lunes, mayo 16, 2005

Tirantes relaciones diplomáticas.

La obra escrita, refiriéndome exclusivamente a mis intentos de escribir, pasa por una crisis. Y más la poesía que la prosa en realidad; aunque es un todo el estado, ya, lo admito, no crítico, pero si preocupante. Hay ideas, sé que si me sentara a hacerlo podría escribir mucho, pero ese es precisamente el problema: No soy capaz de sentarme a escribir, a hacerlo en serio, concentrado quizás escuchando al señor Moz tal como ahora, pero a escribir... A nada más que eso.

Sé que no es lo único que importa... Pero sé también que está latiendo allí dentro mio, y yo no lo dejo fluír. La represión aplicada nuevamente; y creo que no todas mis ideas escribibles salen de la mala conciencia.

Pero como no todo es nada, hay algo. "Tirantes relaciones diplomáticas", para ver si algún día me siento más orgulloso de mis versos. (Aunque un par de poemas si merecen que hinche el pecho por ellos)

He caído en cuenta del detalle
del nombramiento de mi nombre
que haces al vernos.
Y de que yo no recurro
al mantra de recitar
las nueve letras de tu recuerdo.

Recuerdo de vernos.
Buscando tu rostro y tus cabellos
más de una mañana me sorprendo.
Y no estás. Y no te
encuentro. Y tampoco te espero.
Ahora sé que podías ser más esquiva.

Y que podía yo seguir queriendo
la leve tibieza de tu presencia,
la delgada compañía de tu silencio.
No es lo mismo; no somo
los mismos. El deseo de tu
ausencia presente, permanece.

Sabía yo que eras distante,
pero siempre se puede sentir más fuerte.
Mis ojos ya no están sólo en
esa esquina, pero siguen mirándola.
Incompleto, incompleto, aún más
que antes está el rompecabezas.

Terminé por darme cuenta
de la pérdida de algunas piezas.
Los lazos que unen los cabellos
a través de nuestras ventanas altas
caen por momentos en el abandono
de los cables del telégrafo.

Y sé. Y quiero y sé,
que no caminé para desandar.
Que los gestos, las palabras,
eran conquistadoras; mas no
sólo de un sueño de amor.
Buscaban algo distinto.

Me pregunto si podré decir
que poseo una embajada
en tu nación a veces amable
pero siempre tan lejana.

(La rima salió casi de casualidad... El título, sí, bien contemporáneo.)

Saludos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

lunes, mayo 02, 2005

Primero de Mayo.

1 de mayo. Día del Trabajo; de los trabajadores, supuestamente. Día de marcha y disturbios, todos los años. Y la noche anterior recibo una llamada de mi querido padre "invitándome" a ir al acto con él. Mi cama me susurraba desde mi cuarto que me quedara con ella hasta tarde. Mis mugidos de vaca depresiva daban cuenta de que no había mucho ánimo manifestante en mi. Y sin embargo, le dije que iría.

Desperté temprano, pero me di cuenta que me había quedado dormido sobre la cama y tenía mucho frío, así que me acurruqué sobre la cama y volví a dormir. Como resultado, desperté pasado las diez. Tarde. Pero nunca tanto. Comencé a ponerme en actividad, y luego de que mi padre me aclarara que habíamos quedado de juntarnos a las once treinta y no a las once, terminé de arreglarme y partí al centro. La micro no demoró en pasar y marchó veloz a través de avenida Independencia. Al llegar a Balmaceda, temí que hubiese un desvío y fuera yo a dar a avenida Brasil. Pero la micro marchó tranquilamente por Teatinos. Hasta que en Moneda la desviaron hacia el poniente y me bajé.

Pude haber alcanzado la Alameda vía Amunategui, pero retrocedí y caminé hacia la cortada Teatinos. Empecé a caminar, y me di cuenta que no había nadie más en toda la cuadra, salvo un carabinero paseando y un mendigo. Me sentí extraño, y a mi cabeza se vino el episodio histórico de cuando Merino, Leigh y Stange caminaron en soledad hacia La Moneda el 5 de octubre del 88. Con un extraño gustito seguí caminando, y al acercarme a la Alameda pude ver que toda la entrada a Teatinos estaba vallada. Cómo pasar fue la pregunta que se me vino a la mente. Unas abuelas se acercaron a hablarle a los carabineros de las vallas, y pude ver que había un pequeño boquete entre ellas. Las abuelas se fueron poco antes de que alcanzara la esquina, y me disponía a pedir permiso (desconozco que palabras hubiera usado, y me da risa pensarlo) cuando uno de los carabineros le dice a otro que se aparte para dejarme pasar. Muevo levemente la cabeza y sonrío. Mi padre está a un par de metros, mirando hacia el poniente. Lo abrazo, nos saludamos, y empezamos a caminar en dirección Los Héroes. Estamos en eso cuando un grupo de carabineros sale desde el costado del Burger King a media cuadra entre Teatinos y Amunátegui. Recuerda Eduardo, es día de protesta.

Desde allí comienza a verse gente, en grupos relativamente dispersos. Por los altavoces habla Arturo Martinez, presidente de la CUT. Yo y mi padre recordamos entonces aquella vez en que me llevó a uno de los actos cuando se realizaban en avenida General Velásquez. Tengo difusos recuerdos, pero recuerdo que eran actos muy masivos, a la cresta del mundo, y que quedaba la escoba. A poco andar comenzamos a encontrarnos con el comercio. Todo un "mercado de lo alternativo" (libros marxistas, música de izquierda, películas, chapitas, banderas) conviviendo con las actividades comerciales de siempre (sanguches de potito, bebidas, helados) y la repartición de cantidades industriales de volantes en plena Alameda. Mi padre pregunta por "Vampiros en La Habana II". Cinco lucas. Vemos "El acorazado Potemkin" un par de veces, y unos discos de Serrat que me tientan. Martinez habla de que basta a la exclusión y convoca a una marcha a Valparaíso, mientras nosotros vemos que hay unas diez mil personas "a ojímetro", que los grupos de gente siguen estando dispersos, y seguimos caminando hacia el escenario.

El discurso finaliza. "Muy corto", acota mi padre. Ni comparar con el fallecido Manuel Bustos (un decé de aquellos...), supongo. Un par de locutores improvisados se dirigen a la gente, y uno de ellos dice que están llenando la Alameda hasta Miraflores. Lo miro escéptico. Mentira, decía Buddy Richard. Continúo observando a la gente. Muchos viejos, muchos comunistas, mucho cabro con pinta de punky o anarco. Miro también tratando de encontrar la leonina cabellera de la "compañera" Ninón, pero sus inconfundibles rulos no se ven. Conseguimos llegar bastante adelante, cerca de un muro. Anunciada estaba ya la salida del mítico Álvaro Henríquez, cuando caigo en cuenta que estamos al lado de un buen lote de anarcos. Propongo movilización hacia el lado del bandejón. Moción aceptada, mientras mi padre acota que muchos de la "Jota" se están retirando, y eso no es buen presagio. Nos instalamos sobre el bandejón, y vemos el escenario entre un par de árboles. Pasan los vendedores ofreciendo "Cristal" en lata, los que están atrás nuestro beben una cerveza de litro, y sale Álvaro Henríquez a tocar. Suena "Un hombre muerto en el ring". Genial.

Le siguen "Hospital" y "Amada". Las canto todas. El público reacciona con tibieza; aparte que la gente que está cerca del escenario no es mucha, y no son pocos los que se están retirando. Álvaro Henríquez habla con la gente, y con bromas como que los guanacos vendrán con pisco y Coca Cola, consigue un poco más de atención. Luego se va con las cuecas, y ahí el "monstruo" se enciende. Genial escucharlo en vivo, aparte que el sonido está muy bueno. La gente baila y canta, las cervezas siguen circulando, Álvaro Henríquez saluda a los trabajadores y a los bebedores, y nada pasa por el momento. Los otros músicos también lo hacen muy bien. Y luego de las cuecas "La torre de Babel" para seguir cantando.

Aplausos y más aplausos para el señor Álvaro Henríquez, que está allí arriba del escenario y de la Autopista Central. Y que nos anuncia que le acompañará en el escenario Max Berrú (Inti Illimani) para una canción. Canción que es obvia. La hora de esa grandiosa versión de "El pueblo unido". De pie, cantar, que vamos a triunfar. Se alzan las manos y las voces en la calle, y en el escenario, el estereofónico y eléctrico Henríquez se une al marcial y setentero Berrú. ¡El pueblo, unido, jamás será vencido!, y una extraña sensación de alegría, esperanza, fortaleza, y de que después podría quedar la cagada. Acaban la canción. Aplausos y gritos. Y Álvaro Henríquez no se va. Anuncia que "La primera vez" será su última canción. Y el tipo, ingenioso, innova en la letra y canta "nunca he deseado mal a nadie. Sólo a... Pinochet. Nunca he deseado mal a nadie. Esta es mi... primera vez."

Segundos después de eso, gran ruido y mucha gente provienen del oriente, y las miradas se dirigen hacia allá. El guanaco ha entrado en acción, señores. Con mi padre bajamos hacia la calzada norte, cuando Álvaro Henríquez pregunta si vienen los pacos. ¡Sí, hueón! El guanaco corre furioso por la acera sur, y Álvaro Henríquez comienza a cantar "¡aquí estamos otra vez, aquí estamos otra vez!". Los que estamos cerca del escenario le seguimos, mientras observamos los disturbios en la acera sur, donde vuelan los palos y las piedras. ¡El guanaco, el guanaco! desde el escenario, donde Henríquez y sus músicos siguen. Se va aquel carro, pero otros se aproximan por San Martín y por la calzada sur, señal de que está quedando la escoba. Henríquez se mimetiza a la realidad, se prende, y empieza "¡que vengan, que vengan, que nadie los detenga!" y "¡miedo nunca más, miedo nunca más!" Un guanaco está subido sobre el bandejón, la gente corre hacia el lado del escenario, y nosotros seguimos en el canto al que se robaría la jornada. El guanaco del bandejón se retira, continúa el despelote, un carro pequeño corre lanzando agua por el otro lado, y Henríquez azuza directamente a la gente. Improvisando sobre la marcha, y con sus músicos que no paran, canta con voz tranquila. Si nos mojan, los mojamos. Si nos pegan, les pegamos. Si nos llevan, los vomitamos. Entre risa, miedo y confusión, surge el apoyo con las palmas.

Álvaro Henríquez sigue con la música, y poco a poco comienza a haber calma en las cercanías del escenario. Es así como Henríquez habla de que los ácidos de los pacos están vencidos, como de que los guanacos traen pisco y ginger ale, desatando la risotada. Luego llama a los que lanzan piedras a los edificios a lanzarlas directamente a los carabineros. Es encaramados ya derechamente sobre la vereda norte y en ese ambiente de relativa paz, cuando a un par de metros veo pasar a una guapa muchacha de la mano de un individuo de torso desnudo. Baja, de pelo largo y ojos claros, con una blusa clara y escotada que permitía adivinar más que ocultar. Sinapsis cerebral en breves partes de segundo, y me doy cuenta de que puede ser la Khris; amiga mía. Le digo a mi padre que me espere y me apresuro en alcanzarla, no muy seguro de que sea. Le golpeo el hombro, se da vuelta, y es. La abrazo y me saluda. De la mano del pololo iba, el que también me saluda. Me pregunta con quien estoy y le digo que con mi padre. Se acerca conmigo a saludarlo y tratamos de conversar entre la música y los disturbios lejanos. "¡Miedo nunca más!" vuelve a decir Henríquez, pero la cosa parece haberse calmado y se retira, ofreciéndose a volver si regresan los pacos. Con Khris conseguimos cruzar algunas palabras más mientras se le pide otra a Henríquez. Está en aquello, cuando el guanaco se viene por la vereda norte, junto con mucha gente corriendo. Khris y su pololo se alejan, mientras yo y mi padre nos aproximamos a la calle colindante. Pasa el riesgo, veo a ambos partir hacia otro lado, nosotros seguimos allí, y Álvaro Henríquez sigue cantando. Entonces mi padre divisa a alguien. "Pepe" Sabat, dirigente secundario (sale en la película) en la dictadura, dirigente de la JDC junto con mi padre y dirigente palestino. Le saludamos. Ahora puede decirse que había tres decés en el acto. Si me incluyen. Nuevo ataque auquénido-metálico en el otro lado de la calle, y Henríquez hace cantar a la gente "Amor violento". Resulta nada más bizarro escucharse cantando "Cuando por primera vez te vi...", recordar a la Rayén, y ver que a unos metros vuelan molotovs, y peñascazos. No me importa; canto igual. Calma nuevamente, y mi padre y él hablan de los viejos tiempos, cuando se viene la estampida definitiva. Guanaco indetenible directo al prosenio. La cosa se ha desbordado y la huída es general hacia la caletera de la Autopista. Henríquez responde tocando una cumbia. Me río violentamente. Desde allí seguímos mirándolo cuando le cortan la energía. Pifias en medio del ruido de las piedras y los guanacos. Le devuelven la energía, pero sólo un minuto. Le cortan, y sigue sobre el escenario, a capella. Finalmente se saca la guitarra y se va, entre lejanos aplausos...

Mi padre, yo, y el señor Sabat caminamos hacia el centro. Las calles parecen vacías y yo no puedo contener la risa. Un piquete de fuerzas especiales en medio de la caletera, de pronto. Oh, oh. No pasa nada; los suben a un bus y se van. Pasamos frente a La Moneda. En las afueras de "La Nación", solitaria, una cebra con cara de vaca. Mi padre asocia el calor a la inclinación terrestre afectada por el tsunami. Llegamos a Bandera. Hora de ir a Conchalí para mi y mi padre.

Caminamos por Bandera. A los pies del Banco Santander, un grupo de aseadores. "Ahí están los trabajadores", dice mi padre. Sí, ahí están, "en otra", para ser simples. Mi padre pretende irse por Panamericana. Me opongo. Por Agustinas atraviesa una especie de Viejo Pascuero con una bandera socialista. Viene una micro que va por Independencia. Mejor subirse, antes que pasen más cosas raras.


S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

lunes, abril 18, 2005

Sabina.

Una foto de Sabina.

Porque abril... Porque a abril aún le tienen hurtada la cartera de las felicidades.




Saludos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

domingo, abril 17, 2005

Trabajos en la ruta.

Desde el verano, y en una tónica que presentan todas las principales avenidas de esta ciudad, avenida Independencia; mi vía de comunicación con gran parte del resto de la ciudad, y en realidad la salida de la mayoría de los conchalinos, había estado con trabajos de repavimentación. Sí, en realidad podemos decir con certeza que eso se hizo, porque hay que admitir que esta vez sí sacaron el pavimento anterior y recarpetearon (creo que ese es el término a usar) por completo. Trabajos que comenzaron a hacerse notar duramente durante febrero, primero con el desvío de las micros hacia Vivaceta, una cuadra hacia el poniente; y luego con la disminución de pistas en la parte final de la avenida, dónde sólo tiene sentido hacia el sur. De hecho, mi amigo Felipe podrá recordar que el día anterior al comienzo de clases mi cara se volvió pálida al ver que en ese sector se armaba un taco descomunal que me obligaría (pensaba mi mente melodramático-barata) a tomar micro a las 6 AM...

En realidad, al día siguiente, muy muy temprano, salí a tomar micro a Pedro Fontova, "atrás". (cosa que no me gusta, pero era la situación de la emergencia) Y llegué terriblemente temprano al Instituto Nacional. En realidad debo decir que, salvó un día (día que la señorita del otro lado del río también en la micro iba) que derechamente un corte que debió haber sido hecho en cualquier otro momento fue hecho a las 7 AM y provocó el caos, ningún día me demoré significativamente más de lo de siempre. Aunque igual tenía sus cosas distintas el método de agarrar transporte.

De partida, lo extraño de ver que por la querida Independencia, que en la parte donde yo vivo tiene aspecto de avenida principal de pueblo: Arbolada, estrecha, y llena de construcciones pequeñas; los vehículos sólo fueran hacia un lado. Luego llegar a la esquina de Teniente Ponce, y ver si alguna micro venía desde allí. Si no, comenzar a caminar hacia Vivaceta (dejé a los pocos días de ir a tomar micro a Pedro Fontova). Allí esperar, junto a otra gente, a que algo relativamente vacío viniera. Con los ojos hacia dos lados, porque si algo venía desde Teniente Ponce, había que tomarlo. Y yo de repente con los ojos hacia tres lados. Podría venir alguien a quien saludar tras mi espalda. Y el recorrido era distinto. Las micros yendo por Vivaceta recorrían el viejo Registro Civil, la panadería Roma, donde mi abuela cuando mi madre era pequeña iba a comprar pan, el Hipódromo Chile, dónde desde muy temprano los caballos son preparados y hechos entrenar... Y desde donde, a lo lejos, se distinguía como una especie de templo católico en Goa, la Parroquia de Fátima, dónde al menos (haciendo una estimación al ojo) un 10% de los pasajeros que van en las micros que pasan frente a ella, se persignan. (Particularidad que al parecer sólo se da en los templos de esta avenida... ¿Me equivoco? Si alguien tiene algún dato, me corrige)

Y así hemos estado funcionando. Y uno, animal de costumbres, se acostumbra a aquello.

Pero ayer abrieron avenida Independencia, y ya hoy las micros volvían a pasar por allí. Aunque no faltaban los micreros despistados que se iban por Vivaceta. Es que ya lo han pavimentado casi todo, y ahora los trabajos se concentrarán más que nada en El Cortijo, y en los trabajos "accesorios", como instalar paraderos y eso.

Y yo no sé si la señorita compañera-de-paradero-en-las-mañanas-a-veces estará contenta por el fin de los trabajos o triste porque deberá nuevamente caminar una cuadra más. Pero lo que es yo, extrañaré un poco un trayecto al que me había acostumbrado, y que ya me agradaba.

Y, en realidad, pensándolo bien, creo que hasta salía más rápido irse por allí. Al menos para salir de Conchalí.

Así es el progreso. Tan gelatinoso como el plasma; y nada es estable salvo el cambio.

Vamos a ver cuando cambien las micros.

Después de este post tan local, me despido. Buenas noches.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

sábado, abril 16, 2005

Cuentos en 100 palabras I

Mientras nuevos textos son escritos, (lo lamento, pero en más de una oportunidad me he quedado dormido... pero las ideas están, y son varias. Cosas como "Odisea Biológica", por ejemplo) pondré otros textos que tengo tirados en más de un cuaderno. Esta vez, uno de los cuentos que hice para el "Santiago en 100 palabras" 2004. No creo que vaya a aparecer en el libro, pero si pueden ir a Baquedano el viernes a eso de las 12 o las 18, agénciense uno de los 100.000 ejemplares con los 100 mejores cuentos del concurso.

Y ahora, con ustedes, "Ladrón".

Venían cerca, demasiado cerca. Y esos de rojo que intentaban servir para algo también se habían unido a la cacería. Maldición, mi única escapatoria era alcanzar aquella escalera, bajarla, y volverme un pescado más en aquella lata de sardinas celeste que era el Metro. La desesperación me hizo sortear algunos, empujar a otros, y bajar las escalas sin caer. Una vieja vendía boletos. Pagué con luca, y que se quedara el vuelto, sólo quería huír. Alcancé a subir al tren que ya partía. Cuando me calmé, la saqué del bolsillo y la abrí. Setenta lucas. Buen robo.

Motivos para reírse de (y con) este cuento:

1. No es una gran publicidad para el Metro.
2. El ladrón compra su boleto.

Saludos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

domingo, marzo 27, 2005

Cuando yo tenía 14.

Sí, digamos que no estoy en las mejores condiciones físico-mentales para escribir un artículo. Pero la aparición de un mal video de Supernova (las primeras Supernova) me ha decidido. Quizás sea una especie de retribución-comparación a quien no tuvo 14, porque los está teniendo. Cómo sea, creo que los suyos serán más interesantes que los míos. En fin. ¿Quien era yo, Poleno-Peñailo, cuando tenía 14 años?

(-Uff... Hijito, pero esho fue hache tantosh añosh...

-Tatita Eduardo, hace 3 no más.)


14 años. Por ese entonces pasé yo a Primero Medio. Aún iba en la tarde, sí señor. Pero en ese entonces ya no me iba a altas horas de la mañana a casa de mi abuela. No, eso era adentrándose aún más en mi nunca bien ponderada infancia. Sí, jamás me recuperaré de aquello. Pero bueno, colaboró excesivamente en formar el inverosimil ser que soy.

Pero recordad que la infancia no es la edad feliz que nos pretenden hacer creer. Es la etapa en que más te joden por ser distinto. Especialmente tus "queridos" compañeros.

Gracias al cielo, a los 14 ya me sentía muy a gusto en el Instituto Nacional, y podía ser extraño sin demasiada preocupación. Los extraños no eran tan mal vistos allí. Y el Partido Pastel aún estaba en pleno en un mismo curso.

Partido Pastel... Jajajaja.

Mmm... Creo que ese año me sentaba contra la pared. Aún estaba algo atrás en la sala, compartiendo los "Los Beatles". XD

Las espinillas, como la que me estoy tocando ahora, me atormentaban. Especialmente aquella muy grande que tendía a salirme en la nariz. ¿Cómo logré hacerlas desaparecer habiendo aumentado el consumo de margarina y empezando a consumir café también? Ni idea.

Iba en la tarde... O sea, salía a la hora de los quesos del IN. Y me venía con el Seba, generalmente. No logro recordar si ese año estaba aún en Quilicura o no. A veces defendíamos el asiento haciéndonos los dormidos. Al menos a mi no me ha fallado ese método. Pero generalmente yo lo daba (el asiento). Y él se enojaba por eso. Claro, y podía pasar que yo me quedara jugando Magic y salía más tarde aún. Si no era porque nos echaban, hubiera tomado la micro después de las 9 y hubiera tenido que pagar el pasaje entero.

Una vez la tomé a las 21:05. El chofer me perdonó la vida.


Me-estoy-quedando-dormido.

Continúo. Segunda Parte.


También entraba tarde... Ese año empecé a llegar atrasado, creo. (Condicional por atraso 2 años seguidos si cuento este... Menos mal que a mis padres no les importa demasiado.) Es que tenía PC con internet. O sea, si entraba a las 2... (Esto pasó muchas veces)
- 1/4 para las 1: Se apaga el PC.
- 10 para las 1: En 5 minutos arreglo mochila, lavo dientes (a veces), veo que nada esté prendido o abierto para repetir catástrofes, cierro puerta y corro... Pesco micro.
- 10 o 5 para las 1: "¡Hola Bueli!" Plato-en-mesa-esperando. Traga, Eduardo, traga. Parezco Garfield intentando comer.
- Algún momento entre las 1:10 y las 1:30: Eduardo termina de tragar, de leer el diario raudamente, y hablar un poco con la abuela respectiva. Y escuchar el regaño merecido. Corro a la micro.
- Luego de ese momento: Mientras más tarde salga, peor, porque las probabilidades de que me fuera en la 303 aumentaban. Maldita, maldita micro. Lo lento... Muy lento. Mis puños se apretaban y mi cabeza dolía. Rezando para llegar a la hora.
- 1/4 para las 2 en adelante: Si en este momento o después me hallaba en Mapocho, mal iba la cosa. Bajar de la micro y correr a Cal y Canto. En ese tiempo, la pasada de escolares sólo estaba en el lado más lejano de la estación. O sea, correr hacia allá, y luego hacer el camino en reversa, porque para el transbordo, debía tomar el primer vagón. Vaya tortura.
- 2 de la tarde: LA HORA. Puedo haber llegado salvo (no sano) al IN. Puedo venir corriendo hacia el IN. O bien, en el Metro, y ya embarré.

Es extraño... Una de mis pesadillas mas recurrentes es llegar tarde al colegio. Bien, allí empezó todo.

14 años = 2002. Odiaba la música de las Supernova, pero eran ricas (palabra que evito usar, pero al caso es la más exacta) y veía los videos igual. Claro, tiempos en que ni soñaba en hablarle a alguna niña. De hecho, no conocía ninguna de mi edad. Aunque recuerdo que miraba a algunas en la micro.

No conocía a ninguna de las que tuvieron la desgracia (¿o la suerte?) de chocar el carrito de supermercado conmigo y les sigo viendo. Ni la Khris. (A quien, -no, no es raro, Eduardo... ¿qué podrías esperar de quien no tiene ni un miserable teléfono donde retarla? pero bueno, si igual te quiere un poco- no he visto) Aunque sí conocía algunas por internet.

En esos tiempos me metía a chatear. En esos y en aquellos chats. Conocí a un par de niñas. Una lejana y una muy muy lejana.

No, no caeré tan bajo y no diré nada sobre el tema. Se puede obviar.

Cuando tenía 14 mi vida era fome, según yo. Muy fome. Demasiado. Eduardo-nada-ocurre. Y Eduardo ama que le ocurran cosas; ser sorprendido, ser encantado, ser deslumbrado. "Lo genial".

Entonces le reclamé. Él tenía el poder de hacer que ocurrieran cosas en mi vida. Porque lo que es yo, no hacía mucho.

Y llegó octubre y llegaron los 15.

Y empezaron a pasar cosas.

Y llegó diciembre.

Ah; si Dios también puede tener rostro de mujer atea y apática.

Pero eso es otro cuento, y este ha sido muy largo.


Ojalá el capullo postee... O al menos se ría.

Saludos a todos, gente.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

sábado, marzo 26, 2005

Tú nos has amado mucho.

Hola.

Estos días rememoramos tu pasión y tu muerte, hace tantos años.

Pero ante todo, rememoramos tu amor. La certeza de que tu amor existe.

Creo que eso es más recordable que los látigos azotando o que si los judíos son unos desgraciados por aquello. Resulta que en el dolor también puede haber amor.

Que el amor también puede ser dolor.

Que el amor traspasa el dolor... Y para entenderlo, lo tuve que susurrar en un oído.

Tú nos amaste mucho. Y yo, en estos días, he visto algo más de la certeza de tu amor. De la certeza del amor.

Aunque yo no sé qué es el amor... Creo que nunca lo he sabido.

Pero nos has amado tanto que lo has creado y nos los has dado. Y lo has hecho inentendible, indefinible. Para que sólo lo vivamos y nunca podamos descubrirlo por completo. Y, lo sabes, yo amo los rompecabezas incompletos. Pero más que porque yo ame completamente eso, lo indefinible del amor es genial porque nos hace entender que no todo es razón, que no todo es manejable o controlable. Que hay cosas fuera de nosotros, pero también que existen en nosotros.

El misterio del mundo es una cosa genial y necesaria. Espero no perder nunca la capacidad de asombro. Aunque cómo perderla en estos días; si el mundo gira demasiado rápido, pasan tantas cosas, con o sin mi conocimiento, y yo río demasiado o bien mi piel y mi corazón se contraen temblorosos.

Nos has amado tanto que nos has dado el lenguaje para tener cómo decir, y los sentimientos para tener algo que decir. Y la eterna incompatibilidad entre lenguaje y sentimiento para que nos tengamos que esforzar y ver el poder de nuestras palabras débiles, y la debilidad de nuestros fuertes sentimientos.

Y dentro del lenguaje, la poesía... La poesía, que has hecho democrática, porque es de quien la escribe, de quien la inspira, de quien la lee, y de quien la necesita. Y a los buenos poetas para admirarlos e incitarse a escribir. Y a nosotros, los malos poetas, que de tan malos y tan poetas para buscar la poesía, damos fe de que existe.

Nos amaste tanto como para darnos la fe. Otra de esas cosas inexplicables. ¿Qué cresta quiere decir uno exactamente cuando dice "yo creo"? Pero uno le pone tanto amor, tanta verdad, tanto corazón a la frase, que termina siendo un algo que puede sintetizar un todo. Y lograr eso es hermoso. Y vaya si tú creíste... Creiste mucho, ¿cierto?

Me pregunto qué habrás pensado caminando hacia el monte con la cruz al hombro... Porque si nos diste los pies para caminar no fue sólo para movernos, sino que tu amor; el amor del Padre Creador dio hasta para darnos pensamientos, y caminar pensando es genial, y quién no lo hace... Y los árboles crecen para que podamos recostarnos bajo ellos, y a veces las nubes llegan y más de una sonrisa se enciende porque hace frío y el día es gris.

La certeza de tu amor... Del amor porque es poderoso, del amor porque nos supera, del amor porque no lo entendemos, del amor porque no podemos dominarlo, del amor porque no podemos encerrarlo en un frasco ni venderlo... y tampoco escribirlo en un libro.

La certeza del amor porque sí no más. Porque quizás tampoco haya respuesta al por qué nos has amado tanto.

Sólo amaste, y a veces sólo hay que amar.

O a veces sólo se puede amar.

Amar hasta sin poseer.

Extraño día; creo que mi fe anda sencilla hoy. Quizás por la risa, quizás por las empanadas fritas, quizás por las micros, quizás por las casualidades. Todo aquello que existe en tu amor que contiene al mundo.

Y tú nos has amado mucho. Y aunque por momentos no sea de las mejores maneras, y por otros sea de las maneras más geniales, he logrado tener una pequeña conciencia de la certeza de tu amor.

Sí, nos has amado mucho.


Saludos, gente.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

martes, marzo 15, 2005

"Good bye"

("Good bye" en un principio quiso ser una representación escrita de una realidad. Quizás alguien perspicaz y que me conozca desde hace algún tiempo se de cuenta de ciertos elementos concordantes con parte de mi historia. Sin embargo, ha terminado como una historia breve más que real, y quiero regalárselas a ustedes, mis bienamados lectores.)

(Hela aquí.)


Good bye. No se puede esperar un adiós después de tanto Morrissey, tanto Depeche, tanto OMD. Contigo no puede ser adiós. Debe ser good bye.

Good bye porque a estas alturas ni siquiera sé si soy capaz de decirte hola. Al principio tampoco era capaz de hacerlo, pero en ese entonces era timidez y yo nada sabía de ti. Ahora quizás te conozco demasiado. Error, no es eso lo que ocurre. Sé demasiado lo poco que te conozco, eso es, y lo que siento ahora no es timidez, sino miedo. Good bye porque no dices nada; porque yo no te digo nada y uso como excusa el que no querrás escucharme, pero cuan torpe es decir eso porque si yo amo no arriesgo, más yo soy yo, y yo tengo miedo y me pongo a calcular y a defender. Porque todo está dicho, o peor, porque precisamente no hemos dicho nada, y como todo el tiempo nos hemos quedado en la comodidad de lo tácito.

Good bye porque carece de sentido. Cómo no llegar a esa conclusión cuando tú eres feliz, él es feliz, y yo sigo aquí. Sabes que lo sé. Aunque por qué ahora, si hace tiempo que carece de sentido.

Good bye ahora. Good bye como pudo haber sido hace mucho tiempo. Un adiós para el final de algo sin comienzo, un adiós de esos tímidos y susurrantes, como insinuando un gracias. Un good bye que no dilucida si te has ido, o nunca estuviste.

Good bye. Good bye to you.

(Reitero; en algún momento fue válido como sentimiento... Ahora vale como historia.)

Aguardo opiniones.

Saludos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

sábado, febrero 19, 2005

Un verano naranja.

Verano... En un post anterior escribí buena parte de lo que me desagrada de esta estación que, al pensarla, no puedo evitar que me traiga a la mente calor, sudor, e imposibilidad de dormir hasta que algo de brisa entre por mi ventana.

Hay quien dice que cuando el Festival comienza, es el síntoma más inequivoco de que el verano se acaba. Hoy, a unas cuantas horas de partir de viaje a Puerto Montt y de dejar por unos cuantos días de lado a Santiago, a mi cama, al centro y al computador; quiero hablar del vernao. Y de este verano.

Haciendo un resumen de mi pequeña existencia, podría dividir la historia de mis veranos en 2 categorías. La etapa "Cartagénica" (¿debo explicar que con ello me refiero a ese muy conocido, y para mi muy especial, balneario de la Quinta Región?) y la "departaméntica", término con el cual quiero decir que este agujero hobbit que habito era el centro de mis veranos, salvo 3... Valparaíso, San Antonio y Concepción. (Las giras de estudio no cuentan... Para mi el verano es enero y febrero; aunque por el calor, debería decir que es desde Noviembre a Marzo)

Sin embargo, estos dos últimos veranos han sido distintos, y aún no encuentro un término con qué encasillarlos; quizás porque necesito que pasen algunos veranos más para definirlos como etapa.

El verano anterior recuerdo haberme hecho una promesa. Tratar de ver a todos mis amigos al menos un día a cada uno. Casi lo logro. Bueno, el verano pasado tenía una cantidad de amigos a los que ver que no había tenido en otros veranos, por lo cual el tratar de cumplir aquella promesa me auguraba varias salidas. Recuerdo con especial cariño paseos en Ñuñoa con Khris, o aquellas fotos en el puente con Nata y Eliza, que estoy seguro se quedaron despiertas (como yo) hasta altas horas de la noche para ver a Lucybell.

Este verano también traté de hacer lo mismo. Creo que, en algunos casos, me esforcé menos que el año pasado. También este año la lista era más larga. Y en algunos casos, ciertos "errores de logística" (por decirlo de un modo muy caballeroso) impidieron esa intención. Pero bueno...

Verano 2004-2005... Empezó más tarde que para otros individuos conocidos; porque tuve la genial idea de seguir yendo a clases casi hasta el final, o más bien hasta ya cuando no iba nadie de mi curso, y nadie conocido de los otros cursos. Quedaron las reuniones del Padre, a las que seguimos yendo con Renato y Guillermo (Marco había desaparecido hacía meses antes... Y al Seba el calor le afecta la energía, jajaj) para vernos, para reírnos, para hablar y para pegarle a una pelota. En la última reunión nos reímos sobremanera; aunque cada uno tenía sus motivos, y de ello no supimos nada.

Verano para muchos es "carrete". Eduardo no es para nada un sujeto carretero. Puedo contar con los dedos de mi mano a las fiestas a las que he ido. Dos se sumaron en esta temporada de arena y sol. Una ida a la Blondie con Renato, de la cual tengo un recuerdo muy perdurable gracias al poster que Victoria pidió para mi... (Gracias) y también por todo lo bien que la pasamos, y por todo lo que bailé, y las canciones que grité, y los videos y canciones escuchadas del señor Morrissey. La segunda sería esa juntación en casa de la srta. Claudia, a la noche siguiente, donde la pasé bien en compañía de amigos y fue bueno.

Ahora me voy al sur, a salir de la ciudad. Pero salvo mi ida a Viña hace un par de días, no había salido de Santiago este verano. Como sagazmente dijo la srta. Marchant en una conversación, me la pasé en el centro. (No todos tenemos la oportunidad de irnos a un refugio de milicos en Palena por 30 lucas...) En Santiago, para ampliar el rango. Fui bastante al cine. El 2004 vi hartas películas, y este 2005 empezó con cuatro, si mi memoria no me falla. "Good bye, Lenin!" con don Jorge Romo (saludos; sé que postearás), "Malditos, la historia de los Fiskales Ad-Hoc" con Sandy (no voy a sacar la pantallita del clima, lo siento), "Los amantes del Circulo Polar" (la casualidad tan esperada, al fin...), y finalmente, "Actores secundarios" con la compañera Ninón. Creo que el carné de socio del Normandie se vence en abril; así que se aceptan compañías a ver pelis, y si tengo plata (Dios así lo quiera) hasta puedo invitar.

Pero no sólo de cine vive el hombre. El señor Morrissey llegó para quedarse en la banda sonora de mi vida, y un fin de semana de febrero su disco color rosa pálido, "You are the quarry", llenó con sus canciones corajudas y sus letras desafiantes las paredes de mi agujero hobbit. Espero nunca dejar de asombrarme con él.

Sí, escribí... Algunos cuentos, y otros tantos poemas son frutos del delirio provocado por la insolación de caminar tantas horas en este lugar. Pero sigo en deuda; muchas cosas están pendientes y me esperan. Así que quiero que me quede mucha vida para terminarlas. Más cuando tengo unas ideas muy buenas en algunos casos... Jejeje.

Camaradas de siempre, y compañeros de la nueva hora (sí, compañera...) me han acompañado estos días. A cada uno de ellos; mi afecto y mi gratitud. Aún con lo antisocial que soy, me gusta tratar de estar con mis amigos, aunque la mayoría de las veces sea cuando yo quiero. (ello producto de un 50% de egoísmo, y el otro 50% está explicado en "Irresponsables") Gracias por su tiempo, su afecto, sus risas y las sonrisas que pusieron en mi rostro.

Me alegro también de haberles regalado trozos de mi... Aún gastando doscientas lucas en transporte, como dice el Seba que hago. (El pasajero del mes para la línea 120... Con el desvío de Independencia, prefiero tomar micro en Fontova) Es algo que hago voluntariamente y de buena gana, parafraseando a Valentina.

Y así el verano... Así esta época tan detestada en ciertos momentos, pero que sé que también regala tanto. Podría haberlo aprovechado más, pero traté de hacer harto. Sé que me enrabié, se que lloré, sé que escribí. Sé que sonreí, sé que inventé, sé que alegré, sé que soñé.

Así quiero mi vida... La quiero entera, con todos sus ingredientes.

Y no me gustan los sucedáneos.

Me voy a la última parte de mi verano. Espero contárselas, en otro artículo de este pequeño lugar que esta semana adorné un poco.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

viernes, febrero 18, 2005

Irresponsables.

Sí, también podría escribir algo con este título que tenga relación a la canción esa de Babasónicos. Pero, para bien o para mal, no será así; y lo que escribiré no me será tan placentero, aunque quizás sea igualmente peligroso.

Irresponsables... Me explicaré.

Es por muchos sabido que soy un enojón, que mi rabia, aunque en general no dura más de un par de días, es fácil de que llegue. Pero creo que a veces tengo motivos para enojarme. Bueno, muchas veces me pasa que me enojo con mis amigos y amigas.

Sí; a través de esto me voy a descargar por muchos pequeños sucesos, que aunque fácilmente son superados, y claramente no son lo más importante, igual se me acumulan y necesito descargar. Creo que este es un buen modo de hacerlo.

Estoy harto de sus olvidos; estoy harto de que cuando me quiero juntar con muchos de ustedes se les olvide el día, la hora y el lugar. Estoy harto de que si me dicen "te voy a llamar" no llamen y ni siquiera pidan disculpas.

Me admito irresponsable. Para mi, el noventa porciento del tiempo, cuando me dicen que llegue a las once, llego a las doce. Pero llego.

Cómo explicar el sentimiento al llegar a un lugar y no ver a quien uno espera, y luego escuchar una excusa barata que no sabe andar, tipo "me quedé dormido", "me fui anoche a la playa", etc. Empelota. Y aunque alguien pueda enrostrarme que también me ha ocurrido en una ocasión, porque podría pasar, por último no cuesta nada avisar después y pedir disculpas.

O proponer alguna alternativa... Porque lo peor de todo es que no escucho ninguna después.

Sí creo que es hora de que haga un esfuerzo y un compromiso. Yo he de llegar a la hora a los lugares (vaya propósito... difícil, muy difícil) donde debo ir. También es parte de cumplir con la palabra dada. Pero por favor, y hago un pedido público: Si se van a juntar conmigo, lleguen... No anden corriéndose a última hora, o vendiéndome cuentos de vaqueros sin siquiera decir un "a ver, cuando podemos juntarnos otra vez".

Es que cansa tener que llevar el peso todo el tiempo... No lo voy a ocultar, muchas veces me siento así con gran parte de ustedes, amigos y amigas. Yo teniendo la iniciativa de juntarme con ustedes, de proponer lugares y cosas que hacer. Y aunque lo hago con gusto, porque me gusta verles, porque les tengo afecto, porque quiero verlos... No estaría mal también ver algo de iniciativa al otro lado. Aunque sé que sí algunos lo hacen.

He de añadir algo más a este artículo, por algo ocurrido esta noche. Pudiera ser que a alguien le molesten las ganas de juntarme con alguien, que le de lata encontrarse con este pendejo melodramático, que le incomoden o interrumpan sus planes; o hasta que me vea como una amenaza. No cuesta nada decirlo. Sí, ladro, pero no muerdo.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

sábado, enero 29, 2005

El mundo desde casa.

Vivo en un agujero hobbit al cual a veces le llamo departamento, en un intento de condominio, en un lugar desconocido del norte de Santiago, llamado Conchalí, en un país que muchos dicen que es el último lugar del mundo: Chile.

Pero este agujero en el que vine a caer hace más de una década (y ni siquiera es de propiedad mía o familiar) tiene sus ventajas. La primera es la presencia de 5 ventanas. Como el lugar ocupa los pisos tercero y cuarto, estas ventanas me dan una visión bastante buena de lo que ocurre en los alrededores. Especiealmente buena para ese objetivo es la de la pieza de mi madre, con una visión que llega hasta Américo Vespucio a la altura de La Pirámide, y sacando la cabeza, hasta la torre de la CTC. Y de noche, las luces de la ciudad y la luna me acompañan. Nada mal la visual, y así, al despertar y al anochecer, puedo tener una visión bastante buena del mundo que me rodea en las cercanías.

Yo aprendí muy pequeño a leer. Me pasaban diarios para alentarme. Mi abuela Guille compraba el diario cada día, y en casa compramos el díario los domingos; tres diarios, para vengarnos de los que no compramos en la semana, y es conocido que yo gasto en prensa, como el "The Clinic" y el "Plan B". Sí, me gusta leer la prensa; leer opiniones, noticias, conocer lo que ocurre en profundidad. Tener internet banda ancha es un gran aliado. Ya no sólo debo conformarme con leer los diarios del terruño. A mi disposición se abre una amplia gama de prensa extranjera, y cómo además comprendo inglés y algo de francés, la cosa mejora. Más oportunidades de saber qué ocurre, quienes están haciendo cosas, qué es lo que pasa, qué mueve al planeta.

La radio también ha sido una compañera de mi vida desde pequeño. Como yo nací en tiempos de dictadura, y mis padres se oponían a ella, nací y crecí con los redobles de la Cooperativa, la radio que más escucho hasta hoy. Y cuando chico, al volver del colegio, pasábamos largo rato con mi abuela en su pieza leyendo y oyendo radio. Y para dormir también la usaba, muy bajito, dejándome llevar hacia el sueño por la música y las noticias. Cada una hora, un breve resumen de lo sucedido. Y determinadas veces al día, un completo noticiero para yo saber lo que ocurre afuera al instante. Aquella afición radiofónica se amplía al mundo entero gracias a la onda corta; que además me permite comunicarme con diversos lugares del mundo, y recibir cartas y tarjetas.

Y por último, la infaltable TV. Porque para "conocer" el mundo y saber lo que pasa en él hay que ver imágenes también. Y como tengo TV Cable, pues también hay canales de noticias para estar permanentemente informado, siempre atento a lo que ocurre.

¿Pero de qué sirve saber lo que pasa en el mundo y conocerlo, si no se le vive?

Vivir el mundo desde casa no es correcto.

Se me reclama que debo salir al mundo y empezar a vivir.

Eso se me dice. En más de una ocasión.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Cómo la flor que se niega a marchitar."

viernes, enero 07, 2005

Explicaciones...

Ayer estuve unas 3 horas bajo el sol haciendo cola para ver una obra de teatro. Esperaba mucha gente amiga. Llegó el amigo que más necesitaba salir de casa.

Eduardo ayer escribió "este año espero caminar por el mundo que está afuera del mio". Ahora bien, por cobardía, por cansancio, por pajero, y por cuantas explicaciones pueda dar, aquellos pasos siempre serán pocos. Sí, lo sé, peor es nada.

Una ducha, unos salmos, Green Day, Nino Bravo y Depeche para despertar. ¿Signos del amasijo de cosas inentendible e inentendibles en el que a veces me vuelvo?

Se me acusa, o mejor dicho, se me advierte. En estos días especialmente se me advierte sobre mi soledad, sobre mi maldita autosuficiencia y muchas cosas más. Lo siguiente creo que lo diré con orgullo, quizás la peor manera de hablar, pero quizás también la más franca, considerando lo orgulloso que soy. Consciente estoy de aquello que me dicen. Quizás por todo lo autodestructivo que algunas veces puedo ser. Sin embargo, existen ocasiones en que a aquello trato de escapar, y no funciona. Y ocasiones en que se me tiende una mano, y la rechazo. Si soy INCAPAZ de determinar qué cresta quiero, lo mejor es que tome algo de distancia. Podría devolver las caricias con un golpe, y la verdad es que no es lo que deseo.

Creo que también es hora de determinar qué quiero, qué deseo. En eso he estado pensando ultimamente. Sucede sí que mis conclusiones muchas veces son débiles, y se derrumban ante la primera ráfaga de viento hecha palabras (o viceversa, palabras hechas ráfagas de viento) que llega a mi y me convence de que he tomado el camino equivocado. Porque nos configuramos también en base a los otros, y yo no soy ajeno a esa influencia. De hecho, por dicotómico que sea, yo solitario y ególatra dependo a veces demasiado de los otros y me influencio mucho de lo que está afuera.

Y sí, no me gusta depender. Aunque como soy cómodo, me es fácil depender. O sea, no me gusta, pero lo prefiero. Aquella calaña de contradicciones debería ser explicada algún día. Me hace recordar cierto pasaje bíblico donde se hablaba de vomitar a los tibios.


Es irónico todo esto, ya que se supone que yo, signo de la balanza, debería ser equilibrado... De hecho, a veces busco ese equilibrio, pero siempre termino cargando la balanza; y cuando la cargo a un lado, el otro pesa más. Todo se desbalancea a veces, y uno no sabe si esperar a que el viendo mueva el peso o seguir corriendo tratando de balancearla otra vez. Correr a arreglarla agota, cansa. No hacerlo; no puedo. Debo. Aunque muchas, tantas veces, debo y no hago igual. Y siempre tengo explicaciones para ello.

Y entonces Eduardo camina por la Plaza de la Constitución, cuando ve a otro Eduardo con pelo de Eduardo, mirada de Eduardo y rostro de Eduardo. Y lo aborda y le pregunta si hay explicación, si hay explicaciones para todo esto. Y el otro, Eduardo, va y le dice: "Ninguna. O todas las que quieras."

Siguen caminando y siguien tirando...

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

jueves, enero 06, 2005

Silenciando

Calla,
cállame con un beso,
que has encontrado el modo
de silenciar mis palabras
e interrumpir mis versos.

Compra con tus labios
un pasaje para dos
en un tren sin fin recorriendo
las estepas de mi soledad
y la cálida amplitud
de tu cuerpo.

Porque mi boca
en tus labios,
tu boca en mi rostro,
tu boca en mis ojos,
puede desterrar un instante
la duda de mis entrañas.

Calla mi miedo,
calla mi egoísmo,
calla mi soledad;
ahoga sus gritos sordos
con tu boca dulce,
sin piedad.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

miércoles, diciembre 29, 2004

Un grito en otras voces.

Uno de mis poemas más recientes. Eduardo vuelve a tomar la pluma para escribir, después de un "receso". Leed por favor. Ah, se titula "Un grito en otras voces".

En un mundo descomunal,
irreversible es la fragilidad.
Y después que todo comienza,
todo es una bomba a punto de estallar.

La normalidad oculta
el tic-tac indetenible,
pero cuando no se siguen
los caminos comunes,
el ruido de la bomba
se confunde con el de los latidos.

Y todo es una condena,
una condena que es un deber.
Y a veces no queda más
que guardar silencio,
y esperar a abrir los ojos.

Soñando con reposar
en campos amarillos
como un trigal,
como una pradera o tus cabellos.
Parar para luego ir
a una disco del dos mil
y gritar y bailar
y encontrarte otra vez.

Porque allí está tu boca,
pero tendrías que cerrar los ojos
para poder besarla.
Y vago en soledad
pidiendo perdón
por ser la sombra que soy.

A ver si llega quien
busque amores imposibles
y me cocine besos con arroz.
Hay una luz que nunca se apaga,
que busco en la noche,
yendo a ninguna parte.

Y que busco cuando siento
que todo es un pecado
y miro el cielo
pidiendo clemencia.


S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

martes, diciembre 14, 2004

El mito de la honestidad.

El ser humano no es ajeno a la necesidad de la confianza. Vivimos en un mundo que quizás cada vez es más hipócrita y lleno de desconfianza; y los seres humanos podemos renunciar a la fe religiosa, al fútbol, a nuestras propias familias, amigos, mujeres, hombres, etc. Y sin embargo, ¿existe alguien que no ponga su confianza en algo o en alguien?

Eso también es parte de una decisión, individual. Es uno mismo quien decide acerca de su confianza o falta de esta. Especial es el caso de cuando se pone en alguien; y no en alguien por el cual votemos o veamos una vez cada cuatro años, sino en alguien con el cual queremos estar, alguien con el cual convivimos diariamente, y por quien no podemos evitar sentir sentimientos tan humanos como la amistad o el amor.

Esta confianza por lo general la vamos entregando y acrecentando a base de los hechos que ocurren en nuestra interrelación con las otras personas. Pero también a base de nuestras interpretaciones de esos hechos y de lo que vemos (¿o de lo que creemos ver? ¿o de lo que queremos ver?) en esas personas. Eso, como toda actividad humana, deja un margen al error. Las interpretaciones no son objetivas ni siempre correctas; la equivocación es parte de las probabilidades.

Hora de ser directo. ¿Hacia dónde voy con esto? Cuando uno entra en una relación con alguien (que no es necesariamente un pololeo o algo así), es normal que se forme cierta imagen de esa persona. Esa imagen en gran parte se basa en conceptos básicos, formados a base de... Interpretaciones.

Interpretaciones que nacen de hechos para nada extraordinarios. Cualquier cosa, una frase, una conversación; nada demasiado importante.

Como por ejemplo, establecer a partir de una conversación que una persona es franca.

Pero las interpretaciones, como las actividades humanas, como los seres humanos; por lo general son frágiles, y se pueden derrumbar.

Es que cuando las cosas no son lo suficientemente claras, las interpretaciones son más numerosas, y más débiles aún.

Un “no puedo corresponderte” es algo que no es claro. De aquello se pueden obtener numerosas interpretaciones. Puede querer decir que una persona es franca y clara. Puede querer decir que esa persona está pololeando hace un mes.

Y cuando se confunde la honestidad con la tacitud, pues claro, cada uno interpreta lo que quiere y se va contento a casa. Pero el exceso de tacitud no es bueno. Conduce a demasiadas interpretaciones, las que tienen un importante porcentaje de riesgo en su exactitud.

Y que lo diga yo...

En fin; un pésimo artículo, pero no siempre hay que escribir cosas buenas. A veces sólo se escribe porque se quiere escribir.

Y más que tratarse esto de “el mito de la honestidad”, el verdadero título podría ser “Mi mito de tu honestidad”. Últimamente los mitos se derrumban con facilidad. Más cuando hay un exceso de tactitud en toda la historia.

Sólo eso.

Adiós.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
“Como la flor que se niega a marchitar.”

P.S.: Tacitud: De tácito; algo que se sobreentiende sin que sea explícito.

sábado, diciembre 04, 2004

La Teletón

7.600.000.000 de pesos. Eso es lo que lleva la Teletón al momento en que empiezo a escribir este artículo, que anoche no logré escribir por irme quedando conversando con uno y con otro. 27 horas que una vez al año, o cada dos, querámoslo o no, confiemos en ella o creamos que sea una burda estafa, revolucionan nuestra patria desde Visviri a Villa Las Estrellas.

Creo que es difícil ser indiferente a la Teletón, luego de 26 años de presencia de ésta. Ahora bien, como casi para cada cosa (¿o no les suena el término "opinología", tan de moda en Chile), cada uno de nosotros tiene su opinión con respecto al evento. Los mitos urbanos tampoco faltan. Que Don Francisco se lleva la mitad de la plata; que los artistas se llevan no sé cuanto, bla, bla, bla...

Ayer pensaba sobre esto, y recordé una situación aparecida en "La Ciudad de la Alegría", libro de Dominique Lapierre que cuenta la historia de un cura francés que se va a vivir a un barrio de chabolas en Calcuta. Dentro de las situaciones relatadas está la fiesta hindú en honor a la diosa Durga, la fiesta más multitudinaria del calendario hindú. La mafia que controlaba la Ciudad de la Alegría salía a recaudar entre todos los habitantes del barrio los dineros para la fiesta. "Nadie sabía qué porcentaje de aquel maná iba a parar directamente a los bolsillos de los truhanes. Pero lo que quedaba para la fiesta bastaba para crear su magia."

No voy a salir a refutar cada una de las acusaciones que se hace a la Teletón. Las empresas efectivamente descuentan de sus impuestos lo donado, en un proceso que les es beneficioso al fin y al cabo. Personajes hipócritas que aprovechan el evento para acrecentar su fama de más que deben existir; e ignoro si se les paga, pero en ego y en eventos ganan bastante. Tiendo a creer que Don Francisco no saca plata de lo recaudad; mal que mal, con el aumento de las ventas en Johnson's y Ripley, de las que es socio, ya gana plata. Las cuentas de la Teletón se publican en internet, y sí, es probable que el revuelo causado el año pasado haya sido el motivante de esto. Pero más que a ir a resolver detalle por detalle de lo que se dice de la Teletón, prefiero ir a lo que veo.

No resulta posible decir que el dinero que millones de chilenos damos no se usa. Los centros, los niños, los voluntarios, los médicos, están ahí todo el año, día a día. Quizás nos los muestran de una manera manipuladora y cebollenta durante estas 27 horas. ¿Pero si no fuera así acaso Chile se movería de la manera en que se mueve todas estas ocasiones? Sí, podemos decir que es una gran manipulación, o la mayor de las muestras de hipocresía de un país que es hipócrita muchas veces. Pero los resultados están ahí. Don Francisco contaba que antes a los discapacitados en el campo se les ponía afuera de las casas para que se los tocara para la suerte, y a los de las ciudades se les mantenía encerrados en sus casas. Para una parte no despreciable de nuestros compatriotas la Teletón, más que el espectáculo, más que las 27 horas, más que los artistas, ha significado el ser aceptados, el empezar a sentir que también son parte de nosotros; aún con ciudades mal diseñadas para ellos, aún con lo precarios que pueden ser los servicios para ayudarles en sus necesidades, aún cuando la forma de financiar el tratamiento de estos niños no provenga desde el Estado, sino de los pesos que millones juntan, durante meses, días, o lo que andan trayendo en ese momento... Lo que me recuerda que durante varios años Eduardo-tímido-llorón tomaba la iniciativa por una vez al año y se las arreglaba para juntar plata para la Teletón. (Alguna vez, en un episodio perdido en la memoria, fue recompensado por una gente de la Teletón con un pin.)

En fin... Oh, dije que no era financiada por el Estado. En un país desarrollado se esperaría eso, que el Estado se hiciera cargo de todo. Pero los sudacas, y no sólo en Chile, lo hacen con el aporte del pueblo. Y no me parece que sea una forma subdesarrollada de hacerlo. Cada vez más esperamos que las cosas se nos den, y luchamos sólo por nosotros mismos. Por 27 horas, somos millones luchando por alcanzar algo, por permitir a otros a quienes ni siquiera conocemos el seguir luchando el resto del tiempo. No siempre es bueno que las cosas se nos den, o las consideremos un "derecho". Las cosas más hermosas son las que se construyen, las que se alcanzan con sudor. Ellas son las que construyen la verdadera historia del hombre, su fortaleza. Su alma. El alma de Chile es un tema que he tocado alguna vez. Creo no equivocarme al decir que la Teletón se ha vuelto parte del alma de Chile. Y es como Chile. Hipócrita quizás, exitista, melodramática; pero también en el alma de Chile, aún perdida, aún escasa, reside la bondad, y la sencillez, y la solidaridad, y la caridad y la misericordia.

Honestamente no dudo de que la próxima vez también sacaré algo de mi dinero para donarlo, y mi madre hará lo mismo. Porque aún cuando se lleven la plata los artistas, descuenten impuestos las empresas (lo que no significa que esté de acuerdo con ello) y Don Francisco se haga más millonario, la magie de la Teletón está allí... En el mover a los chilenos de las ciudades, de los villorrios, de las casa en medio de la nada, del exilio, de los bosques, los campos y el mar. En el mover y permitir movers a aquellos que nos enseñan que quizás podemos ser vencidos, y nuestras luchas pueden fracasar; pero siempre hay que intentarlo.

Y queda algo más... Son sólo 27 horas, es sólo una institución, sólo un momento. ¿Pero qué hacemos los otros 363 días y 21 horas cada uno de nosotros? Es también nuestro deber aquello; es también el esfuerzo de cada uno que debería levantarse a ayudar no sólo en momentos como este, sino más veces, porque siempre podemos más... Es un momento, pero sería peor si no lo tuviéramos. La Teletón sigue viva en sus niños, sus familias, sus profesionales, todo ese tiempo. ¿Y nuestro corazón y nuestras manos siguen vivas también?

Ojalá sea esta otra Teletón cumplida.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

domingo, noviembre 21, 2004

Estado del tiempo

La primavera había sido agradable. Había. Días no demasiado calurosos, numerosos nublados, hasta un par de días de lluvia. Ni siquiera me acordaba lo cerca que estaba el verano. Pero la realidad siempre es dura. Llevo unos tres días aguantando un calor de cerca de treinta grados, y ya estoy hastiado. Es verdad, el calor me pone de malas. Dormir con un pie dentro de la cama y el otro afuera, también.

Mi amor es por el invierno, por el otoño... Por la primavera, si corre viento y el calor no es excesivo. Pero por el verano no, bajo ninguna circunstancia. Muchos factores se unen para ese rechazo. Y el primero que se me viene a la mente es uno tan ñoño como el que yo no sé nadar. Verano para mucha gente es igual a playa, sol, minas en bikini, carrete, agua y arena... Nada que me tiente realmente. Cuando chico iba a la playa junto a mis abuelos, y sí, me divertía incluso sin meterme al agua y la pasaba muy bien con ellos. (que tampoco son demasiado aficionados a ir a mojarse los pies) Pero ir solo a la playa realmente no se me pasa por la cabeza. Apenas entro al agua empiezo a temblar, me da frío, no tengo idea que diablos hacer, no soporto el agua en la boca y se me pegan mis largas pestañas. Motivo número uno.

Verano para encontrarse con los amigos del barrio, para salir a lesear por las calles, manguerearse, patear el balón y dormir tarde. Un momento. ¿Amigos del barrio? ¿Qué es eso? Padre mío, si lees esto, no empieces a retarme; tengo más que claro que el no tenerlos es completa y absoluta responsabilidad mía. La cosa es que no tengo amigos ni de barrio, ni de la especie de condominio de agujeros hobbit donde vivo... Alguien a la que debería considerar una amiga y que alguna vez me dijo que me consideraba así vive a nueve cuadras. Un amigo, mi mejor amigo, vivía a 11... Ahora vive al otro extremo de la comuna. El resto vive fuera de los límites del "lugar para vivir". Por los motivos que sean, mis amigos viven lejos. A gran parte de ellos los veo en el Instituto, o a consecuencia de ir en el Instituto. Por conclusión, el fin de las clases marca una distancia con ellos. La posibilidad de juntarse y hacer otras cosas que el resto del año no hacemos existe, y es genial saberlo... Pero también se pierde la cotidianeidad. La que tantas veces me falta.

Verano para bailar, carretear y chupar como condenado. Bailar... Actividad despreciada por mi ante mi absoluta falta de coordinación que me impide dar siquiera media vuelta en una salsa. Ni hablar de las coreografías tipo MEKANO... Simplemente el rechazo se vuelve absoluto. No, no y no. El pop ochentero del malo (si le parafraseo al Cayul) fue un descubrimiento placentero; a nadie le importará demasiado como lo baile. Pero adivinen quien fue la responsable del descubrimiento... Carrete. ¿Es esa cosa donde se pone el hilo con el que se elevan los volantines? Los dedos de mi mano alcanzan para contar a cuantos carretes, fiestas, o cosas similares he asistido en mi vida. Cumpleaños N° 16 de Zaldee, ida a Blondie, cumpleaños de la Khris. No hay más. Aún cuando pretenda ir a la Blondie siquiera una vez este verano, la alternaiva de dedicarlo a carretear se descarta. La intersección entre el conjunto "carrete" y el conjunto "Eduardo" es muy pequeña. ¿Y tomar? Tomo muy poco; y vino tinto más encima... La cerveza me causa rechazo, una vez tomé menta y la garganta me ardía, con la champagne casi vomito; y creo que el único otro trago que tomaría sería vodka, más por mi europa-orientalismo que por otra cosa. (Si lo beben los polacos y los rusos no puede ser tan malo.)

Verano para disfrutar del calor y andar con poca ropa... Shorts. Poleras sin mangas. Trajes de baño. Pies descalzos. Gente que camina con zapatillas y sin calcetines... No. Es una pelea de todos los años con mi madre; no me gusta usar pantalones cortos, y en el caso de tener que usarlos, que por lo menos me lleguen a las rodillas... Las poleras sin mangas tampoco me gustan, pero debo admitir que sí me gustan las manga corta. Los trajes de baño para mi no tienen sentido, reitero, YO NO SÉ NADAR; y alguna vez intenté aprender y no lo hice. Los pies descalzos se justifican con sandalias, aunque gran parte de las veces yo combino sandalias con calcetines. ¡Pero bajo ninguna circunstancia zapatillas sin calcetines! ¡NO ME GUSTAAAAA! Para mi es casi un atentado, y sólo cosas como la gente que se baja en el puente Padre Hurtado pueden ser peores. Motivo número 3. (Podría añadir que además no puedo usar el abrigo... Pero no quiero que piensen que soy un abrigo-fílico.)

Y el cuatro es el más obvio. Se llama calor. Calor que produce sudor, que te hace andar con la cara mojada, el cuello, con agua... Calor que se niega a rendirse aún siendo atacado con heladitos de cien pesos, o con cassatas, o con jugos, o con bebidas, o con agua. Calor que comienza a eso de las nueve de la mañana y se niega a irse hasta las una de la mañana, impidiéndome dormir y negándome el derecho de todo ser humano a tener una almohada relativamente fría. Y cuando despierto, hace tanto calor que no puedo seguir durmiendo, pero tampoco levantarme porque también hará mucho calor... Y se entra en un patético estado de intentar decidir cuál de las dos cosas es peor mientras uno se revuelca desesperadamente en la cama.

Cuatro motivos para odiar el calor... Pero sí, el verano también es una época para salir, para hacer lo que no se hace el resto del año, para ser más libre, para ver gente que no se ve el resto del año. (ejem... ¿Nata?) Nada podía ser absoluto, ¿no? Sería un claro desacato al no-absoluto del mundo el que el verano fuera solamente detestable.

Se nos viene el verano encima... Creo que debo buscar cosas para hacer. Al menos ya tengo un plan.

Justo cuando acabo de recordar otro motivo que este año encontré para amar el invierno.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

jueves, noviembre 11, 2004

Cómo llegué a ver a Morrissey. (Parte V y final -Al fin-)

Nos mantenemos expectantes mirando el escenario. Calla la música de fondo. Se apagan las luces. Una voz comienza a hablar. Gritamos. Está empezando... La espera se hace larga; la voz sigue hablando y Morrissey no sale. Tensión. Se levanta el telón. Salen sus músicos. Luego sale él.

Grito como nunca antes. También grita; también se emociona. Sale vestido de sacerdote. La pinta es genial. Comienza a cantar. El estadio se remece por completo. Mi corazón late y late, hasta dejo de pensar en lo que "hubiera sido". En una de esas excepciones de mi vida dejo de pensar en todo y sólo escucho, salto, bailo... Ni siquiera importa que no conozca la mayoría de las canciones. Es cosa de que empiecen a sonar para que mis oídos se enciendan, mi corazón lata más dulcemente. Es cosa de escucharlas como para sentirme llevado lejos, y sentirme bien... Lo sé, lo siento, y me gusta.

Morrissey canta "The first of the gang to die". La euforia es absoluta, el coro de voces que se eleva es genial. Me mira, le devuelvo la mirada; sonreímos, cantamos y bailamos más. La escena se repetirá mientras Moz esté allí. Me mirará, la miraré, y sin necesidad de decir palabra los ojos dirán "esto que está pasando es genial". Las canciones pasan y aunque pase el tiempo, no importa. Sólo Morrisey y los que estamos allí. Entre cada canción, agradece y habla. Es simpática esa actitud. De pronto suena "Every day is like sunday". Otra de esas canciones que he escuchado desde chico y que no tenía idea a quien pertenecían. Ese sentimiento de "descubrirlas" me gusta mucho. Coreo el estribillo como si la hubiera cantado toda la vida. Me sigo dejando llevar, como tomando una mano invisible que me lleva a envolverme en todo lo que está pasando y sin importar el peso que llevo siempre. "Irish blood, English heart", el comienzo del fin...

Otra canción para seguir desatándome literalmente. Sólo dos veces antes me he dejado llevar por la música de ese modo: La vez que fui a Blondie, y el concierto 2003 de Serrat. (En el de Eric Clapton salí volado la galería tenía olorcito a hierba hasta el último rincón, xD. Igual estuvo bueno.) Lo único que me detiene es que no se me caiga el celular. O devolverle la mirada. De pronto, siempre demasiado pronto, termina y se despide. Sus músicos se van también; en medio de los aplausos y los deseos de seguir con la fiesta. Vuelven para la última canción. Hay que aprovechar de disfrutarla. Sabe tan bien como las otras... El telón se baja. Morrissey se ha convertido en un gran instante, de esos que componen la vida.

Guau... Luego de los aplausos, poco a poco la gente se va. Extraño instante en mi vida, un gran instante. Caminamos hacia la orilla. Tomo su hombro y le agradezco mucho por acompañarme. También me agradece harto. Le doy un beso en la mejilla. Nos sentamos al borde de la cancha. Es obvio el tema a hablar. También lo ha encontrado genial, y es que cuesta encontrar otro calificativo. Hablamos sobre las canciones, sobre el haberlo visto... Estamos contentos, eso es genial. Es hora de irse y llamo a mi padre; viene en Providencia. Hay para rato, seguimos sentados allí, conversando en compañía del frío y de tan excitante momento reverberando en nuestras almas. De pronto, caemos en cuenta que tenemos hambre. Echamos de menos unos sanguchitos. Palta o queso; jamón, o dobladas. Hace hambre. Salimos. Se ha abrigado bastante, el frío golpea. Una carabinero come maní. Lo único que venden.

Mi padre no ha conseguido llegar al estadio. Está en las afueras de la Clínica de la UC. Carabineros no resulta de utilidad para encontrarla, nos mandan al lado opuesto. Sin embargo, conseguimos encontrarlo. Se deshace en excusas por no habérsela podido con las subidas. Le digo que no se preocupe, que sé que le cuesta (también le había contado sobre las dificultades de mi padre para la conducción, así que también lo sabe, xD), y además sirvió para que camináramos. Subimos; mi padre ha venido con una amiga. Raudamente bajamos desde las alturas. Nuestras sonrisas son grandes. Mi padre pregunta cómo estuvo. Muy bien, sin dudarlo. El conductor se ve obligado a ir a las casitas, así que terminamos en la bencinera ubicada en frente de mi ex-colegio. Bajamos. Le pregunto si quiere comer algo. Sí. ¿Qué quieres? Lo que tú quieras. ¿Te gustan las galletas? Sí. Compro Niza. Tengo sed, ¿qué quieres? Lo que quieras. ¿Jugo de durazno? Bueno. Sonríe. Volvemos al auto; vamos a su casa. Comemos galletas y bebemos jugo sin parar. Luego de largo trayecto, al fin llegamos a su casa. Me despedí contento, dándole las gracias de nuevo y esperando verla pronto. También estaba contenta y, una vez más, me dio las gracias y se fue. Llegué a casa a las 3AM. Tomé una taza de té y comí un pan. Luego a dormir... Un sueño muy reparador y dulce.


Al día siguiente me dijo que se había levantado sólo para verlo. Debí imaginarlo. Y al final, todos fuimos felices.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."

P.S.: Finalizan las transmisiones de esta teleserie barata que les he regalado... Gracias por ponerle atención, (hasta de Portugal... ¡Saludos al que la leyó desde la tierra de Pessoa!) y espero que sigan leyendo las cosas que pongo aquí. Una sonrisa, de esas que produzco poco, para todos... ¡Y hasta la próxima!

lunes, noviembre 08, 2004

Cómo llegué a ver a Morrissey (Parte IV)

Tomo una 630 para llegar al Metro. Pésima decisión; para a cada rato, y más encima se llena. Horrible. Pateo el suelo del bus hasta que llegamos a Mapocho. Corro hacia Cal y Canto. Llego al andén. Tomo el celular. ¿Estás en Santa Lucía? Sí. Yo estoy en Cal y Canto, voy para allá. Bueno, apúrate. En diez minutos estoy allí. He apostado conmigo mismo: 90% de probabilidades de que vaya de negro. 10% que vaya de negro con algo que no sea negro. Llego a Santa Lucía y subo corriendo. No está.

Muevo la cabeza. Miro hacia un rincón. Allí está. 10%; va de negro, pero con algo no negro. Me gusta mucho como se ve. Saludo. Beso en la mejilla, obvio. ¿Vamos? Vamos. Llegamos a Santa Rosa con Alameda, conversando. La 327 aparece. ¡Esa nos sirve! Corremos hacia la micro; sube bastante gente. Paga escolar; yo no. Subimos. Al menos el 80% de la micro va a ver a Morrissey. Es obvio. La micro avanza por la Alameda y seguímos conversando; hace mucho tiempo que no nos habíamos visto. Un sujeto me pide que le avise en el estadio. Le digo que bueno, pero estoy seguro que se dará cuenta por si mismo. Sorprendente; la micro avanza rauda por Providencia. No nos demoramos en llegar a Escuela Militar. Hordas corren hacia la micro; es obvio para donde van. Le digo que mire hacia afuera, que aquel espectáculo es igual a lo que sucede afuera del Instituto a eso de las 8:05. Se ríe. La micro se llena absolutamente. En el Apumanque, unos cuicos intentan subir. El chofer no les abre. Los de atrás, que han venido leseando al chofer, se ponen a cantar. Chofeeer, chofeeer, chofere' hay por montones. Pero la mala cuea, nos tocó el más hueón... Nos matamos de la risa. La micro empieza a subir cerros. Cada vez falta menos.

Se detiene. Estamos a metros de la entrada. Hora de bajar. Le ofrezco la mano a la bajada. Me da las gracias. Saca un cigarro, hace rato que quería fumar. Yo no fumo. Caminamos hacia la entrada. Es al otro extremo del estadio. Le paso una de las entradas. Carabineros nos revisa. Uno me saca la billetera y encuentra un ajo. Me pregunta qué hace allí eso. Le digo que es un regalo que ciertos familiares extraños me hacen cada año. Me deja pasar. Espero; se demora más que yo. Le han revisado el bolso entero. Intenta ir al baño a tomar agua; la cola es larga. Decide comprar una mineral. Sale luca. Ni que fuera de oro. La compra.

Entramos. Nos sentamos en el suelo. Perdón; se sienta en el suelo, y me invita a sentarme. Quiero un café, pero el precio y el tamaño me hacen desistir. Hablamos un rato; el paisaje es genial. El sol sigue en lo alto, pero hace algo de frío. No hay tanta gente. Nos levantamos cuando toca Mars Volta. Ahí no más. El vocalista hace un exagerado show lanzando para todos lados el micrófono y la guitarra. En un momento casi se saca la cresta. Llevan sendos peinados afro tipo años 70. Yo decidí no andar con el brocolí de Profesor Salomón y usé gel. Se van. Al menos el tecladista era bueno. Al día siguiente me entero que se han burlado de Morrissey. Criminales.

Me dice que PJ Harvey es mejor. Ojalá. Ya hay bastante más gente, y nosotros tratamos de acomodarnos. Estamos casi en frente de la pantalla derecha. Conversamos y bebemos del agua
de exorbitante precio. Algunos cabros cuicos quieren que vuelva Mars Volta. No. Anochece sobre el estadio. Prueban la pantalla. Sale PJ Harvey. Una mina vestida con ropas de milico. No está mal. No necesito preguntarle para saber que también le gustaría vestirse así. Empezamos a saltar y a bailar. Desde atrás y desde el lado empiezan a empujar, y casi nos aplastan. Alcanzo su hombro con mi mano para que se mantenga en pie. Los cuicos son imbéciles; no les basta con empujar, sino que además se les ocurre cambiarse de lugar y buscar gente en medio del show de PJ, además están unos cuantos curados. Una mina casi se desmaya detrás nuestro. Nos miramos e intentamos cambiarnos de lugar. PJ es buena, me gusta. También le gusta. Los empujones siguen para todas lados y pareciera que vamos a terminar en el suelo. Me esfuerzo en que no se caiga y en yo tampoco caer. Terrible. Logramos afirmarnos, pero quedamos apretados. Termina PJ. Gran aplauso. Tratamos de buscar un lugar donde podamos ver. Tomo su mano para no perdernos; los dos somos pequeños. Hallamos un lugar. Detrás del escenario aparece otro telón lleno de brillos. Ahora todos esperamos a Morrissey.


Mañana termino.

Nos vemos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.

"Como la flor que se niega a marchitar."

P.S.: ¡Ayuden a la campaña en pro de juguetes para los niños de Palestina!

domingo, noviembre 07, 2004

Cómo llegué a ver a Morrissey (Parte III)

Un día para el día. Le envío un mensaje al celu en clases. No pasa nada. Me meto al MSN al llegar a casa. Aparece. ¿Te llegó el mensaje? No, ¿que decía? Era más que nada por lo de mañana. Agrégame a mi nueva cuenta. Espero... Ya no quedan días; ya son horas.

¿A qué hora es? Si me dejas en el centro puedo ir. Corro a buscar el diario donde he leído la hora del recital. No está. Busco en la página web del SUE. La cosa empieza a las 6 de la tarde. El señor Morrissey a las 22:10. Le digo. Si nos vamos hacia el centro, puedo. No me importa venirme apenas termine Morrissey. Yo debo irme hasta el centro, te puedo dejar en la Alameda. Momentos de consulta. Permiso concedido. Sonrío. Ahora soy yo quien debo consultar. Antes me pregunta si tengo las entradas. Tengo las dos; a cancha. Genialísimo, dice. Bajo a consultar con mi madre. Está leyendo un libro. Le solicito toda su atención. Le pregunto si puedo ir, y me encargo de explicarle con quien. Luego de refrescarle la memoria con respecto a quien estoy hablando, me dice que no hay problema.

Subo. Mi madre dio su beneplácito, escribo en la ventanita del PC. Ahora los detalles. Le pregunto a qué hora. 17:15 en el Metro... Pero nos conviene en la U. de Chile, si por allí pasan las micros. Ipso facto recuerdo que detesto juntarme con gente allí, y añado Santa Lucía a las alternativas. Elige Santa Lucía. Genial. Me alegro más aún. Le doy mi teléfono y mi celu. Me refresca la memoria sobre sus números. Me doy cuenta que había anotado mal anteriormente el número de su celular. Sin comentarios.

Le digo que no ha sido mi día. Derechamente no lo ha sido; si no hubiése sido por la ironía, habría sido un día horrible. Le hablo sobre el episodio más raro del día, donde me tocó ayudar a un israelí a tratar de llamar por teléfono a Jerusalén. Al menos aquello sirvió para saber que mi inglés no es tan malo. Preferí omitir que luego de eso tuve que ir a la SUBTEL, y me dieron el número 71 cuando iban en el 21. Peor, la situación era casi de tortura, ya que tenían puesto el canal de cocina. A quien cresta se le ocurre poner ese canal a gente que espera para hacer un reclamo a las 2 y media de la tarde. Aprovecho de avanzar en la lectura de dos libros y escribir una carta que no enviaré. Cuando ya no escribo ni leo, en la TV están mostrando pastas. Maldita sea. Gracias al cielo mi abuela paterna me esperaba con un gran plato de tallarines, que devoré en menos de 5 minutos. Son los tallarines más sabrosos que he comido en mi vida.

Vuelvo al día antes del día. Le pregunto por él. Parece que las cosas han andado mejor. Me dice que tratará de subirme el ánimo mañana. Le digo que ya me lo subió. Le agradezco. Me agradece a mi también por la consideración hacia su persona. Luego caemos en cuenta que también debemos agradecer a nuestras respectivas madres. Seguimos hablando. Odio Biología, le digo que haré una quema pública de mis cuadernos y guías en Cuarto. Se ríe. Pregunta si habrán micros a la salida. Le digo que sí. Por último nos venimos a pie. El castigo sería implacable para ambos. Momento de ingenio, le digo que si aquello sucede mis padres no me dejarían salir ni para ir a dejar plata para la Teletón. Se ríe. Ha de irse. Nos vemos mañanita. Nos vemos pues. Cuidese mucho. Llamo a mi padre. Le cuento con quien iré. Dice que me irá a buscar al centro. No es discutible.

El día llega. Salgo a clases; tarde. Soy recibido con un sonoro "perra" desde el fondo de la sala; emitido por quien se quedó sin recursos para ir a ver a Morrissey por ir a la Open Blondie. Me rio. Hablo con algunos individuos. Filosofía es un "hacer nada". Encuentro una de mis pruebas, pero decido no chequear. No estoy para nada con la mente en lo que allí sucede. Historia es peor; la conclusión sacada por Acevedo el miércoles se hace más valedera. Artemio ya no es imbecil, es cretino. Por primera vez en el año, duermo realmente en clases. Duermo, leo dos páginas de Werther, y sigo durmiendo. Llega el recreo y despierto. Salgo a comprar algo de glucosa que me haga despertar. Matemáticas y Castellano pasan. Fin de clases. Me despido; el Renato se cansa de desearme buena suerte en el SUE. Salgo y voy al banco. Arafat está muerto, o casi. No puedo creerlo. Bajo hacia Bandera. ¿Subirá o no? No. Llego a Conchalí. Recibo una llamada a pocos minutos de depositar mi humanidad en el hogar. Mi padre llega en menos minutos aún. Me baño y me visto mientras él ve una película. Me produzco para la ocasión: Pantalón negro con rayas rojas, camisa azul eléctrico, zapatillas y terno. No me veo mal. Me voy. Le dejo las llaves; me ha explicado minutos antes que consiguió un auto para irnos a buscar. Que bien. Que te vaya bien, dice. Gracias por todo. De nada. Salgo a tomar micro. Tarde, como siempre.


Cuarta parte... Mañana.

Saludos.

S.E., Mrcl. Eduardo Peñailillo B.
"Como la flor que se niega a marchitar."