martes, julio 25, 2006
Es distinto de noche...
Todo porque era necesario, y de puro necesario y de impulso y corazón, cosas que suelo no tener, pero a veces tengo, me embarqué en imprevisto viaje hacia la provincia vecina a bordo de un viejo Caricar de las Tasacoop, de pie por darle el asiento a una señora que iba a Malloco, tarareando viejas canciones románticas de Radio Imagina mientras observaba que fuera bien, y aunque el silencio de los pueblos con casas de adobe y la oscuridad de sus calles y caminos que cuando voy de día suelen sonreírme y yo suelo devolverles el gesto, podían infundirme temor, no había que demostrarlo ni sentirlo. Hay cosas más importantes que el regreso, aún cuando sea de noche, uno no acostumbre ni viajar ni salir de noche, los buses oruga bien iluminados con sus focos blancos le hayan hecho perder la costumbre de otros medios de transporte, y otros fantasmas que suelo derrotar con canciones como "All my loving" y pensamientos amables. Afortunadamente, no tuve que volver en un bus con letrero "Autopista", sino en el auto de los amables padres de la señorita Lucy, mientras pensaba en cuan distinto es de noche, cuan distinto el camino, y esos lugares donde el sabor de mi boca y mis pensamientos no son iguales a los de cuarenta kilómetros hacia el oriente.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
lunes, julio 24, 2006
Duerme (in)tranquilo...
Y a veces uno se encuentra con cosas extrañas. Una vez, por ejemplo, terminé viendo "Amo de las Marionetas II: La Venganza de Coulón". Inolvidable película. Claro que esta vez me tocó algo que, visto desde determinado punto de vista, podría ser peor.
En Canal 13 Cable hay un micro espacio llamado "En Vivo y en Recuerdo", donde recuerdan pequeños reportajes "del año de la pera". Suelo toparme con reportajes de nuestros años de dictadura, y esta vez no fue la excepción. Aburrido de National Geographic Channel, pasaba por el ya referido canal cuando me topé en pantalla con un conocido (y criticado) reportero de televisión que ahora trabaja en otra canal, con los pelos con más color, y haciendo un reportaje nocturno. Su objetivo: Cubrir un patrullaje nocturno de las Fuerzas Especiales de Carabineros.
Si se las viera con los ojos de la actualidad estas "fuerzas especiales" darían risa, con sus uniformes holgados, sus cinturones similares al de mi abrigo, unos fusiles del año de la Cocoa Raff, y un casco; quizás el único elemento más "moderno". (Y hasta por ahí; capaz que hayan sido los saldos de la Primera Guerra Mundial) Un jefe de pelotón con lentes "poto de botella" y cara de pocos amigos se daba a la tarea de explicar en detalle el armamento del pelotón y lo que realizarían durante la noche. Por algún motivo inexplicable salieron en trote al bus, llevando además de los hombres con fusiles viejos unos cuantos explosivos, una ametralladora, y un equipo electrógeno que tenía más pinta a aquellas viejas radios a tubo que a otra cosa.
Por supuesto, estos "abnegados combatientes contra el terrorismo que velaban por el sueño capitalino" (yo inventé la frase) no se toparon con más riesgos que una pareja fiestera que no quería dormir y que se deshizo en disculpas y casi en llanto al ver veinte carabineros con armas en la puerta, y un auto que venía de la maternidad, donde habían dejado a una parturienta. De todos modos, entre lo oscuro y viejo de la imagen, las caras de pocos amigos, y lo que uno se imagina que sucedía en operativos no tan amables ni televisados como el mostrado, le daban la nota sórdida al asunto.
Así que mejor, a dormir.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
sábado, julio 08, 2006
Cerca de casa hay un taller de botes.
Teniente Yávar, la calle donde vivo, es famosa entre todos los taxistas de la zona por los selenitas cráteres que presenta, especialmente ese hoyo irreparable de la esquina con Independencia. Sin embargo, en el espacio que transcurre entre la ya mencionada Avenida Independencia y Pedro Fontova es un pequeño universo, una colección de lugares extraños y particulares.
Sacaba la cuenta hace un par de días, y la panadería de la esquina con Independencia atiende exactamente 9 horas al día. De 8:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00, de lunes a sábado. El domingo sólo abre en la mañana. El pan, especialmente cuando sale caliente, es exquisito; pero es lo que mi abuela llamaría "mosocotudo" o "pan de carretonero", debido a las grandes dimensiones. De todos modos, es uno de esos pequeños placeres venir comiéndose un trozo de marraqueta ("pan batido", si estuviera en la ciudad del Muelle Barón) durante la cuadra que me separa de ese lugar.
Al frente hay un campamento que lleva años allí, creo que más de los que yo y mi madre llevamos aquí (y eso que son bastantes), y en el cual me caen porque generalmente tienen buen gusto musical, o al menos, mucho mejor que la mayoría de mis vecinos de los "departamentos". Un día, incluso, tenían a "todo chancho" "First of the Gang to Die", del señor Morrissey. Un poco más allá, por la orilla norte, hay una casa celeste. Siempre he creído que allí viven monjas, pero nunca he podido confirmar el rumor.
Unos pasos más hacia el oriente hay una gran puerta de fierro celeste, que es donde están las Grúas Bravo, una de las cuales lleva estrmbóticos adornos, entre los que se incluye, si la memoria no me falla, un Elvis autoadhesivo. Frente a eso está el sector con las mejores veredas de la zona, todo obra y gracia de una nueva fábrica de pavimentos decorativos. Creo que al menos hay unas tres fábricas por acá.
Infaltable en este recuento se hace el mencionar al bar "El Galeón", lugar de parranda permanente los veranos, de reunión para los partidos (dominan los hinchas de Colo Colo), y donde a veces tienen buenos gustos musicales (puro "onion" a ratos, estimado Guillermo), y a veces se chacrean; dependiendo del ánimo. Tengo mis sospechas además de que no sólo alcohol se ofrece allí. Un almacén que cierra la "cuadra" mencionada creo que ha cerrado; la última vez que fui ni siquiera tenían Coca Cola de 2 litros, lo que ya es un síntoma dramático en cualquier emporio. También cerca de allí está la que era nuestra "picada" para la parafina, donde sacaban el líquido desde unos tambores con unas especies de llaves que había que rodar para que saliera. Ah, ¡y el guarderío de micros! Mi madre dice que alguna vez ocasionarán un accidente. De momento, sólo hacen rabiar a uno que otro conductor con la mala pata de pasar por allí cuando intentan entrar las micros, y en una pared tienen unas palabras escritas por alguien, como última voluntad a un fallecido.
Sin embargo, quizás el lugar que más me llama la atención es el de las paredes verdes. Es que es bastante extraño ver botes por acá. Sí, botes. Botes de esos de mar, esos que se ven en las películas yanquis y que usan los ricos y te muestran en los comerciales de paradisiacas playas.
Los responsables de aquello son una empresa llamada "Tecnomar", que por algún avatar del destino decidió poner su taller de reparación de botes a unas cuadras de mi pequeño hogar. Y para que lo confirme, se mete usted a http://www.tecnomar.cl y lo confirma.
Fin de la crónica de ocasión.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
miércoles, mayo 31, 2006
¿Cómo hemos cambiado?
(Aunque, terminado el artículo, me asalta la duda de si han cambiado, o en realidad las cosas no han cambiado nada, sólo cambió el lado en que se pusieron. Abierta queda la pregunta.)
Hoy:
"La Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios dio plazo hasta este viernes para que el Gobierno acoja las demandas del sector, ya que de lo contrario convocarán a un nuevo paro nacional para el próximo lunes."
SANTIAGO.- El vocero del Ejecutivo, Ricardo Lagos Weber, rechazó el ultimátum dado por los estudiantes al Gobierno para responder a sus demandas.Tras asistir a la reunión del comité político en La Moneda encabezado por la Presidenta Michelle Bachelet, Lagos Weber, dijo que "La Moneda no opera bajo la condición de un ultimátum" de fecha límite a las conversaciones."El Gobierno lo que hace es escuchar, conversar y luego tomar decisiones y a ésto nos vamos a atener", dijo Lagos.
Ayer: (cuando ni soñaban ser gobierno)
"Dos días después, la Alianza Democrática se reunió para considerar las afirmaciones de Pinochet. En reemplazo de (Gabriel) Valdés, que había viajado a Caracas, emitió la declaración el nuevo presidente, Hugo Zepeda: exigía del gobierno una respuesta "inmediata y clara" a la minuta entregada. Sin ello, debería dar por deshauciado el diálogo.
No hubo respuesta."
¿Por qué no salimos un año después?
En todo caso, creo que hasta yo habría entrado a una toma si estuviera aún visitendo el vestón bajo el abrigo, como en tantos días de invierno.
Y aquí me disculparán, estimados lectores y estimadas lectoras, que me dirija especialmente a aquellos que el 2005 lagrimeamos en nuestras licenciaturas y cenas de gala.
¡No se atrevan a discutirme que se nos queman las manos, que nos carcomen las ganas de ser aún pingüinos y estar embarcados en este movimiento que nos ha remecido a todos!
Ante algo que la prensa se ha visto obligada de catalogar como "gesta" y "corajudo", que por todos es visto como un movimiento justo, que causa simpatía y apoyo desde los profes hasta el lustrabotas, de un movimiento que nos causa orgullo y admiración; porque eso es lo que me pasa a mi cuando paso fuera de un colegio, cuando vi a mi señorita novia escalar el muro de su liceo... No puede sino remecerse el espíritu, agitarse el ánimo, elevarse una sonrisa, y todos esos afectos acumulados en el pecho pensar y hasta desear en estar allí, en formar parte de esto aunque fuera barriendo el Patio de Honor. Ciertamente que desde nuestra posición de universitarios algo hacemos (creo) y también nos mostramos "en apoyo de". Pero no es lo mismo.
En estas noches frías, seguro que por nuestros sueños ha pasado la pregunta de "¿Por qué no salimos un año después?" No estaríamos preocupados (todavía) de la siguiente cuota o del crédito de la universidad, seguiríamos poniéndonos corbatas al cuello, y seguramente estaríamos comiendo tallarines todos estos días, pero los tallarines nos sabrían a gloria, porque pucha que sonreiríamos de tener la oportunidad de retroceder el reloj 365 días.
(Y hablando de tallarines, seguro que Carozzi y Lucchetti tendrán que hacer mucha publicidad para reencantar a un público que se va a hartar de las pastas. Pero eso es harina de otro costal.)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, mayo 30, 2006
¿Quién controla a los destinados a mantener el control?
Hagamos un breve recuento de los hechos conocidos hoy, los que están más claros. Por la mañana, arremetida de carros lanzaaguas y fuerzas policiales en la zona del Liceo de Aplicación, donde hace días se han congregado estudiantes secundarios en paz, y hoy no era la excepción. En Maipú, por enésimo día, Carabineros detenía a los secundarios de la comuna del abrazo en el paradero 7, pero esta vez contraviniendo tanto las normas mínimas que justifican detener a alguien (caso de las subidas a buses para detener estudiantes que trataban de llegar al centro con el acto tan simple de tomar micro), como contraviniendo normas jurídicas básicas, ingresando a propiedades para detener estudiantes, cosa que, como es sabida por la mayoría, sólo se puede hacer con la autorización del propietario.
Más tarde, bajo la justificación de la "no autorización" (señor Andrés Zaldivar, ¿recuerda usted cuando la policía le disolvía sus mitines "no autorizados"?), disolución violentísima de manifestaciones de caracter más bien pacífico en la zona céntrica. Los incidentes posteriores sí que ameritaban una intervención firme. Y sin embargo, Carabineros, las mismas Fuerzas Especiales, se vieron absolutamente sobrepasadas e incapaces de mantener un mínimo de orden en las afueras de la Biblioteca Nacional, calma que, estoy seguro, sólo volvió cuando los manifestantes que tomaron lo que encontraron para hacer barricadas, cargar contra los vehículos policiales, y arrasar con la señalética; se acordaron de que tenían hambre y se fueron a casa a por un emparedado. Si no es por eso, seguiría el centro bajo el ruido de sirenas inútiles.
Pero sí fueron capaces, y mucho, de una brutalidad absoluta pateando periodistas (con todo lo que podamos discutirle a la profesión aquella, señor Sandoval), como en los viejos tiempos. Y lo supo todo el país. (Y ojalá también el mundo exterior... Sobre este tema, no me queda si no rescatar las reacciones firmes tanto de N. Mosciatti en Radio Bio Bío, como de A. Guiller en Chilevisión) Para eso sí hay fuerza, hay capacidad, y hay voluntad. No para llevarse a la comisaría siquiera a un encapuchado. (Eso, en el caso de que no ocurra, como se ha deslizado la tesis, que hay fuerzas policiales actuando infiltradas en las manifestaciones, precisamente como violentistas. Caso en el cual todo tiene explicación: ¿Cómo se van a llevar detenidos a sus propios compañeros?)
Entonces es legítimo preguntarse varias cosas.
En primer lugar, ¿qué tan efectivas resultan nuestras fuerzas policiales? Porque si han sido incapaces, INCAPACES, de restablecer el orden ante grupos de encapuchados, en la misma cuadra, al menos dos veces en un mes; Dios me libre de ponerme al resguardo de esa policía. Como mínimo, son lo suficientemente poco inteligentes como para tropezar dos veces en la misma piedra.
En segundo lugar, ¿qué control se tiene de estas fuerzas? Me imagino que no salen por si mismas a la calle, que hay una orden que se da en ese sentido. Y cuando se les saca, ¿hay un verdadero control de su accionar? No es la primera vez que estos excesos se producen. No es la primera vez que vemos violencia flagrante de estas fuerzas, ni es la primera vez que se señala que andan dopados por las calles. ¿Se les controla realmente? ¿Hay una capacidad de detenerlos cuando se les saca a la calle, o son una especie de fanáticos a los cuales cuando se les activa hay que esperar a que se les acabe la cuerda?
¿Y qué control son capaces de mantener estas fuerzas? Porque claro, son bastante efectivas como para mojar mnanifestantes pacíficos y llenar de tóxicos nuestro ya contaminado aire. Sin embargo, no hacen retroceder ni a un par de pelagatos lanzando piedras. Ese simple hecho ya muestra su escasa efectividad para el que supuestamente es su objetivo: Actuar en situaciones de emergencia, de violencia descontrolada, para reestablecer el orden con prontitud. (Si alguien le llama prontitud a que sólo después de 5 horas hayan cesado los disturbios en la Biblioteca Nacional, tiene un poco errado su concepto de "tiempo")
Pero, estimado lector, no se quede usted en el simplismo y descargue su rabia única y exclusivamente con el paco vestido de "Tortuga Ninja" que vea mañana. Yo haré un esfuerzo en creer en su sagacidad e inteligencia, y le llamo a ir un poco más allá.
¿El Alto Mando de Carabineros es capaz de controlar a sus Fuerzas Especiales? El generalato ha dicho que no tolerarán excesos de este tipo, sin embargo, los tenemos aquí una vez más. Insisto, ¿tienen un real control sobre las que debieran ser sus fuerzas de elite?
¿El Intendente de la Región Metropolitana tiene una verdadera coordinación, una verdadera capacidad de encauzar o de al menos saber hacia dónde va el actuar de Carabineros? Más allá de que se llame Barrueto o Trivelli. Porque si llama a la fuerza policial a reestablecer el orden en la ciudad, suponemos que sabrá de qué manera esto se llevará a cabo.
¿El Ministro del Interior, quien se supone debería ser la autoridad máxima en estos asuntos, tiene un real control sobre las Fuerzas Especiales y Carabineros? ¿Tiene el verdadero poder de hacer que se cumplan sus órdenes y no haya excesos en el actuar real?
Porque después de lo de hoy sólo me quedan dos lecturas:
O hay un real control de las fuerzas, y entonces, son estos responsables los responsables (valga la redundancia) de estos excesos, de estas ilegalidades, y por lo cual lo menos que cabría de esperar de ellos es que respondieran por sus actos reñidos a la ley...
O no son capaces de controlar a esta parte de nuestra policía, se les va de las manos el actuar en estas situaciones, y son unos pelotudos por dejarse pasar a llevar.
Y ambas situaciones son una vergüenza y un peligro.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
P.S.: (31-05-2006) Parece que el General Bernales anduvo leyendo este blog. PLR para el prefecto y el subprefecto de Fuerzas Especiales, dependiente de la Zona Metropolitana Oeste de Carabineros de Chile. En todo caso, ellos son sólo la punta del iceberg de problemáticas que subyacen bajo estos hechos. No se deje engañar.)
jueves, mayo 18, 2006
Yo quiero Plaza de Armas.
Conchalí, el lugar donde vivo, no tiene Plaza de Armas, al igual que la mayoría de las comunas de Santiago. Por idea de algún "iluminado" del municipio se ha estado construyendo una "Plaza Cívica" (muy ad-hoc con nuestros tiempos de "gobierno ciudadano" y "sociedad civil"... Palabras, palabras, apalbras; como decía la canción.) en una esquina donde antes había una plaza común y corriente en la cual además se ubicaba una sede del Club de Leones (sí, esa organización que le da lentes a bajo precio o gratis a los viejitos... Sinceramente no sé qué otro atributo rescatarle, ya que no conozco la organización) y creo que además estaba la biblioteca municipal. Muy en el estilo actual, la mayor parte de la plaza es cemento y baldosa, en detrimento de los árboles y el pasto, cual paseo peatonal, como queriendo reflotar el "Paseo La Cañadilla" que se realizó entre la Municipalidad y la intersección de las Avenidas Independencia y Dorsal.
Esa clase de plazas no me gustan.
Quienes hayan asistido a la celebración de mi cumpleaños número 18 recordarán que frente a la casa de mi abuela había una plaza, elogiada por todos ustedes, en la que pudieron ver largas hileras de ladrillos a modo de bancas, algunos juegos, pasto a medio cuidar, y maicillo en el resto del terreno, porque hubo dinero para cubrir la tierra; pero a una plaza escondida no se le pone pavimento. Si bien viví años frente a esa plaza, mi relación con esas plazas de población tampoco es tan perfecta. (Y no sólo porque en uno de sus costados me haya mordido un perro.)
A mi me gustan las Plazas de Armas.
Pensando en mi último paseo solitario (mi madre me ha dicho que no viaje solo, pero yo, más que el ser desobediente, necesito mis paseos en soledad, y a veces que sean fuera de los límites de las líneas de Metro) reflexionaba acerca de los viajes que he podido acometer en mi existencia, más allá de que nunca haya salido del país y todo eso. Y por supuesto, en aquella salida mía terminé en una Plaza de Armas: la de Buin. Y hoy sacaba la cuenta de cuántas conozco. Dentro de los límites de la ciudad de Santiago, sólo la de la propia ciudad, que no quedó muy bien luego de su última renovación (por no decir que apenas parece plaza) y llena de bullicio como Santiago es, donde quizás su única ventaja es poder observar a los fotógrafos que sobreviven con un "ponys" artificiales quién sabe cómo (y estoy casi seguro que los disfrazan de Renos en Navidad) y a uno que otro predicador evangélico.
Quilicura, San Bernardo y Puente Alto, que no hasta hace mucho eran localidades separadas de Santiago, tienen sus Plazas de Armas. La de Quilicura tiene mala reputación. La de Puente Alto es un desastre aún peor que la de Santiago; un desierto urbano luego de la construcción de la Línea 4 del Metro, que destrozó a una plaza que, por mis vagos recuerdos, no era una mala plaza. Clara condición del cambio de "ciudad de provincia" a "ciudad dormitorio". La que no he mencionado hasta ahora, y quizás la que más se conserva como una Plaza de Armas típica, es la de San Bernardo, lugar que aún conserva algo de ese ritmo lento y esa organización provinciana que tienen las Plazas de Armas, sin que la presencia de un supermercado "San Francisco" afecte mucho aquello. Es la que me más me gusta de las tres.
Puerto Montt tiene una Plaza de Armas a medio camino entre las "encementadas" y las "típicas", pero al menos esa quedó bien, a pesar de tener los espacios de pasto ausentes, pero la vista del mar la favorece, y el frío. La Serena tiene una Plaza de Armas que se ve inmensa, y que está en extremo limpia (con decir que sólo hallé un par de colillas de cigarros, y ningún boleto de micro... En realidad, no encontré ningún boleto de micro en toda la ciudad.), a lo que además ayuda el aspecto colonial - neocolonial que ofrece buena parte de los edificios que la rodean. A la de Concepción la ví mientras estaban trabajando en ella. Y en la de Temuco era de noche, pero tenía muchas estatuas y una especie de museo o galería que me llamaron la atención.
Son entonces las de las localidades cercanas a Santiago las que más me llaman la atención. Dejando de lado a la ya mencionada de San Bernardo (que además tuve la posilibidad de ver desde las alturas, gracias a Felipe Zaldivia ), conozco la de Lampa, una plaza en la que por entonces había una feria deprimida, y la cual era concurrida aquel domingo por sus jóvenes (al aprecer, no había panorama mejor en el lugar que sentarse en el pasto de la plaza y conversar) y sus "canutos" que marchaban cantando por las calles; la de Talagante, que tiene la particularidad de ser redonda, y a la cual miro con mucho cariño (en la cual, además, han ocurrido accidentes estrambóticos que han sido aún más espectaculares producto de esa configuración de la plaza); la de Melipilla, sí, la misma donde colocan un letrero de Deportes Melipilla anunciando el partido que jugará el club; y la mencionada ya de Buin, en la cual un señor había instalado un vivero en un costado de la plaza, y en la que me senté a degustar un pastel de manzana mientras leía una fotocopia tan vieja como los años en que mi padre no se veía al borde del infarto producto de las bombas lacrimógenas.
¿Qué tienen las Plazas de Armas? Tanta descripción y aún no respondo la pregunta. Por ser lo que son, y también por cómo están hechas (es cosa de fijarse que en la gran mayoría de ellas sus "senderos peatonales" confluyen en un centro), son elementos confluyentes. Todo (y todos) parecen pasar por ella; la vida pareciera transcurrir entre niños que las recorren en bicicletas con rueditas, abuelos que no tienen nada mejor que hacer que irse a sentar en ellas, vendedores de carritos que apuestan a venderle tanto a paseantes como sentados, y uno que otro visitante desconocido que cree que sentándose en una de sus bancas de color generalmente verde oscuro lo va a comprender todo, o al menos va aencontrar una respuesta, de una simple mirada desde su puesto de avanzada a todo lo que transcurre. Porque a veces no hay cosa mejor que rodearlas, rodear sus baldosas interminables que cubren los costados, y sentir que todo es un camino que avanza tanto como retrocede, que se parece y es distinto a la vez.
Mirar a su alrededor la Municipalidad y la Gobernación; la iglesia siempre en un costado con su cruz elevada vigilando un lugar que la mayor parte del tiempo no tiene edificios altos que le compitan en alcanzar el cielo. En más de una, oh idea afortunada, un colegio donde los muchachitos y muchachitas saldrán a eso de las cinco de la tarde a correr y a gritar, y a gastar su dinero en comprar papas fritas aceitosas ante las cuales no les importará que los modales digan que no hay que hablar con la boca llena; y todo ello estará bien. Los colectivos pasando por el costado esperando llevar a sus pasajeros cansados de bucolismo. Los árboles mirándolo todo pasar, cómo siempre lo han hecho; comentándolo como lo hacen y hasta el día de hoy nadie se ha percatado de ello, porque le damos más importancia a la sombra que permite caer sobre el pasto o sobre una banca y sentir que el mundo se detiene en el lugar donde todo parece ir, donde todo parece venir; en lugares donde el eterno flujo es quizás lo que menos importa, y hasta se agradece que los buses deban circular (en algunos casos) una cuadra más allá.
Yo quiero Plaza de Armas.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
viernes, abril 14, 2006
Gracias, Señor, por venir a visitarnos.
La población Irene Frei no es precisamente "un lugar para vivir", como rezaba un antiguo lema municipal de Conchalí. Quizás sólo la zona de "La Chimba", en el extremo suroriente de la comuna, o uno que otro sector aislado, son peores. Es un lugar no muy extenso territorialmente, de casas bajas de madera, pasajes intrincados, grupos de gente en las noches, tanto hombres maduros al calor de un fuego encendido con lo que encontraron como jóvenes con los que preferirías no cruzarte en la misma vereda. Enclavada entre algunas poblaciones de mejor pasar, a su entrada hay un pequeño templo evangélico y una cancha de cemento donde juega el club de la población. Narcotráfico, hay, aunque sea "micro". Violencia, también.
El lugar que les he mencionado está dentro del territorio de la Parroquia Nuestra Señora del Olivo, de la cual soy feligrés, y más específicamente dentro del territorio de la sede parroquial. Si me adentro en mis recuerdos de infancia puedo rememorar que, cada año, el Vía Crucis de la sede parroquial recorría esta población. Pero hace varios años ya que había dejado de hacerlo.
Este año el Vía Crucis comenzó al revés. Siempre sale hacia el sur (al menos en los últimos años), pero ahora tomó rumbo norte. Lo que no varió fueron los típicos problemas de audio, que en las capillas no existen ya que allí toman un megáfono y solucionan el problema. Nada anormal, sin embargo, hasta que la procesión llegó a avenida Independencia y no turnó hacia el poniente (o sea, hacia la parroquia), sino que luego de pasar por el Colegio San Martín, (al lado de mi primer colegio, y frente al supermercado Líder) tomó rumbo oriente. Y luego en Nueva Central dobló al norte. Cuando se detuvo en la Villa San Pedro, otro lugar que no recibía la visita del Vía Crucis hace años, una población enrejada, de casas de ladrillos rojos, cerca de la población que nos convoca, parecía que sería el fin de la expedición por el sector oriental de la parroquia. Pero no fue así. La cruz y quienes le seguíamos llegamos a la esquina que da entrada a la Población Irene Frei.
La camioneta con el parlante se quedó en la esquina. La procesión se adentró por la calle principal de la población, mientras quienes jugaban en la cancha de cemento se detuvieron un momento a observar el acontecimiento. Entrando, levanté la mirada, y entre dos hojas de palma un gran letrero decía "Gracias, Señor, por venir a recibirnos". Entonces comprendí, o creí comprender, que allí debíamos estar, que allí debíamos ir, aunque fuese un instante; y me alegré de estar allí, luego de tanto tiempo. Entre el recelo de algunos y el canto de "Amor, amor, amor, amor, hermanos míos, Dios es amor..." se llegó al final de la calle principal, donde había montada una estación del Vía Crucis. Alguna gente salía a mirar, y otros que sabían de dónde veníamos lo comentaban. Luego procedimos a dar una vuelta por los pasajes, que estaban con velas en sus calzadas. La gente salía a las puertas de las casas a observar, y algunos de ellos aprecían contentos. Quizás el momento donde la gente más cantó fue aquel recorrido, mientras avanzábamos entre los hombres reunidos alrededor de un fuego, los ebrios y los jóvenes. Otra estación esperaba a la entrada de la población, mientras mi tía María le decía a alguien que las veces que el Vía Crucis había pasado por allí no había ocurrido nada, y así fue también esta vez. Minutos después, acompañados por el parlante que funcionaba muy de tanto en tanto, la procesión y los rezos nos retiramos camino de la parroquia, mientras una señora apoyada en un carro donde cargaba objetivos varios nos obervaba.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, abril 13, 2006
Tú obras de maneras extrañas.
Sí, un cura, un sacerdote. Mi catolicismo de discutible calidad, pero al que al fin y al cabo adscribo, demandaba una limpieza de alma por estos días, no sólo por un tema de cumplir con los días santos y sus ritos, sino porque se me habían acumulado bastantes cosas en el interior. Así pues, me veía enfrentado a la tarea de buscar un lugar con confesores disponibles. Tarea que no es tan fácil como parece. La escasez de "hombres de Dios" hace un poco complicado encontrar algunos de ellos disponibles a escuchar problemas y pecados varios, y si bien el centro de Santiago es el lugar más factible para encontrar alguno, hasta allí hay sólo ciertos horarios en los cuales atienden. Dirigí mis pasos hacia otro lugar de mis recuerdos de mañanas deinfancia junto a mi abuela: El templo de Santo Domingo. Admito que me asombré al entrar. Una cantidad de gente que jamás imaginé, y que por los más diversos motivos se hallaba allí. Ni en misa de Navidad ese templo congrega tanta gente. Bingo, había cura atendiendo para la confesión. Pero uno solo. Y había dos filas ante el confesionario. Bueno, ya estaba allí. Me puse a la fila en espera de que esta avanzara y llegar al recinto de madera donde se escondía el cura de turno. La hora avanzaba, y mientras, una señora de extraña voz se subía al ambón (especie de tribuna donde se leen las lecturas de la misa) para rezar el Rosario. Estábamos en eso, cuando un cura de edad considerable y acento español imposible de disimular dice "tres más y me voy". Desazón entre los que estábamos esperando, que eramos como cinco, aparte de los "tres más". De todos modos seguimos esperando, a ver qué ocurría. Lo que ocurrió fue que confesó tres más y se retiró sin mirar a nadie. Las señoras que esperaban tras mio comenzaron a hablar; una de ellas señalando que ya en otro templo le había pasado lo mismo. Yo, por mi parte, si bien el ir cada semana a un grupo dirigido por un cura me hace comprender lo ocupados que están, no pude dejar de pensar "un cura de verdad atiende a los pocos que quedaban" y "quizás debería esperar a otro momento".
Salí de ese lugar, pensando que quizás necesitaba yo un cura joven; que vez que me confesaba con un cura de edad no me decía nada, y me mandaba a puro decir unas oraciones. El hambre me motivó a ir a Tarragona en pos de una crujiente empanada jamón-queso, luego de haber pasado por el Correo Central donde, para risa de una de las dos encargadas de la oficina de Filatelia, que ya me conoce, no pude resistir comprarme las estampillas del Castillo Wulff. Luego decidí pasar a la Catedral, a ver si allí tenía mayor suerte. En las afueras había una aglomeración de curas, comandados por el vicario dela Zona Centro, ex vicario de la Zona Norte (en la cual vivo). Entré. Como siempre, había bastante gente. Además, estaba lleno de focos como los que usan en los estudios de televisión, probablemente paratransmitir alguna misa o ceremonia. En medio del trajín de todos quienesiban y venían, había curas confesando. Me puse a esperar a uno entonces. Tras mio se pusieron dos señoras, una de ellas brasileña, que buscaba a su hijo. Primera sorpresa: El sacerdote en cuestión no atendía por el costado al "penitente", como es lo típico, sino que de frente, mirándose los rostros.
Bien, llegó mi turno. Una voz de acento italiano salida de un calvo sacerdote que llevaba lentes me preguntó mi nombre. Sin entrar en detalles de lo dicho, puedo señalar que la mano invisible de la divinidad me llevó al lugar indicado, y quizás a una de las respuestas que buscaba. Todo esto para llegar a la conclusión de que mi creencia meta-terrenal en Dios se afirma más que en hechos espectaculares o en simple dogma, en pequeñas intervenciones y pequeños regalos de días anónimamente agradables como este. (ver http://www.fotolog.com/elpoleno)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
miércoles, marzo 29, 2006
Día del joven combatiente.
Yo sabía de la existencia de este llamado "Día del Joven Combatiente", algún vago recuerdo tenía de informaciones de otros años, pero en realidad no tenía idea del día, y sólo una leve idea de la causa de este supuesto recordatorio. La existencia de esta fecha se me hizo más cercana al escuchar el otro día conversar a unos sujetos que estudian la misma carrera que yo en la universidad, todos autodeclarados "de izquierda", supongo. Pues bien, en algún momento de su conversación salió a colación el tema del "Día del Joven Combatiente", y uno de ellos dijo: "El Día del Joven Combatiente es un día donde los jóvenes recuerdan a los hermanos... (no recuerdo el apellido) y salen a las poblaciones a dejar la cagá". Confieso haberme tragado el "imbécil" para no decírselo. Teniendo en cuenta que, según lo expresado durante la conversación, no estaba yo ante un "muchacho de población", quizás sea aquello excusa para una aseveración tan ilusa. Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que puedo contar con los dedos las poblaciones en las cuales hay manifestaciones a causa, supuestamente, de este recuerdo. Y, también creyendo estar en lo correcto, podría asegurar que son muy pocos los que saben que se "recuerda" hoy.
Quizás el lugar donde tiene algún sentido recordar este día es el que todos los años se muestra en las noticias: la Villa Francia. Y creo no equivocarme al postular que hay otra clase de "recuerdos" que se desarrollan en esa población en esta fecha, aparte de las barricadas y los disparos, que son lo único que los medios de comunicación masiva cubren. Ahora bien, en el resto de los lugares donde ocurren manifestaciones, desde el Pedagógico a la Usach, pasando por las cercanías de mi casa, mi sincera opinión es que se trata de puro "hueveo", de puro salir a tontear un rato, a cortar la calle y a tirar unas piedras; a salir a malgastar el tiempo por nada y a joderse a gente que no tiene nada que ver en el asunto. Los cortes de luz y de calles eran una manera de demostrar al regimen de Pinochet que no tenía el control de la situación, que el "orden" que decía querer implantar se podía subvertir. ¿Es ese el objetivo ahora? Ojalá se pudiera decir que hay un objetivo en estas acciones, pero no lo hay, son cualquier cosa.
Además, eso de "Día del Joven Combatiente"... ¿Combaten qué, por favor? ¿La injusticia? Sigo viendo los mismos pobres en las calles, las mismas casas mal hechas, las mismas aglomeraciones matinales en los hospitales, y no creo que una barricada las vaya a solucionar. ¿El sistema? Dejen de comprar ropa de la República Popular China y computadores con Windows; que eso será un arma más eficaz que sus perdigones hechizos. ¿Combatir al gobierno? Ni el "chico" Zaldivar tiembla porque ponen una bomba de ruido en La Pincoya. Serían más efectivos si la pusieran afuera de la sede central de los supermercados Líder, por ejemplo; pero no tienen ni estrategia, ni objetivo, ni sentido, ni nada. Es sólo un tontear por tontear.
Y ahora los autos y microbuses que pasan por Independencia están siendo desviados por la pésima calle en la que vivo porque algún imbécil tuvo la idea de prender algo a tres cuadras de casa.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
(Y no soy de derecha, aunque tenga tendencias gaullistas. xD)
martes, marzo 14, 2006
Gobernador de Chañaral.
Artículo 116:
En cada provincia existirá una gobernación que será un órgano territorialmente desconcentrado del intendente. Estará a cargo de un gobernador, quien será nombrado y removido libremente por el Presidente de la República.
Corresponde al gobernador ejercer, de acuerdo a las instrucciones del intendente, la supervigilancia de los servicios públicos existentes en la provincia. La ley determinará las atribuciones que podrá delegarle el intendente y las demás que le corresponden.
En cada provincia existirá un consejo económico y provincial de caracter consultivo. La ley orgánica constitucional respectiva determinará su composición, forma de designación de sus integrantes, atribuciones y funcionamiento.
Artículo 117:
Los gobernadores, en los casos y forma que determine la ley, podrán designar delegados para el ejercicio de sus facultades en una o más localidades.
Ahora bien, todo este lío me recordó una "frase al voleo" dicha por alguno de mis ex compañeros de la "generación I", durante mi estancia en el Instituto Nacional. (si no me equivoco, Johan Van der Molen) Que mi futuro político sería ser gobernador de Chañaral. Podeís imaginaros entonces, venerables lectores, de qué modo me embargó la emoción al saber que el cargo se encontraba vacante, y más encima por un tipo que rechazó el cargo porque le era más rentable quedarse trabajando en Copiapó. Pues bien, ¡yo quiero el cargo de gobernador de Chañaral! Ante la avalancha de voluntarios, me ofrezco humildemente a asumir el cargo, con toda alegría. ¿Y por qué? Pues claro, por las ansias de poder indisimulables de quién escribe. No lo voy a ocultar, hasta aceptaría ser delegado municipal en Catapilco si me lo ofrecieran; pero claramente este cargo se ve con mucha más proyección, con mucho más futuro, y especialmente por mis propuestas para mi mandato provincial:
1. Aprovecharemos que algún día el Presidente Lagos se bañó en las playas de Chañaral para lanzar la campaña "Lagos lo recomienda: Ven a Chañaral". Si bien ya pasó la temporada, confiamos en que la popularidad del ex-mandatario incremente las visitas nacionales en un 5%.
2. Aprovechando el proceso de resurrección del tren implementaremos el servicio El Salvador-Diego de Almagro-Chañaral (MerChaña), con al menos 4 frecuencias diarias, y trenes restaurados. Se augura gran atractivo turístico. Financiado, claro, con las utilidades de EFE.
3. La provincia de Chañaral necesita identidad. Por ello, procederé en el primer mes de mi mandato a dar a nuestra provincia una bandera y un himno propio. Exigiremos a Correos Chile la creación de estampillas para Chañaral, las cuales serán del interés de los coleccionistas del mundo y permitirán financiar la creación del Palacio de la Gobernación. Por último, crearemos Radio Chañaral Internacional, emisora destinada a difundir Chañaral en el mundo y con emisiones en español, francés, árabe, serbocroata, tajiko, somalí, swahili, uigur y laosiano.
4. Ante la amenaza de cierre de El Salvador exigiremos al gobierno central la suspensión de esa medida, que podría dejar a la provincia sin un tercio de su población, y sin club de fútbol. Si el gobierno se niega a considerar nuestras peticiones convocaré a la huelga general como medida de presión. Y si aún así somos derrotados, demandaremos que, por lo menos, El Salvador sea declarado el Sewell del norte chileno.
5. El aeropuerto de El Salvador será declarado Aeropuerto Internacional "Hernán Rivera Letelier". Negociaremos la llegada de importantes aerolíneas, como Air Nauru, Aeroflot y Palestinian Airlines.
6. Pediremos al gobierno central que la primera central nuclear chilena se establezca en nuestra provincia. Para ello la provincia de Chañaral cuenta con inmejorables ubicaciones, sobretodo desérticas. Además, podría ser la oportunidad para crear una nueva ciudad que permitiera aumentar la población provincial y descongestionar Santiago. Y siempre podemos bautizarla como "Espringfield".
(Se aceptan sugerencias para más propuestas)
Estas son sólo muestras de cómo mi benéfico mandato permitiría a la provincia de Chañaral surgir. Por esto, ¡basta de cobardes que no quieren aceptar desafíos! ¡Basta de pusilánimes que buscan estos cargos sólo para descansar en un asiento y no hacen nada! Conozco la realidad de Chañaral, ¡y Chañaral necesita acción! Estoy esperando sólo la llamada para asumir, y no importa que no sea llamado ahora; sé que la ciudad de Chañaral seguirá esperando y me recibirá con los brazos abiertos cuando llegue a su terminal de buses, dispuesto a trabajar por una provincia a la que amaré como si de Melipilla o Polonia se tratase.
(Pero usted siempre puede ayudarme y escribirle a la Presidenta Michelle Bachelet que soy materia dispuesta para asumir el cargo, y así hacer feliz a la provincia referida, y por qué no, a mi mismo.)
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
lunes, marzo 06, 2006
Incendios.
Después de un largo viaje ida y vuelta a Estación Central para dejar a Lucy no alcancé a llegar a las noticias; o al menos no al comienzo de estas, como para ver las imágenes. (Reclame a Alsacia por las malas frecuencias de la 141 y la 630, y a los ineptos que tuvieron la "genial idea" de que todo el flujo de transportes de la Villa Los Libertadores, donde alguna vez viví, salga por el costado de Américo Vespucio; o sea, un auto podría estar allí perfectamente hasta las 10 de la noche esperando poder pasar.) Tampoco me "dio el cuero" como para ver las noticias de las doce; me quedé dormido antes. Sin embargo, gracias a la página web de Radio Cooperativa pude enterarme más menos de lo sucedido y hasta ver algunas imágenes del sorprendente desplome de la estructura de la entrada a este edificio.
¿A qué viene todo esto? Sucede que hay cosas que uno no se imaginaría que se queman, o cree que son incólumes a todo evento destructivo... Pensemos cómo habrá sido ver el 13 de septiembre de 1973 el Palacio de La Moneda destruído. O si se cayera la Torre Entel. Pero bueno, más allá de que el asunto nos recuerda lo efímero de todo, incluso de los edificios emblemáticos, a mi mente trajo a colación los incendios que recuerdo más de cerca; más allá de que nunca me haya afectado uno. (Sorpresivamente, sí he resultado afectado directamente por inundaciones, y no siempre provocadas por lluvias...) Especialmente recuerdo dos, acaecidos en casa de mi abuela materna.
Mis recuerdos no son muy precisos como para poner en orden el año en que ocurrieron o la fecha. Aún así, trataré de contarlos lo mejor posible. El primero que recuerdo ocurrió en la casa tras la de mi abuela materna. Por ese entonces moraba en ella una señora de la cual mi tía abuela me contó muchas historias cuando anduvimos de viaje por Puerto Montt, (hay gente que dice que si usted quiere hacer "turismo-aventura" debe venirse en tren. En mi caso no fue así, pero eso es harina de otro costal) y que si no me equivoco se llamaba Esmeralda. La cosa es que una tarde, si no me equivoco otoñal, en que estábamos mi abuela materna, mi prima, un tío mio, yo, y el perro de ese lugar que por ese entonces seguía vivo, mi abuela le dice a mi prima que saque al perro y terminamos yo junto con ellas bajo un árbol en frente de la casa. El motivo estaba a la vista: fuego salía de la casa trasera. Mi tío con una manguera intentaba enviar agua a la casa vecina, y de la casa del lado también salía otro chorro de agua. Así, medio barrio terminó en la plaza frente a la casa de mi abuela materna (esa donde se columpiaron durante mi cumpleaños) mirando un fuego que si bien resultó bastante preocupante, no ocasionó ningún daño.
El segundo que recuerdo no fue tan cercano, pero me provocó más pavor que el anterior. Mi abuela materna (en cuyo hogar pasé mis primeros años de vida, pero en ese entonces ya vivía yo en mi domicilio actual) vive a pocas cuadras de la Panamericana Norte, por lo tanto cerca de muchas industrias. Recuerdo que me contaron de al menos un par de veces en que la bodega de los supermercados Montserrat (ubicada en Zapadores con Panamericana Norte) se había quemado, pero eso para mi es sólo un recuerdo relatado. La memoria en pensamiento vivo la tengo del incendio de las fábrica de pinturas Iris, no muy lejos de la bodega antes mencionada. En algún momento caída la noche, cuando mi madre ya había ido a buscarme a casa de mi abuela (creo), se comenzó a oler humo, a sentir sirenas ululando, y a sentir algunas explosiones. Nuevamente medio vecindario se apostó en la plaza a mirar lo que ocurría; si bien desde allí no podía saberse mucho, más que ver y oler humo. Creo además que caían algunos restos por allí. Quienes corrieron hacia Zapadores con destino a Panamericana podrán haber visto más de cerca lo ocurrido, pero yo no me conté entre ellos y vía televisión me (nos) enteré (enteramos) de que el asunto era un incendio en una fábrica de pinturas. Y aquello me puso más intranquilo que el incendio anteriormente relatado. En cualquier momento me imaginaba un tarro de pinturas en llamas cayendo sobre la casa; producto de las inquietantes explosiones. Llegó la hora en que había que irse de casa de mi abuela a la nuestra, y aunque la intensidad del incendio parecía haber disminuído, yo no quería irme. De todos modos terminamos con mi madre esperando micro en Zapadores con Barón de Juras Reales, y de esa micro proviene quizás mi más vivo recuerdo de ese episodio: Mirando por el vidrio de atrás la humareda que se veía hacia Panamericana, y yo tratando de canturrear una canción para calmarme. Al llegar a casa, la televisión mostraba un comercial de Aspirina. Para el dolor de cabeza post-nervios, supongo.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, enero 19, 2006
Dos sopaipillas.
La espalda y los muslos dolían, pero siguió hasta dejar los ladrillos al borde del muro, y se regaló un par de segundos antes de emprender el regreso con el carro de una sola rueda. Entre las ocho horas de carro, y las tres de bicicleta (una y media de ida, una y media de vuelta) se podía entender la tensión de sus músculos cuya piel estaba teñida del color del sudor, del sol, del trabajo y del polvo. Y la tensión sólo se aliviaba al pensar en el rostro de su hija, Silvia, y en verla hecha una profesora, tomando entre sus manos un día el título; un día en el que pediría permiso en el trabajo, se pondría el traje, y de la mano de su vieja la mirarían con los ojos llenos de lágrimas. Por eso deambulaba de obra en obra en una ciudad que no se detenía y parecía estar siempre hambrienta de casas y de edificios, hambre aquella que era la que le daba trabajo, deambulando de un lugar a otro de la ciudad cada vez más grande, con más buena que mala suerte, ya que no había parado de trabajar, aunque los sueldos no siempre fuesen buenos; pero siempre algo caía. La Teresita que llevaba en la billetera, regalo de su madre, no lo abandonaba.
Recordando los libros que había tenido que comprar Silvia para sus exámenes de fin de año, miró con tristeza el cielo cuando el reloj les señaló a todos la una de la tarde, la hora del almuerzo; ese que algunos traían en sus loncheras, y otros, como él, se apresuraban en ir a proveerse en algún lugar exterior a la obra. Pero siendo certeros, él no se apresuraba. Con calma, como si nada lo apurara, como si el estómago no gruñera, se secó el sudor con la toalla que tenía en la mochila y se sacó el casco. Luego se encaminó a la calle, y desde la entrada de la obra divisó el carrito de doña María, en la esquina siguiente. La señora había aparecido junto con el edificio en construcción, vendiendo sus alimentos con tanto esfuerzo como ellos elevaban a los cielos el cemento y los ladrillos. Llegó al quiosco, y la miró con una sonrisa que ella correspondió, mientras atendía a quienes estaban antes que él. Sintió llegar a sus narices el olor del aceite crepitante, del pan, del pebre, de los tomates que doña María usaba en sus sanguches, de las empanadas de queso fritas, de las sopaipillas de color amarillo que lo llamaban con una sonrisa que no existía.
Buenos días, pues, don José. Buenos días, doña María. ¿Muy cansado? Como bestia, pero hay que ponerle el hombro a la pega pues. ¿Lo mismo de siempre? Sí, doña María. Le traje harto pebrecito, como a usted le gusta, y ya sabe usted que ahí tiene la mostaza y el ketchup. Muchas gracias doña María. ¿Quiere de las que están listitas o le frío otras? Si las que tiene están calientitas, deme de esas. Calientitas pues. Tome, ahí usted llénelas a su gusto. Gracias, doña María.
Dejó una de las masas amarillas cuadradas y fritas en la hoja de toalla nova, y comenzó a embadurnar la otra, como tantas veces, con abundante pebre, el que tenía harto tomate y orégano. Y luego, chorreó sobre el picantito los condimentos amarillos y rojos, el sabor que encubría lo magro para semejar la abundancia y engañar a la boca. Tomó la otra sopaipilla, la puso sobre la que había echado los rellenos, y se sentó al borde de la calle a comer. Y mientras, sin prisa, daba la primera mascada cuidando de que nada se cayera, pensaba en sus ganas de pedir dos más, pero se decía que no podía, que en los libros se había ido casi todo, y había que dejar para lo que quedaba del mes, y que más encima iba a ser Navidad; pero que iban a pagar pronto, que podía aguantar hasta los porotos que le tendría su mujer y que comería con avidez cuando comenzara a caer la noche; y que por mientras jugaba a satisfacer su estómago de obrero reteniendo en la boca la masa de harina, el aceite, y la mezcla de sabores que con su ardor le devolvía la energía.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, enero 17, 2006
La no-sencillez de anular el voto.
Bien, la situación es que, por diversos motivos tanto puntuales como absurdos (que pretendía detallar en una especie de manifiesto que nunca hice y no sé si haré; pésimo soy para explicar teóricamente las cosas, y peor con mis decisiones), había decidido hace días antes de la elección, votar nulo. Decisión, por supuesto, criticada de manera simpática por algunos integrantes de mi familia, bacheletistas, (porque los derechistas de la familia -mi abuela materna y una tía- supuestamente votan nulo) que decían que cómo no le daba el voto a la que, a fin de cuentas, "estará con-nosotros" cuatro años. Admito que tampoco pensé en el "bien común", como mi padre que no quería votar por Bachelet pero terminó votando por ella para que su respaldo fuera mayor y le permitiera gobernar mejor. Oh sí, que egoísta soy. Tenía la certeza además de que Bachelet ganaría, salvo que ocurriera una catástrofe, y coincidimos con Sandoval en nuestras apuestas en ese hecho. (desafortunadamente para él, sólo erré en un 0,2% y no en 4%, así que me debe un movimiento sísmico con harto helado de piña)
Ocurre además que el día jueves 12 de enero, como me informa el calendario de Los Simpsons de cien pesos que tengo en frente, venía yo desde Providencia y decidí caminar. Y cuando el Seba se subió a la micro porque quería irse a casa luego, yo seguí caminando. Y vi caminar más gente a mi alrededor, con céntrico destino. Y a todos converger en una Alameda que estaba cortada porque era el acto de cierre de Bachelet, y todos molestos porque había que ir a dar la vuelta hasta la altura del cerro Santa Lucía para poder pasar a mirar el acto; y allí yo, entre las banderas y las risas, caminando por las calles laterales del Barrio Lastarria, y aún indeciso sobre si quedarme al acto o no; y al final me quedé, me quedé entre las banderas, las mujeres risueñas, los vendedores de cerveza y de challas, una pantalla que casi no se veía, y un espectáculo que no recordaba haber visto, y que no era referido a la "armada española", sino que era verme y saberme en una concentración política (dentro de lo que se puede pedir que tenga de política una concentración a estas alturas) en plena Alameda; oh tiempos de mis abuelos y hasta de mi padre, también yo estaba en una de esas. (No logro recordar por qué no asistí a la de Lagos; siendo que, de haber podido votar, habría votado por él en las dos vueltas -y esto no basado en mi pensamiento actual, sino en lo que decía yo en esos días-; pero si recuerdo que me llegó una "manito" de Lagos, que al moverla hacía ruido como de aplausos) El ambiente era lo más divertido... La gente conocía más a Víctor Manuel que a Saiko, la pantalla la veía muy a ratos, el sonido era más esporádico aún; y salvo por los chillidos incontrolables que se desataron cuando la multitud fue enterándose que estaba Miguel Bosé, el público (consideremos que yo estaba a la altura de la automotora que había en la cuadra entre Lastarria y Victoria Subercaseux; no muy cerca del escenario precisamente, y sí cerca de los abnegados -no bajaron nunca las banderas- militantes del Mapu Obrero Campesino; cosa que ni yo sabía que existía) de verdad esperaba a Bachelet. Con un discurso que no escuché muy bien, y que por lo que escuché, tampoco me convenció de cambiar de decisión. Al tratar de irme, un par de sujetos comentaban el acto y uno dijo "se farrearon el acto". Y yo fruncí el ceño al saber que al día siguiente Bachelet (futura Su Excelencia) había dicho algo así como que su gobierno sería de muchos colores.
Llegó el domingo; y si bien no es que el asunto me haya llenado la mente (y otros asuntos me aproblemaron el día anterior, además), de verdad hice lo que se supone que uno debería haber hecho entre viernes y sábado y reflexioné sobre mi voto, concluyendo nuevamente que anularía. Como el insomnio ha sido una constante de estos días, creo haberme dormido a las 5 de la mañana, o algo así, y como tal, ¡obviamente no desperté a las 8 de la mañana a votar! (vaya fracaso... no logré hacerlo en ninguna de las dos elecciones.) De hecho, desperté a las 11 de la mañana, e incluso antes de ir a sufragar (contemos además mis demoras en bañarme, vestirme, y desayunar... Esto último, un acto que había ido olvidando, pero que he ido recuperando con sumo placer) fui a misa. Y sin embargo, mi espíritu no estaba muy conforme con mi decisión, y buscaba en las calles, en el aire, en los rostros, en los letreros, un motivo para ser incluído por Jorge Correa-Sutil entre los votos validamente emitidos.
Terminé llegando a mi mesa como a las 13:30, y fui recibido con un "al fin uno para la 88" por parte del presidente de mesa, y las miradas hastiadas de los vocales, que parecía que hacía bastante rato que no tenían mucho que hacer. Firmé el registro, me entregaron el voto, y me encontré sólo ante la urna y ante la disyuntiva ya detallada en toda esta crónica. Tomé el lápiz, y comenzé a trazar una línea. Crucé por la horizontal del candidato 1. Seguí. Y crucé la del candidato 2. Me detuve, cerré el voto, le pegué la estampilla (podría habérmela robado para mi colección), y deposité un simple voto anulado.
Por cierto, horas más tarde, primero paseando por Conchalí y luego observando las imágenes televisivas, pude observar los festejos bastante efusivos y numerosos de la gente, especialmente de las mujeres. Y a una Malucha Pinto diciendo que ahora, tenemos "matria".
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
(entrega conjunta para elpoleno.blogspot.com y mimamaeslesbiana.blogspot.com)
miércoles, diciembre 28, 2005
Navidad a oscuras
Gracias al pequeño transistor onda corta que le regaló un padre que no terminaba de comprenderle, don Manuel Aguilar, párroco de La Bayamera, pudo escuchar por Radio Vaticana el saludo de Navidad del Papa Pablo VI. Eso le ayudaba a acompañarse en una fecha solitaria. Solitaria como solitarios eran sus días de sacerdote. Sabía que serían así, pero eso sólo se le había hecho patente cuando llegó enviado por monseñor Amigo a La Bayamera. Recordaba ese primer día, y la "calurosa" bienvenida que le había proporcionado el alcalde, que había mandado clausurar la puerta principal de la parroquia a una hora de llegar, con el pretexto de que la pared del frontis era un peligro de derrumbe, y que ese derrumbe podía ocurrir al abrir la puerta.
Aquel primer gesto sería reflejo de la soledad que le acompañaría en los meses posteriores. Ni siquiera el venir de la capital le atrajo el contacto de los pobladores, quienes en su gran mayoría lo rehuían al verlo pasar. Los únicos que no se cohibían en hablarle eran los de la junta de racionamiento, que cada vez que el sacerdote iba a buscar sus raciones le recibían con una alegría que nadie más le demostraba, pero siempre acompañada de las insinuaciones de “Padrecito, nos dijeron por ahí que se va a la Parroquia de…”, señal de que tampoco estaban muy contentos de su permanencia en el lugar. Permanencia… Esa era la palabra correcta. Difícilmente se podrían usar otros adjetivos que usaban los sacerdotes: “trabajo”, “misión”. El padre Aguilar contaba su feligresía dominical con los dedos de las manos. Y a veces le sobraban dedos.
La emisora de Roma anunció que continuaría sus transmisiones con música, y don Manuel apagó el receptor para comenzar a preparar la misa de Navidad. Comenzó lentamente a desplegar un mantel blanco que doña Lucía le había regalado a su llegada, y con un trapo viejo limpió el altar resquebrajado y las imágenes que quedaban en el templo. Mientras limpiaba, pensaba en si sus avisos de que celebraría la Navidad tendrían eco. No habían faltado las ocasiones en que había celebrado misa solo. Además, en esas fechas, el control era férreo. Doña Lucía, que vivía al frente, no tenía miedo; pero a veces tampoco ella podía ir. Y él no era quien para exigirle a ninguno de sus feligreses. Sabía que, en cada ocasión, se arriesgaban.
Cayó la noche. Don Manuel, cabellera blanca a sus cuarenta años, vio que todo estaba lo mejor arreglado posible; lo mejor que se podía esperar en un templo que se llovía, que tenía tejas caídas, paredes resquebrajadas, y donde faltaba todo, menos oscuridad y soledad. Había electricidad esa noche, y podía considerarse afortunado de encender la bombilla eléctrica que iluminaba el altar. Aunque aún faltaba para la hora que había anunciado, abrió la puerta lateral del templo. Señal de desafío. Desde afuera, música atronadora contestaba y no tenía intenciones de cesar.
La bombilla y los insectos chirriaban. La luz de las estrellas miraba al padre Aguilar, y el padre miraba el reloj; y el reloj, los insectos, la bombilla y el padre veían que nadie llegaba. Al frente no había luz alguna encendida. La música seguía sin cesar reproduciéndose en la sede del partido y en la cantina. Y llegó la hora. Dudó de si hacer algo que no tenía sentido; pero el Salvador tampoco era cosa de razón, y le pedía hacer misa aunque estuviera solo. Buscó la estola, los pocos implementos que trajo en la maleta, y comenzó a cantar. Se aseguró sí de tener una compañía: la foto de su familia se apoyaba en una vela sobre el altar. Mientras el baile y la fiesta parecían estar en su punto álgido, Aguilar se esmeraba en leer el Evangelio. Y se cortó la luz.
La música no pudo continuar. Él sí; sabía el procedimiento de memoria. Además, estaba representando un monólogo. En la oscuridad vio venir las nubes en el cielo, y una gota le apagó la vela en el último amén. Así era la lluvia en el trópico. Impredecible. Se predijo una mala noche tratando de evitar las goteras. Se tendió en el banco que le servía de cama, y se guareció con las frazadas. “Feliz Navidad”, se dijo, antes de cerrar los ojos tristes.
Le acariciaban la cara. Era su madre; la única feliz de verlo sacerdote. Pero le estaba llamando padre, no hijo. La palabra resonaba cada vez más en sus oídos.
Abrió los ojos. Con el rostro perplejo, y los sentidos tratando de reaccionar, vio entonces a doña Lucía a su lado tratando de despertarle. Tras ella, unas personas, veinte quizás, le observaban. Entre ellas, una clase de gente que hace mucho no veía. Niños.
-¿Qué hora es?
-Es la una de la madrugada. Nos preguntábamos si podría celebrar la misa de Navidad.
Adormilado, logró que sus músculos esbozaran una sonrisa. Permítanme despertar, por favor, les dijo, y le ayudaron mientras abría los ojos son creerlo.
Se dirigió al interruptor. Una voz cómplice le dijo:
-No hay luz.
Comprendió entonces, y dejó que el cielo y los ojos de la gente, iluminaran su Navidad a oscuras.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
viernes, diciembre 23, 2005
Retoño.
Desde la cuadra anterior, donde estaba esperando pasar aquella complicada esquina, había visto al anciano, que a un costado de la calzada vehicular aguardaba a que se encendiera la luz roja para recorrer con paso lento las ventanillas de los autos en busca de una moneda. Llevaba puesto un sombrero de viejo pascuero, y andaba trayendo un coche, en la parte inferior del cual unas bolsas de feria guardaban algunas de sus pertenencias, supuse.
Cuando llegué cerca de la esquina, y se dirigió desde el pavimento hacia mi, lo primero en que me fijé era en que el coche no llevaba a nadie.
El viejo también se percató, y me habló.
- Se llama Camilo... Tiene dos años, pero todavía le cuesta caminar, se cansa mucho, y por eso lo ando trayendo en este coche. Así además nos hacemos compañía. Vivimos solos; sus papás murieron, y desde entonces es mi retoño... Pido para mi, pero también para él. Compartimos el pan y la casa, y cuando junto hartas monedas, le compro un poco de leche.
No pude evitar mirarle, mirar su gorro cuya parte blanca estaba sucia, el coche vacío... En el cubículo delante de la palanca de cambios, una moneda de quinientos pesos que era parte del vuelto del diario que yacía abandonado en el asiento del lado derecho brilló. La alcancé y se la dí, acompañándola con un imperceptible "tome". Me sonrío y dijo:
- Le diría que le diera las gracias, pero es mudito. Así que yo le agradezco por mi y por él.
El viejo avanzó con su coche entre los autos hacia el que estaba detrás mio. Mientras lo miraba por el espejo retrovisor, el semáforo dio la luz verde. Había que continuar el camino.
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
jueves, noviembre 17, 2005
Lastre.
Compró un globo.
Consiguió gas, tomó cocaví para el camino, y comenzó a inflarlo.
Cuando estuvo listo, en medio del campo verde, miró a lo lejos y partió.
Y mientras avanzaba, iba dejando atrás y olvidando, mientras echaba los sacos al suelo.
Horas después y doscientos kilómetros más allá, mientras caía la tarde y el general Manuel Carranza estaba en medio de sus cavilaciones existenciales en uno de los cerros que rodean a la ciudad de Los Pumas, el ordenanza del general le decía al contuso tripulante del globo aerostático caído, "¿es que no sabe que el lastre es necesario para el equilibrar el globo, idiota?"
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
domingo, noviembre 13, 2005
Cantemos con poleno. (O de las renovaciones en la Plataforma Multimediática Polena)
Tiempo después, la señorita Lucy (http://capullorugoso.blogspot.com) también apareció con un video en su blog. "I like a virgin" era la canción en cuestión, y la sección donde se inscribía ese video era "Cantemos con Oruga". El nombre, lo recuerdo, me hizo reír. Pero después ella sacó la sección. Vaya a saber uno por qué.
Y bien, como adelanté en algún artículo, saqué el contador.
¿Qué le pongo entonces al blog, pensé?
Buscando, buscando, ah, maravillas de la internet, hay sitios que le ayudan a uno a ponerle cuanto adornito quiera a su blog.
¿Videos? ¡Claro que sí, por supuesto que le tenemos!
Entonces no fue más que copiar algunos códigos, buscar, y ahora "Escribiendo el melodrama barato de mi vida" le tiene "Cantemos con Poleno".
Con una canción bien ad-hoc a Poleno, por supuesto.
También el blog de Deportes Melipilla, que ha superado en visitas a su alma mater, le tiene algunas novedades. Véalas en http://deportesmelipilla.blogspot.com
El que se ha ido quedando atrás, en público y en adornitos, pero ya le meteremos más cosas, es el blog de la República Turca de Chipre del Norte. http://republicaturcadechipredelnorte.blogspot.com
Y si revisan los links de www.fotolog.net/elpoleno se encontrarán con más de una sorpresa graciosa.
Espero que esta temporada de calor (maldito sea) sea fructífera en novedades "tecnológicas" y en artículos para la Plataforma Multimediática Polena. Ya estamos pensando en algunas sorpresitas para todos ustedes, amables lectores.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
martes, octubre 25, 2005
Un año de(saprovechado) blog.
Y sin embargo, creo que este espacio ha sido desaprovechado. Se pudo haber escrito mucho más aquí; y no siempre faltaron las ideas. En el fondo, la causa es un problema endémico del encargado de este blog, su falta de disciplina para poner en texto esas ideas, para darse tiempo en aprovechar de escribir y no perder el tiempo viendo huevadas. Falta la constancia (no confundir con nombres que suenan parecido) y la voluntad; vaya novedad, como si las hubiera tenido alguna vez.
Es entonces ahora, cuando se cumple un año de este blog, que debería pensar seriamente en aprovechar algo más este espacio, usarlo más, no tener tanta "paja" de accesar mi nombre de usuario y contraseña y ponerme a escribir aquí. Vamos a tratar.
Aunque por algunas semanas, el tiempo va a ser escaso. Ya saben, PSU y todo eso.
Mejor sacaré el contador. Además, ya no funciona.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
sábado, octubre 22, 2005
El día que la ciudad amaneció perdida.
Bien. Bajé, y me fui a encontrar con María. Luego subimos a ver micros. Y oh sorpresa, mirando micros en Bandera, encontré a alguien (pero eso es otra historia...). Bien, en Bandera el panorama era de caos, ante todo por el lío de que los buses articulados no caben por el paso, y la mayoría de los buses nuevos no estaban pasando por Bandera. Entonces, como además parece que todo Santiago había salido a la calle, o algo así, porque en los paraderos había mucha gente, había hordas esperando subirse a cualquier micro. Misma situación se observaba en la Alameda, donde una confusión de micros verdes, rosadas y amarillas, muchas de ellas al parecer desprevenidas, cosa notoria por los letreros a mano y recorridos anunciados con pintura blanca, pasaban por la principal arteria vial de Santiago.
Pasó la tarde, y cuando fue la hora de volver a casa, fui al paradero céntrico tradicional (y no oficial) a tratar de encontrar una micro en la que volver. El panorama era desolador. Debido a que justamente el paso nivel de Bandera con San Diego es el único en el que no caben los buses "oruga", (jiji) la cantidad de buses que pasaba por Bandera era exigua, y casi todos de Renca. Me fui entonces unas cuadras al poniente, por donde se suponía que pasaban las nuevas micros. Cuando ya me iba a volver a Bandera a ver si pasaba una de las viejas amarillas, a lo lejos se vio venir una 139 de esas verdes de tamaño "normal", con destino Quilicura, nuevecita de paquete. Y llena de gente. En fin, la hice parar igual. La puerta se abrió lentamente, y al subir, una pléyade de choferes nos saludó a quienes subimos, y es más, nos dijeron que por ese día el transporte era gratis. El caballero que subió detrás mio creía estar siendo objeto de una broma de Video Match al oír eso, pero cuando se lo terminó por creer, dijo "al fin una hueá gratis en Chile".
El viaje fue lento, muy lento, mirando las calles céntricas llenas de gente estupefacta y sin tener mucha idea de qué hacer. No faltó quien quiso bajarse a mitad de cuadra, y como no le pararon, empezó a echar chuchadas varias al "operador". Pero quizás el caso más emblemático fue el de aquel energúmeno que en Mapocho quiso que le pararan en la tercera pista, y al ver que no le hacían caso a su majestad y ni pensaban en abrirle la puerta donde no se debe, comenzó a golpear el bus, hacer gestos con las manos, y putear a la micro y a su chofer. Los asientos, escasos. La gente se apelotonaba adelante como si el torniquete del cobrador se la fuera a comer. Y para sorpresa de todos, subió un joven en silla de ruedas. El espacio para poner éstas demostró su utilidad aquí, y todos quienes se afirmaban en ese sector del bus hubieron de buscar nuevas ubicaciones.
Una experiencia un tanto extraña la de andar en un bus nuevo, pero a la que habrá que acostumbrarse, aunque no sé cómo irá a ser la relación entre las gentes y sus nuevos buses. Mi primera visión es algo pesimista, pero quizás las cosas cambien cuando la ciudad no amanezca tan perdida con esta invasión albiverde que se nos viene encima.
Saludos,
S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.