron. Es que el polvo blanco de los extintores nos cubrió, pero pocas veces he quedado empolvado con más felicidad. Bajó de las alturas la bandera gigante y la agitamos entre gritos y saltos, para alentar a un equipo que lo necesitaba. Pasado el humo y subida la bandera nos sentamos. Comenzaba el partido.
Pronto los nervios que mostraba Deportes Melipilla en la cancha se me transmitieron, y las chuchadas se hicieron proporcionales a los errores que mostraba el equipo de mis amores. Recuerdo haber desatado la hilaridad de mis amigos con una larga serie de chuchadas que le eché a un lotino que fauleó a uno del Potro cerca de la galería visitante: un verdadero rosario de improperios que me hizo darme cuenta de que debía guardar algo de calma. Calma que era difícil mantener con los goles que se perdía Lagunas, y con los que Lota dejaba pasar. Era la primera mitad y terminaba a cero. Y yo pensaba que nos iba a pasar lo mismo que en todos los partidos anteriores.
De todos modos al salir de nuevo el equipo me levanté agitando mi bandera y grité para animarles, aunque no me oyeran. Las plegarias de la semana fueron escuchadas, pues, al parecer, la bondad alcanzaba como para regalarle un triunfo a los hinchas melipillanos, a los de siempre y a los de ocasión. Una jugada inentendible, pero daba lo mismo. Cuando el defensor lotino la sacaba desde dentro nos mirábamos con una cara de "entró, ¿cierto?". Y Osses señalaba el centro de la cancha, y los jugadores de Melipilla atinaban a abrazarse. ¡Era gol! ¡Sí, era gol! ¡Gooooooool! ¡Me-li-pi-llla, Me-li-pi-lla! ¡Qué se pare Melipilla! Gol, sí, ¿qué importaba cómo? Era para sonreír, para gritar, para agitar la bandera al viento respondiéndole a Pericás y a los jugadores que llamaban a alentar.
Ahí despertó el equipo y despertó la alegría. Pero faltaba más. Mientras me imaginaba al frente a Mauricio y a Luis en silencio acá nos recuerdo ante un córner de Johan Fuentes gritando como en el circo romano "¡gol! ¡gol! ¡gol!". Y llegó el otro gol. Un golazo. Pericás le hizo todo el honor a su apodo, y de haber estado el Reno ahí le habría dicho "¿viste que era Maestro?". Nostalgia sabe cómo festejé ese gol, ese gol que me hizo saltar frenéticamente sobre el tablón, aún a riesgo de caerme. ¡Gooool! ¡2-0, ahora sí, ahora sí que parecía listo! Y cómo no creerlo, si en la cancha veía al fin al equipo ese que ganó tantos partidos; al que me tocó más escuchar que ver, porque perdió con Curicó, con Magallanes no jugó a nada, y con el mismo Lota casi termina provocándome un infarto. Ahora sí, y se ganaban unos ¡óle! entusiastas, y yo me emocionaba porque era la primera vez que veía algo así; porque para 2004 recién estaba recuperando la afición, y para el 92 era muy chico y mi abuela aún no me hablaba de este equipo, aún no me presentaba al señor de las banderas, ni íbamos solitarios yo, ella y mi padre a una tarde en Santa Laura, con menos gente que en reunión del Partido Liberal y ahí, sin nadie alrededor, vimos jugar a ese equipo de blanco y azul.
Se acercaba el momento. Allá en la norponiente, donde la primera vez que fui al Roberto Bravo Santibáñez tuve que aguantar un tiempo, porque entonces no sabía que el papá del Memo siempre llega atrasado a los partidos, el silencio se sentía. Acá el carnaval estaba a punto de desatarse. El pitido no hizo más que dar la señal de inicio. ¡Melipilla en Primera! era el grito, y allá lejos, en la banca, los de rojo se fundían en un abrazo. La gente que fue acumulándose tras el tablero marcador, ese mismo que antes del penal aquel domingo de invierno había cambiado sin que se hubiera metido el gol, salió corriendo hacia la cancha. Encabezados por la bandera a cuadros con los potros azules, más orgullosa que nunca, se acercaron a los jugadores, los que habían logrado todo esto. Los que hoy reemplazaban los recuerdos de ese globito de la U. de Conce, del mal arbitraje ante la Católica, de la liguilla que se sentenció en Rancagua, con una alegría que era fin y comienzo de un sueño.
Bajó la bandera gigante una vez más, flameando con más entusiasmo que nunca. Luego vinieron a saludar, emocionados. Los aplaudimos de pie los cuatro, mirando su emoción. El flaco Medina, aquel de la entrevista en la "Triunfo" que traía un papel adhesivo con mi nombre, parecía un cabro chico subido en la reja, gritando, recordando seguramente a su hijo. Franco Cabrera se creía el jefe de la barra y se había apoderado de la bandera con los potros, haciéndola flamear. Flameaban todas las banderas blanquiazules, el viento agitaba a los caballitos mientras a lo lejos las visitas comenzaban a partir. Abracé a los muchachos, a la muchacha, por la compañía, por la alegría, por el bendito momento. Los jugadores se iban, pero se decidieron a dar la vuelta, y volvieron los gritos y pobres de los que se hubieran ido antes, porque ¡es un carnaval, es un carnaval, es un carnaval, Melipilla es inmortal!, y era inmortal, más que nunca, al menos para mi; el viaje, la plata gastada, el año y un poco más en el blog, las dos horas y media cada domingo y luego quedándose a escribir en el computador, todo había valido la pena.
Finalmente se fueron a cantar con Musrri en los camarines. Nos sacamos algunas fotos más, y fui sincero. No me quería ir. Pensé en ir a la Plaza, pero ya era tarde, y la ciudad donde nadie comprendería la camiseta que llevaba puesta me esperaba, nos esperaba. Eché unas miradas al "Roberto Bravo" para no olvidar nunca más, con nostalgia y una alegría que se irradiaba. Salimos a Ortúzar y me animé a agitar la bandera, en medio de algunos bocinazos, algunos de ellos respondiéndome. Era una fiesta. El papel blanco llenaba la galería oriente, pero ahora la veíamos a lo lejos, desde el Rodoviario. Ya en el bus, la radio nunca habló de nuestro triunfo, y sí del Colo con la U. No importaba nada. Ahí había estado, para verlo. Para no olvidarlo nunca más.
Como en aquel "Cosas del fútbol" que tiene su espacio bien ganado en mi repisa, es la hora de los agradecimientos. A Gonzalo, que me hace propaganda, me contactó, y me advirtió que no pusiera su foto en el fotolog. A Patricio, que no se hizo problemas en comprarle 8 entradas a este individuo y en interrumpir su labor para salir a dejármelas. A Juan Carlos, con quien nos quedamos mandándonos mails algunas madrugadas, de esas en que apenas se podía dormir. A Mauricio, por todas las nerviosas charlas de la semana, y especialmente por el gesto que tuvo al despedirnos. A Badir, que se aguantó las lágrimas para sacarme unas fotos, que pondré en los próximos días. A Andrea, porque otra podría con justa razón haberme exigido pasar aquellas horas en otra parte, pero ella no; partió al estadio conmigo. A Memo y Zaldee, que fueron unos hinchas más y salieron de Santiago en esta aventura extraña. A Diego, que me llamó "colega hincha" cuando me escribió, siendo que más nunca que tarde puedo ir a un partido. Y a mi madrina que, como se lo escribí, sin ella yo no hubiera estado ahí.
Desde la capital de Chile, un hincha de Deportes Melipilla,
Eduardo Peñailillo.
Esta es una "coproducción" con "Las aventuras y desventuras de Deportes Melipilla"
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
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